sábado, 21 de febrero de 2026

La puerta de Acre de la Catedral Vieja de Salamanca

La puerta de Acre de la Catedral Vieja de Salamanca se encuentra situada en el frente oriental del brazo meridional del crucero, a la derecha de un bello sepulcro del que se dice que pudiera ser el de la dama Elena de Castro (1272). Es una puerta sin decoración alguna, por lo tanto, no llama para nada la atención salvo por su nombre. Abandonando la seo a través de ella durante los siglos XII y XIII te situabas en el barrio donde estaba el azogue, el zoco, es decir, el mercado. 


Frente a la susodicha puerta se conservan unas pinturas medievales, entre ellas una de san Cristóbal, el patrón de los viajeros, el que además te garantizaba un día más de vida a cambio de hacerle una visita. Bien se pensó la ubicación del gigante barbudo, ya que Cristobalón era un verdadero cebo para los creyentes, que, al tiempo que asomaban la cabeza para echar un vistazo a la enorme figura, no dudarían en dejar una moneda en el cepillo para reforzar así el poder taumatúrgico del santo.


La puerta de Acre de la Catedral Vieja vista desde el Patio Chico.


Pintura de san Cristóbal en el brazo sur del crucero de la Catedral Vieja. Mirad cómo transporta a los viajeros en su cinturón como si fueran unos muñecos de Playmobil. 

Algunos llaman a esta puerta “del Acre”, añadiéndole el artículo contraído con la preposición, y creo que es porque piensan que “Acre” comparte etimología con “agro”, pero el caso es que esa puerta no daba al campo, sino, como ya he dicho, al mercado de la ciudad. Además, el vocablo latino ager, agris se refería a un campo de labor, es decir, a un terreno agrícola, no a una campa o solar. Otros quizá están pensando en el azul de ultramar o de Acre, ese pigmento mineral natural más costoso que el oro y que se obtenía pulverizando rocas de lapislázuli. Esta preciada mercancía, que llegaba de Medio Oriente a la Europa medieval a través del próspero puerto comercial de la ciudad de Acre, se utilizó para pintar los preciosos cielos y mantos azules que aparecen en algunas de las obras más importantes del arte del Medievo y el Renacimiento. Me puedo imaginar a un mercader llegado a Salamanca desde lejanas tierras entrando por esa puerta para vender su azul de Acre a algún pintor que trabajaba en la catedral, pero no creo que eso pueda justificar el nombre que es objeto de nuestra pesquisa.


Joaquín expulsado del Templo, obra del artista italiano Giotto. Es posible que ese cielo se pintara con azul de Acre.

También he oído decir que la puerta se llama del Acre con motivo de la deturpación de su denominación original, que no era otra que la de puerta del Lacre. Cierto es que junto a ella se apostaban escribanos que daban fe de documentos y escrituras frente a sus analfabetos clientes, pero desconozco si la palabra lacre era empleada en el romance medieval. Además, yo creo que por entonces no se lacraba tanto como se adjuntaba al documento un sello colgante de cera o plomo. Doctores tiene la Iglesia, no obstante...


Lo que yo pienso, y vaya por delante que no estoy autorizado en absoluto a pensar sobre estas cosas, es que esta puerta, que está precisamente orientada a Oriente, se llama de Acre por la ciudad que sería capital del reino de Jerusalén desde que el rey Ricardo I de Inglaterra, de la dinastía Plantagenet, la conquistara en el año 1191. También tomaría el Corazón de León la plaza fortificada de Jaffa, pero la Ciudad Santa de Jerusalén, que estuvo en poder de los cruzados desde julio de 1099 hasta agosto de 1187, jamás pudo ser recuperada para la cristiandad. Debo añadir que resulta que todos estos episodios de la Tercera Cruzada acaecieron en tiempos en los que la Catedral Vieja de Salamanca estaba en plena construcción, respecto de la cual los historiadores del arte dicen cosas tales como esta:

“Mientras que las primeras bóvedas proyectadas para la nave central fueron de cañón o de aristas, durante esta segunda etapa se alzaron nuevas cubiertas al estilo Plantagenet, como las que se ensayaron en Saint-Maurice de Angers (ca. 1160), pórtico sur del transepto de la catedral de Le Mans (post. 1158) y tramos occidentales de la catedral de Poitiers (ca. 1170-1190), y que en Salamanca podemos datar en torno a la década del 1190-1200”.

