sábado, 21 de febrero de 2026

La puerta de Acre de la Catedral Vieja de Salamanca

La puerta de Acre de la Catedral Vieja de Salamanca se encuentra situada en el frente oriental del brazo meridional del crucero, a la derecha de un bello sepulcro del que se dice que pudiera ser el de la dama Elena de Castro (1272). Es una puerta sin decoración alguna, por lo tanto, no llama para nada la atención salvo por su nombre. Abandonando la seo a través de ella durante los siglos XII y XIII te situabas en el barrio donde estaba el azogue, el zoco, es decir, el mercado. 


Frente a la susodicha puerta se conservan unas pinturas medievales, entre ellas una de san Cristóbal, el patrón de los viajeros, el que además te garantizaba un día más de vida a cambio de hacerle una visita. Bien se pensó la ubicación del gigante barbudo, ya que Cristobalón era un verdadero cebo para los creyentes, que, al tiempo que asomaban la cabeza para echar un vistazo a la enorme figura, no dudarían en dejar una moneda en el cepillo para reforzar así el poder taumatúrgico del santo.


La puerta de Acre de la Catedral Vieja vista desde el Patio Chico.


Pintura de san Cristóbal en el brazo sur del crucero de la Catedral Vieja. Mirad cómo transporta a los viajeros en su cinturón como si fueran unos muñecos de Playmobil. 

Algunos llaman a esta puerta “del Acre”, añadiéndole el artículo contraído con la preposición, y creo que es porque piensan que “Acre” comparte etimología con “agro”, pero el caso es que esa puerta no daba al campo, sino, como ya he dicho, al mercado de la ciudad. Además, el vocablo latino ager, agris se refería a un campo de labor, es decir, a un terreno agrícola, no a una campa o solar. Otros quizá están pensando en el azul de ultramar o de Acre, ese pigmento mineral natural más costoso que el oro y que se obtenía pulverizando rocas de lapislázuli. Esta preciada mercancía, que llegaba de Medio Oriente a la Europa medieval a través del próspero puerto comercial de la ciudad de Acre, se utilizó para pintar los preciosos cielos y mantos azules que aparecen en algunas de las obras más importantes del arte del Medievo y el Renacimiento. Me puedo imaginar a un mercader llegado a Salamanca desde lejanas tierras entrando por esa puerta para vender su azul de Acre a algún pintor que trabajaba en la catedral, pero no creo que eso pueda justificar el nombre que es objeto de nuestra pesquisa.


Joaquín expulsado del Templo, obra del artista italiano Giotto. Es posible que ese cielo se pintara con azul de Acre.

También he oído decir que la puerta se llama del Acre con motivo de la deturpación de su denominación original, que no era otra que la de puerta del Lacre. Cierto es que junto a ella se apostaban escribanos que daban fe de documentos y escrituras frente a sus analfabetos clientes, pero desconozco si la palabra lacre era empleada en el romance medieval. Además, yo creo que por entonces no se lacraba tanto como se adjuntaba al documento un sello colgante de cera o plomo. Doctores tiene la Iglesia, no obstante...


Lo que yo pienso, y vaya por delante que no estoy autorizado en absoluto a pensar sobre estas cosas, es que esta puerta, que está precisamente orientada a Oriente, se llama de Acre por la ciudad que sería capital del reino de Jerusalén desde que el rey Ricardo I de Inglaterra, de la dinastía Plantagenet, la conquistara en el año 1191. También tomaría el Corazón de León la plaza fortificada de Jaffa, pero la Ciudad Santa de Jerusalén, que estuvo en poder de los cruzados desde julio de 1099 hasta agosto de 1187, jamás pudo ser recuperada para la cristiandad. Debo añadir que resulta que todos estos episodios de la Tercera Cruzada acaecieron en tiempos en los que la Catedral Vieja de Salamanca estaba en plena construcción, respecto de la cual los historiadores del arte dicen cosas tales como esta:

“Mientras que las primeras bóvedas proyectadas para la nave central fueron de cañón o de aristas, durante esta segunda etapa se alzaron nuevas cubiertas al estilo Plantagenet, como las que se ensayaron en Saint-Maurice de Angers (ca. 1160), pórtico sur del transepto de la catedral de Le Mans (post. 1158) y tramos occidentales de la catedral de Poitiers (ca. 1170-1190), y que en Salamanca podemos datar en torno a la década del 1190-1200”.

