Un hilo invisible y eterno entrelaza la piedra arenisca de una de las iglesias románicas de Salamanca con la piedra kurkar con la que se construyeron las murallas de Acre. Se trata de dos ciudades muy distantes, pero unidas para siempre por el eco de una devoción nacida en plena Edad Media. Y es que fue en Acre donde un rey de Inglaterra, Ricardo Corazón de León, apoyó la fundación de la Orden Hospitalaria de Santo Tomás de Canterbury. Por otro lado, pocos años después, su sobrina, la reina Berenguela, introduciría en el reino de León el culto a este santo inglés, siendo probablemente ella también la promotora de la construcción de una iglesia en Salamanca bajo la advocación del Cantuariense. De casta le venía al galgo, porque antes que Berenguela, su madre, la reina Leonor Plantagenet, hermana del susodicho monarca inglés, ya había sido una ferviente impulsora de la memoria del arzobispo Tomás Becket en el reino de Castilla.
Sello del Hospital que la Orden de Santo Tomás de Canterbury tuvo en Londres. Se trata de una pieza de mediados o de la segunda mitad del siglo XIII, aunque las impresiones que se conservan proceden de documentos de los siglos XV y XVI.
De esto último ya hemos hablado en otras ocasiones, así que hoy nos centraremos en contar la historia de la Orden Hospitalaria de Santo Tomás de Canterbury, mucho menos conocida que la Hospitalaria de San Juan o la Templaria, siendo los miembros de las tres camaradas de armas que terminarían luchando codo con codo en la defensa de Acre en 1291. Una centuria antes, durante la Tercera Cruzada, eran los cristianos los que ponían cerco a Acre, operación militar durante la cual perdió la vida el clérigo guerrero y arzobispo de Canterbury Balduino de Forde. Tras la caída de la gran urbe amurallada el 12 de julio de 1191, un miembro del contingente inglés de nombre Guillermo, capellán de Ralph de Diceto, deán de la catedral de San Pablo de Londres, decidió cumplir un voto que había hecho durante la peligrosa travesía en barco hasta Tierra Santa: si conseguía arribar sano y salvo, levantaría en la tierra donde predicó Jesús una capilla dedicada a santo Thomas Becket, el célebre arzobispo de Canterbury que había sido asesinado en 1170 y canonizado en 1173. Fue así como nació una comunidad religiosa que acabaría convirtiéndose en la Orden Hospitalaria de Santo Tomás de Canterbury en Acre. Todo esto con la aquiescencia y el apoyo incondicional del rey inglés Ricardo I, no en vano el santo de Canterbury, que había sido gran amigo de su padre, era el protector de su dinastía, la Angevina, la de los Plantagenet.
Mercaderes arribando a Acre en la Cantiga de Santa María CLXXII.
El arzopbispo de Canterbury Balduino de Forde Corpus representado en una copia de su obra De sacramento altaris que se conserva en el Christi College, Cambridge, Parker Library, MS 200.
En su nacimiento la Orden de Santo Tomás no podía compararse a las ya poderosas órdenes de los Sanjuanistas y los Templarios; simplemente, a finales del siglo XII, de la manera más humilde, unos devotos ingleses del arzobispo martirizado en su lejana tierra erigieron en Acre una capilla y crearon un cementerio. Sus miembros, en los inicios, seguían la Regla de San Agustín y se ocupaban de los pobres, los enfermos y los heridos en combate, además de proporcionar cristiana sepultura a los cruzados caídos en la lucha contra el caudillo musulmán Saladino y recaudar dinero para rescatar a los cristianos cautivos.
Con el tiempo, los Hermanos de Santo Tomás adquirieron una creciente importancia en el importante enclave comercial de Acre. De hecho, pudieron permitirse comenzar a construir una iglesia y un hospital dedicados a su patrón, ambas edificaciones situadas cerca de la Puerta de San Nicolás, y cuya propiedad aparece consignada en un documento de 1192, siendo este el primer registro de su presencia en Tierra Santa.
Esta imagen del arzobispo de Canterbury es lo que queda de unas pinturas medievales que había en la iglesia de Santo Tomás Cantuariense en Salamanca.
Algo decisivo para la Orden ocurrió hacia 1228, cuando el obispo de Winchester, Pedro de Roches, muy vinculado al culto a Becket, promovió la militarización de los Hermanos de Santo Tomás, hasta entonces dedicados solamente a practicar la caridad cristiana. Unos años después, en 1236, el papa Gregorio IX confirmó dicha medida y ordenó a los Santotomistas adoptar la regla de otra de las grandes órdenes religiosas y militares, la de los Caballeros Teutónicos, y que combinaran las funciones militares y las hospitalarias. Reinaba por entonces en Inglaterra Enrique III, primo carnal de nuestra reina Berenguela de Castilla y de León, un monarca muy devoto de santo Tomás de Canterbury. De hecho, la investigación sobre el culto de Becket en el mundo Plantagenet señala varias donaciones de Enrique III realizadas “in honour of Becket”, documentadas en los Liberate Rolls y Close Rolls de las décadas de 1220-1240.
Caballeros de Santo Tomás en Tierra Santa en fecha posterior a 1236, año de su militarización por orden del papa Gregorio IX.
Así las cosas, los Hermanos de Santo Tomás terminaron convirtiéndose en una orden de caballería más de las empeñadas en la defensa de los territorios cristianos de Oriente. No obstante, nunca alcanzaron la riqueza ni el poder de Templarios, Hospitalarios y Teutónicos. Como característica absolutamente diferenciadora fue su marcada idiosincrasia inglesa. De hecho, buena parte de sus recursos y propiedades se encontraba en Inglaterra, donde la Orden consiguió establecer varias casas. La más importante fue el hospital construido en Londres, fundado durante la década de 1220, precisamente en el lugar donde, según la tradición, había nacido Tomás Becket, en el barrio de Cheapside.