El caso es que en este párrafo se habla de estilo Plantagenet, de templos que sirvieron como modelo localizados en las ciudades de Angers, Le Mans y Poitiers, las tres bajo dominio de los Plantagenet, pero nunca se relaciona a Berenguela de León y de Castilla, una Plantagenet por parte de madre, con las obras de la Catedral Vieja. Tal cosa resulta ciertamente extraña, ya que Berenguela fue tenente de Salamanca y reina consorte de León entre 1198 y 1204, justo cuando los expertos dicen que se construyeron esas bóvedas de estilo Plantagenet o Angevino. Por cierto, debo recordaros que la reina Berenguela era sobrina carnal del conquistador de Acre, quien, por cierto, murió en marzo de 1199 a los cuarenta y un años a causa de la herida sufrida mientras supervisaba el asedio al castillo de Châlus-Chabrol. El caso es que el siempre imprudente y jactancioso Ricardo Corazón de León, que ese día no tuvo a bien ni protegerse mínimamente con la loriga y el almófar, se acercó demasiado a los muros de la fortaleza. Un ballestero aprovechó que la ocasión la pintan calva y lanzó una virota que se hincó en el hombro izquierdo del Plantagenet; la herida se infectó y gangrenó, así que el rey de Inglaterra, duque de Normandía, conde de Poitiers, duque de Aquitania y conde de Anjou murió a los pocos días en brazos de su madre, la también afamada Leonor de Aquitania.


El rey Alfonso IX de León y su esposa Berenguela de Castilla, que fue tenente de Salamanca y reina consorte de León entre 1198 y 1204 y reina madre correinante en Castilla desde 1217 y en León desde 1230. Ilustración de José Luis García Morán para la exposición permanente ALBA MEDIEVAL, UNA HISTORIA DE LEONES Y CASTILLOS. 


Combate imaginario entre Ricardo I de Inglaterra y su gran enemigo en Tierra Santa, el sultán Saladino.


Sepulcro de Ricardo Corazón de León en la abadía de Fontevraud, fundada por su madre, la que fuera primero reina de Francia y luego de Inglaterra, la incomparable Leonor de Aquitania. Una hermana de Ricardo I de Inglaterra, Leonor Plantagenet, fue reina consorte de Castilla entre 1170 y 1214. A su vez, esta última fue la madre de Berenguela de León y de Castilla, que además fue tenente de la ciudad de Salamanca entre 1198 y 1204.

La octogenaria matriarca de los Plantagenet visitó la corte de Burgos al año siguiente de la muerte de su querido hijo Ricardo. Suponemos que informó con detalle a su hija Leonor, la monarca consorte de Castilla, al respecto de la muerte de su hermano. Lo que no sabemos es si la reina Berenguela se desplazó hasta la corte castellana para conocer a su abuela, si esta fue a conocerla al reino de León o si abuela y nieta nunca llegaron a encontrarse. En todo caso, dicho lo dicho y teniendo en cuenta el principio metodológico y filosófico de la Navaja de Ockham, me planteo si resulta tan descabellado pensar que una puerta de la Catedral Vieja de Salamanca recibiera el nombre de Acre en honor de la conquista de dicha ciudad por parte de Ricardo Corazón de León. ¿Podríamos estar ante el homenaje de una sobrina hacia su heroico tío y paladín de la cristiandad? ¿Acaso conocería Leonor de Aquitania las obras de la catedral de Salamanca en 1200 de la mano de su nieta Berenguela? Preguntas, siempre preguntas, y siempre pocas respuestas, qué desalentador resulta saber tan poca cosa de una época tan apasionante.


Unción del rey Ricardo I de Inglaterra en la Abadía de Westminster el 3 de septiembre de 1189.

Lo cierto, y no querría chafaros ahora una buena historia, es que no tengo ni idea al respecto de cuando se empezó a emplear el nombre de puerta de Acre, así que, si alguien lo sabe, que lo diga y lo mismo hay que plegar velas con este asunto. Lo que sí se sabe es que en el año 1291 caballeros Hospitalarios y Templarios lucharon codo con codo para conservar en su poder la ciudad que había sido renombrada por los cristianos como San Juan de Acre. La obstinada defensa fue en vano, había llegado el final definitivo de las Cruzadas en Tierra Santa, aunque en Salamanca, en su Catedral Vieja, siempre nos quedará la puerta de Acre, que nos evocará, con razón o no, las hazañas de esos caballeros que en tierras salmantinas también tuvieron su protagonismo: los Hospitalarios con sus encomiendas en Paradinas de San Juan y en el valle del Guareña y los Templarios con las suyas en la Sierra de Francia, el Abadengo y Ciudad Rodrigo.


Ermita templaria en Sepúlveda de Yeltes (Salamanca). 



La preciosa Epifanía que decora el sepulcro situado a la izquierda de la puerta de Acre nos obliga a mirar hacia Oriente, hacia la Tierra Santa cuya capital durante muchos años fue San Juan de Acre, ya que Jerusalén cayó en poder de Saladino en 1187.


Miguel Ángel Martín Mas

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