El caso es que en este párrafo se habla de estilo Plantagenet, de templos que sirvieron como modelo localizados en las ciudades de Angers, Le Mans y Poitiers, las tres bajo dominio de los Plantagenet, pero nunca se relaciona a Berenguela de León y de Castilla, una Plantagenet por parte de madre, con las obras de la Catedral Vieja. Tal cosa resulta ciertamente extraña, ya que Berenguela fue tenente de Salamanca y reina consorte de León entre 1198 y 1204, justo cuando los expertos dicen que se construyeron esas bóvedas de estilo Plantagenet o Angevino. Por cierto, debo recordaros que la reina Berenguela era sobrina carnal del conquistador de Acre, quien, por cierto, murió en marzo de 1199 a los cuarenta y un años a causa de la herida sufrida mientras supervisaba el asedio al castillo de Châlus-Chabrol. El caso es que el siempre imprudente y jactancioso Ricardo Corazón de León, que ese día no tuvo a bien ni protegerse mínimamente con la loriga y el almófar, se acercó demasiado a los muros de la fortaleza. Un ballestero aprovechó que la ocasión la pintan calva y lanzó una virota que se hincó en el hombro izquierdo del Plantagenet; la herida se infectó y gangrenó, así que el rey de Inglaterra, duque de Normandía, conde de Poitiers, duque de Aquitania y conde de Anjou murió a los pocos días en brazos de su madre, la también afamada Leonor de Aquitania.


El rey Alfonso IX de León y su esposa Berenguela de Castilla, que fue tenente de Salamanca y reina consorte de León entre 1198 y 1204 y reina madre correinante en Castilla desde 1217 y en León desde 1230. Ilustración de José Luis García Morán para la exposición permanente ALBA MEDIEVAL, UNA HISTORIA DE LEONES Y CASTILLOS. 


Combate imaginario entre Ricardo I de Inglaterra y su gran enemigo en Tierra Santa, el sultán Saladino.


Sepulcro de Ricardo Corazón de León en la abadía de Fontevraud, fundada por su madre, la que fuera primero reina de Francia y luego de Inglaterra, la incomparable Leonor de Aquitania. Una hermana de Ricardo I de Inglaterra, Leonor Plantagenet, fue reina consorte de Castilla entre 1170 y 1214. A su vez, esta última fue la madre de Berenguela de León y de Castilla, que además fue tenente de la ciudad de Salamanca entre 1198 y 1204.

La octogenaria matriarca de los Plantagenet visitó la corte de Burgos al año siguiente de la muerte de su querido hijo Ricardo. Suponemos que informó con detalle a su hija Leonor, la monarca consorte de Castilla, al respecto de la muerte de su hermano. Lo que no sabemos es si la reina Berenguela se desplazó hasta la corte castellana para conocer a su abuela, si esta fue a conocerla al reino de León o si abuela y nieta nunca llegaron a encontrarse. En todo caso, dicho lo dicho y teniendo en cuenta el principio metodológico y filosófico de la Navaja de Ockham, me planteo si resulta tan descabellado pensar que una puerta de la Catedral Vieja de Salamanca recibiera el nombre de Acre en honor de la conquista de dicha ciudad por parte de Ricardo Corazón de León. ¿Podríamos estar ante el homenaje de una sobrina hacia su heroico tío y paladín de la cristiandad? ¿Acaso conocería Leonor de Aquitania las obras de la catedral de Salamanca en 1200 de la mano de su nieta Berenguela? Preguntas, siempre preguntas, y siempre pocas respuestas, qué desalentador resulta saber tan poca cosa de una época tan apasionante.


Unción del rey Ricardo I de Inglaterra en la Abadía de Westminster el 3 de septiembre de 1189.