City of London Common Seal, reverso con santo Tomás Becket, c. 1219–1220. Pieza conservada y documentada por el London Museum. La inscripción dice: ME QUE TE PEPERI NE CESSES THOMA TUERI, que significa: «No ceses, Tomás, de protegerme, a mí que te di a luz».
Aunque la Orden fue extendiéndose por Inglaterra y otros territorios de las islas británicas, Acre continuó siendo su principal centro espiritual e histórico. De hecho, todavía en el siglo XIII encontramos documentos que hablan del “pobre hospital y la iglesia de Acre” dedicados a santo Tomás. En 1279, por ejemplo, sus miembros se quejaban de la enorme pobreza que padecían y de que la iglesia llevaba muchísimo tiempo en construcción sin haber podido terminarse. Esto nos da una imagen bastante distinta de la que podríamos imaginar al pensar en una orden de caballería: eran caballeros, sí, pero pertenecían a una institución pequeña, con pocos recursos y muy dependiente de las donaciones.
Puerta de Acre en la Catedral Vieja de Salamanca. No sabemos por qué se llama así, pero el caso es que está orientada al Este y este templo fue construido en tiempos de la reina Berenguela, sobrina carnal de Ricardo I de Inglaterra, el conquistador de Acre.
Afortunadamente, se sabe bastante al respecto del emblema distintivo empleado por los los Hermanos de Santo Tomás de Acre. Parece ser que hasta el año 1236 empleaban una cruz roja suficientemente parecida a la de los Templarios como para provocar una protesta ante el papa por parte de estos. El registro de la cancillería pontificia conserva una entrada correspondiente al 6 de marzo de 1236, dirigida al “magister et fratres hospitalis Sancti Thomae martyris Acconensis”. La descripción del registro dice literalmente que existía un problema por la “uniformitate signi et habitus” entre los hermanos de Santo Tomás y los Templarios, ya que los primeros utilizaban “ipsis gestantibus crucem rubeam sicut illi” (ellos llevaban una cruz roja, como aquellos [los templarios]). El pontífice resolvió la cuestión recomendando a los Santotomistas “mutandi signum crucis ac faciendi illud ex albo et rubeo bipertitum”, es decir, cambiar el signo de la cruz y hacerla bipartita, de blanco y rojo. Además, ordenó “removendi exinde protractionem baculi”. El registro describe ese elemento como un “signum baculi pastoralis” (un báculo de arzobispo), un signo que se prolongaba desde la cruz y que, según el documento, resultaba poco atractivo para los caballeros que querían ingresar en la Orden.
Tras la Tercera Cruzada, cuando se creó la Orden Hospitalaria de Santo Tomás de Canterbury, vinieron tres más sin que los cruzados pudieran recuperar Jerusalén, de hecho, Acre tuvo que ser durante cien años el centro político y militar del reino jerosolimitano. El momento más amargo para los cristianos en Oriente llegó el 12 de mayo de 1291, cuando los mamelucos de al-Ashraf Jalil lanzaron el ataque definitivo contra Acre. La ciudad cayó después de una feroz resistencia. Según las crónicas citadas en el texto, el maestre de los Hermanos de Santo Tomás y nueve de sus caballeros murieron combatiendo junto a Templarios, Hospitalarios y otros defensores cruzados. Fueron, por tanto, algunos de los últimos cristianos que defendieron Acre.
El maestre de la Orden Hospitalaria de San Juan defendiendo las murallas de Acre en 1291. Pintura de Dominique Papety. Colecciones de Versalles.
Con la pérdida de Acre, la Orden tuvo que abandonar Tierra Santa y trasladar su centro a la isla de Chipre. Todavía en el siglo XIV encontramos allí documentos que hablan de un “preceptor general” de los Caballeros de Santo Tomás y de su actividad para recaudar fondos destinados a la defensa de Tierra Santa. Con el paso del tiempo surgió una cierta tensión entre los miembros de la Orden que permanecían vinculados al mundo militar oriental y los que estaban en Inglaterra, mucho más interesados en las labores religiosas y caritativas. Finalmente, estos últimos se impusieron y, a finales del siglo XIV, la Orden abandonó prácticamente su carácter militar. Regresó a una actividad fundamentalmente hospitalaria, religiosa y caritativa, siguiendo de nuevo la regla de san Agustín.
En Londres llegó incluso a encargarse de una escuela de gramática, lo que muestra hasta qué punto había evolucionado desde sus orígenes como comunidad vinculada a la guerra en Tierra Santa.
Finalmente, después de más de tres siglos de existencia, la Orden desapareció en 1538, cuando Enrique VIII ordenó su disolución durante la Reforma inglesa. Sus bienes fueron confiscados por la Corona y posteriormente adquiridos por la Mercers' Company de Londres, una agrupación de comerciantes especializados originalmente en tejidos finos, sedas, terciopelos, bordados, artículos de lujo y otros productos textiles.
Casi al mismo tiempo la iglesia románica de Santo Tomás Cantuariense en Salamanca sufría la transformación de su cabecera, naves, cubiertas y elementos decorativos, aunque, afortunadamente todo eso no logró borrar del todo los maravillosos elementos medievales que todavía se pueden admirar en ella tanto en su exterior como en su interior.
Canecillo de la iglesia de Santo Tomás Cantuariense en Salamanca.
Capitel en la iglesia de Santo Tomás de Canterbury de Salamanca en el que un guerrero cristiano con el equipamiento típico de un normando se enfrenta a un guerrero musulmán.
Miguel Ángel Martín Mas































































.jpg)