Lo cierto, y no querría chafaros ahora una buena historia, es que no tengo ni idea al respecto de cuando se empezó a emplear el nombre de puerta de Acre, así que, si alguien lo sabe, que lo diga y lo mismo hay que plegar velas con este asunto. Lo que sí se sabe es que en el año 1291 caballeros Hospitalarios y Templarios lucharon codo con codo para conservar en su poder la ciudad que había sido renombrada por los cristianos como San Juan de Acre. La obstinada defensa fue en vano, había llegado el final definitivo de las Cruzadas en Tierra Santa, aunque en Salamanca, en su Catedral Vieja, siempre nos quedará la puerta de Acre, que nos evocará, con razón o no, las hazañas de esos caballeros que en tierras salmantinas también tuvieron su protagonismo: los Hospitalarios con sus encomiendas en Paradinas de San Juan y en el valle del Guareña y los Templarios con las suyas en la Sierra de Francia, el Abadengo y Ciudad Rodrigo.


Ermita templaria en Sepúlveda de Yeltes (Salamanca). 



La preciosa Epifanía que decora el sepulcro situado a la izquierda de la puerta de Acre nos obliga a mirar hacia Oriente, hacia la Tierra Santa cuya capital durante muchos años fue San Juan de Acre, ya que Jerusalén cayó en poder de Saladino en 1187.


Miguel Ángel Martín Mas

La Lengua Desatada - Expresiones del español medieval

domingo, 15 de febrero de 2026

El monasterio de Santa María de la Vega

Apenas queda nada del monasterio medieval salmantino de Santa María de la Vega, erigido junto al río Tormes entre mediados del siglo XII y comienzos del XIII, aunque lo que se conserva es realmente evocador, ya que estamos hablando de un tramo de cinco arcos románicos con sus correspondientes capiteles en los que se esculpieron cabras, grifos, arpías, músicos, bailarinas, un cazador con su lebrel, gallos y aves zancudas de pico curvo y largo.


Ruinas del monasterio románico de Santa María de la Vega (Salamanca). Fotografía de J. Laurent. 1891. Fototeca del Patrimonio Histórico.


Arquería románica del monasterio de Santa María de la Vega. Según el profesor de la Universidad de Oviedo Antonio Á. Ledesma se trataría de la fachada de la sala capitular de dicho cenobio medieval.


El monasterio medieval de Santa María de la Vega ocupaba los mismos terrenos que actualmente ocupa la Fundación Vicente Rodriguez Fabrés, situada en la ribera del Tormes junto al puente Felipe VI. 


La arquería románica se conserva actualmente en la sacristía de la iglesia renacentista, que también sufrió sucesivas destrucciones y remodelaciones a lo largo del tiempo.

Tampoco se sabe gran cosa de los orígenes de dicho cenobio, salvo que en 1150 un tal Miguel Domínguez, señor de Zaratán y Palacios, donó a la iglesia salmantina de Santa María de la Vega unas viñas y nombró como testamentario para la distribución de sus bienes a Velasco Enego. El monasterio agustiniano del mismo nombre que la iglesia nació unos años más tarde, a instancias del mismo Velasco Enego, su hermana Justa y su esposa Amadona, que en 1166 cedieron el templo y los terrenos aledaños a Menendo, abad del monasterio de San Isidoro de León. Este cenobio leonés, que albergaba el panteón de la monarquía leonesa y donde se custodiaban las reliquias de san Isidoro de Sevilla, estaba habitado por la Orden de los Canónigos Regulares de San Agustín desde el año 1148 por deseo expreso de la infanta Sancha, hermana del emperador Alfonso VII. 


Panteón Real anexo a la Colegiata de San Isidoro de León. Los restos de san Isidoro fueron trasladados a la capital leonesa en el año 1063, ya que no se podía permitir que las reliquias del ilustre y sabio arzobispo sevillano siguieran por más tiempo en territorio bajo control musulmán.


Comunidad de canónigos. Detalle de la fundación de la canónica de Saint-Martin-des-Champs (Bretaña). Manuscrito iluminado (1225-1275). Bibliothèque nationale de France.

Uno de los miembros más importantes de los canónigos agustinianos fue Martino de León, que vivió entre 1120/1130 y 1203. Este religioso inició en 1154 un peregrinaje que le llevaría en su primera etapa a Oviedo, Santiago de Compostela, Roma y Jerusalén, ciudad esta última donde pasó dos años sirviendo en el Hospital de San Juan, dado que tanto su orden como la de los sanjuanistas tenían como misión la asistencia a los peregrinos. De regreso a Europa pasó por Antioquía, Constantinopla e Italia hasta llegar a Francia, donde estudió Teología en las escuelas catedralicias de París. La última etapa de su viaje le llevó a Irlanda e Inglaterra, donde visitó la tumba de santo Tomás de Canterbury sin saber que unos años después iba a encontrarse en León con una nieta del rey Enrique II de Inglaterra, aquel monarca que había hecho penitencia frente a la sepultura del Cantuariense para luego nombrarlo santo protector de su dinastía, la de los Plantagenet. 


Santo Martino de León representado en uno de sus códices (siglo XII).

Martino regresó al monasterio de San Isidoro de León entre 1181 y 1185, donde se hizo cargo del scriptorium, en el que comenzó a dictar sus obras, que eran transcritas e iluminadas con bellas miniaturas por siete clérigos amanuenses. A finales de 1197 llegó al palacio real, anexo al monasterio agustiniano, Berenguela, la hija primogénita de los reyes de Castilla; la joven infanta, recién casada con diecisiete años con su tío segundo, el rey Alfonso IX, fue la introductora del culto a santo Tomás de Canterbury en el reino de León, del mismo modo que su madre, la reina Leonor Plantagenet, había hecho lo propio antes en Castilla por mandato de su padre el rey Enrique II de Inglaterra. Martino y Berenguela tenían así, desde el primer momento, un nexo de unión, el arzobispo Tomás de Canterbury, él por haber peregrinado hasta la tumba del mártir y ella por ser miembro por vía materna de la dinastía Plantagenet, difusora del culto al santo normando. El caso es que el anciano canónigo se convirtió en hombre de absoluta confianza de la reina Berenguela, que además sufragó los trabajos de su scriptorium. Es de suponer, además, que Berenguela se mostraría muy satisfecha de saber que en Salamanca, ciudad de su tenencia, donde mandaría construir un templo bajo la advocación del Cantuariense, existía otro monasterio regido por la misma orden a la que pertenecía su buen amigo y consejero el venerable Martino.


Los reyes de León Alfonso IX y Berenguela representados en el Tumbo de Toxos Outos. 

Si no fue unos años antes, es posible que fuera en la época en la que Berenguela fue reina consorte de León y tenente de Salamanca, entre 1198 y 1204, cuando se esculpió la fachada de la sala capitular del monasterio de Santa María de la Vega. Tampoco resulta descabellado pensar que fuera en esa misma época y por mecenazgo de la reina Berenguela cuando llegó al monasterio agustiniano la imagen de la Virgen de la Vega, patrona de Salamanca desde el siglo XVI y que, tras la destrucción del cenobio por sucesivas riadas e incendios, terminó, tras pasar por la iglesia de los Dominicos, en  el retablo de la Catedral Vieja.


Virgen de la Vega, cuyo emplazamiento original fue la iglesia románica del monasterio de Santa María de la Vega. Los padres de la reina Berenguela, Alfonso VIII de Castilla y Leonor Plantagenet, patrocinaron la actividad de un centro de orfebrería esmaltada en Silos (Burgos). Parece que esta fue otra de las aportaciones culturales de la reina consorte, ya que en su tierra natal existían en las ciudades de Conques y Limoges unos famosos talleres que elaboraban piezas de metal esmaltado.

Una vez contado lo anterior y por no aburriros con más detalles, es momento de mostraros los capiteles de la arquería románica, ya que una reciente visita guiada a la Fundación Vicente Rodríguez Fabrés, organizada por el Centro de Estudios Salmantinos, del que tengo el inmerecido honor de ser miembro correspondiente, me  ofreció la ocasión de fotografiarla. No obstante, debéis saber que se puede ver en vivo y en directo todos los miércoles de mes de 18:00 a 19:00 horas


De izquierda a derecha, el primer capitel muestra seis parejas de cabras rampantes afrontadas.



Sin pretender decir nada, simplemente a modo ilustrativo, quiero contaros que estas cabras me recordaron a las que aparecen pintadas en el Panteón de los Reyes de San Isidoro de León en la escena de la Anunciación a los pastores. 



En el segundo capitel podemos ver tres parejas de grifos afrontados y dos arpías tocadas con capuchas.



Arpías encapuchadas en Salamanca también las podemos encontrar en la decoración de la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara y en un capitel de la portada norte de la iglesia de San Martín. 




En el tercer capitel se tallaron en el frente bailarinas, unas con las manos en la cintura y otras portando carracas, y en los laterales músicos tocando el rabel.




El capitel central, el cuarto, muestra escenas cinegéticas, con un cazador soplando un cuerno y cayado al hombro seguido por un perro, dos perros con los rabos unidos y un perro persiguiendo a un jabalí, ambos descabezados.





En el quinto capitel se ven seis parejas de aves zancudas de pico largo y curvo picoteando volutas. Si tuviera que identificar estas aves, diría sin dudar que se trata de moritos comunes, que no son habituales en el Tormes, aunque a veces se puede ver en sus orillas algún ejemplar que se ha perdido o que ha sido arrastrado por el viento durante la migración. Bien podrían ser simplemente garzas, muy abundantes en nuestro río, pero estas no tienen el pico curvo, sino recto.



Y en el sexto capitel unos gallos con el pico afrontado cierran esta preciosa arquería que se ha salvado milagrosamente a pesar de las violentas crecidas del Tormes a lo largo de la historia y de la exagerada limpieza que se le hizo en el pasado y que la dejó más pulida de la cuenta y sin restos de policromía.



También se conservan dos epitafios en sendos sillares engastados tras la arquería románica principal con la leyenda en un sillar: MARIA GARCIA/ET FILIUS EM/MICAEL JOH[a]N[ni]S/OBIERUNT QUO/RUM CORPORA HI/REQUISCUNT ERA/M CC XL II XVIII/LAE[n]DAS MAII (año 1242)”. Y sobre el otro sillar: + HIC REQUIESCIT FAMU/LA DEI DONNA YGNES/CONVERSA HUIUS ECCLE/SIE QUI OBIIT VII.


Y hasta aquí la entrada de esta semana, con la que os animo a acercaros el miércoles por la tarde hasta la Fundación Rodríguez Fabrés y pasear por la ribera del Tormes, que con la enorme crecida que tiene estos días os será fácil imaginaros a los Canónigos de San Agustín intentando salvar la vida subidos a la torre de su iglesia durante la gran riada del año 1236.
 

Miguel Ángel Martín Mas

martes, 10 de febrero de 2026

La hueste de Salamanca en el siglo XII - Parte I

Alfonso VII, intitulado como Imperator totius Hispaniae en la catedral románica de León el 26 de mayo de 1135, día de Pentecostés, reinaba en León, Asturias, Galicia, Castilla y Toledo, ciudad esta que había conquistado su abuelo materno, el rey Alfonso VI, en el año 1085. Ciudades como la leonesa Salamanca y las castellanas Ávila y Segovia, que fueron repobladas durante los primeros años del siglo XII por sus padres, la por entonces infanta leonesa Urraca y el conde Raimundo de Borgoña, se convirtieron de esta forma en escudos del reino de León, es decir, en enclaves estratégicos para su defensa ante posibles incursiones de los almorávides o por si, en el peor de los casos, Toledo caía de nuevo en manos del enemigo musulmán. También eran esas tres poblaciones puntas de lanza, ya que constituían bases de lanzamiento de ataques de saqueo y castigo sobre las tierras de al-Ándalus, lo que los cristianos llamaban “cabalgadas” y los agarenos “aceifas” o “algaradas”.


Hueste en combate en la La Biblia de Maciejowski, Biblia de los Cruzados, Biblia del sah Abás o Biblia Morgan, que con todos esos nombres se la conoce. La palabra "hueste" deriva del latín HOSTIS, palabra que significaba originalmente el enemigo del estado y que en la Edad Media pasó a referirse a cualquier grupo de gente armada.


Raimundo de Borgoña y su esposa la infanta Urraca de León, repobladores de Salamanca en el tiempo en el que fueron condes de Galicia. Él murió en 1107 y ella fue reina propietaria y titular de León entre 1109 y 1126.

De este modo, la Salamanca que avanzaba hacia los años centrales del siglo XII se organizaba en torno a tres núcleos: el militar, con el alcázar situado sobre lo que hoy conocemos como la Peña Celestina; el eclesiástico, cuyo centro era la catedral románica que estaba en plena construcción y que, desde luego, también tenía carácter de fortaleza y el azogue, el mercado, que se encontraba en las proximidades de la sede episcopal, que regentaba Berengario, que a su vez era canciller del emperador leonés y, en sentido literal, un hombre de armas tomar.


Capitel en el transepto de la Catedral Vieja de Salamanca en el que se muestra un combate entre un guerrero cristiano y uno musulmán. 


Capitel con un guerrero en la iglesia de Santiago de Alba de Tormes. Acuarela de Carmen Borrego.

A orillas del Tormes, en una ciudad cristiana tan cercana a la frontera con el mundo musulmán, no es de extrañar que abundaran los guerreros, que se organizaban en milicias concejiles. Es este el término empleado por los cronistas de la época para referirse a las fuerzas de defensa y ataque conformadas por los habitantes de un núcleo urbano, que, convocadas y controladas por el concejo, contaban con su propia estructura de mando. Estas milicias debían obediencia al monarca, pero también tenían una cierta autonomía para iniciar sus propias acciones, que les venía dada por los fueros y cartas pueblas, el corpus legislativo que regulaba la vida de la villa y sus tierras a modo de código civil y penal de nuestra época. De este modo, en las poblaciones tormesinas de Alba, Salamanca y Ledesma se dio en el siglo XII la circunstancia de que una parte de sus habitantes eran, según la época del año, civiles o soldados, siendo peón o infante armado con las mismas herramientas con las que trabajaba el campo el que menos recursos económicos tenía y caballero villano el que podía permitirse pagar una loriga, un yelmo, una espada, una lanza, un escudo y una montura de guerra con sus correspondientes guarniciones.


Guerrero del siglo XII luchando contra un león en el claustro de la Catedral Vieja de Salamanca. Va equipado con una loriga de cota de malla que le llega por debajo de las rodillas, manoplas y almófar, que es la capucha, también de cota de malla, que lleva bajo el yelmo; en este caso se trata de un yelmo de tipo normando evolucionado, ya que en vez de una simple protección nasal incorpora una máscara que cubre toda la cara. Bajo la loriga llevaría un gambesón, un jubón acolchado que amortiguaba los golpes y protegía la piel del roce con el metal. Porta un escudo de cometa, este con el borde superior recto, lo que favorecía el apoyo de la lanza cuando se montaba a caballo. Las piernas van protegidas con  unas piezas llamadas brafoneras, también manufacturadas con cota de malla.


Guerrero de una hueste armado con lanza y un gran escudo redondo decorado con borlas que recuerda a las adargas forradas de piel de vacuno empleadas por los guerreros musulmanes; estas tenían su origen en las que, forradas con piel de antílope, llegaban como presentes a Córdoba procedentes del continente africano. Ermita de San Baudelio en Casillas de Berlanga (Soria), c. 1125.

Las primeras cabalgadas de la todavía desorganizada y poco entrenada milicia concejil de Salamanca se llevaron cabo entre los años 1136 y 1137 sobre la ciudad de Badajoz y terminaron siendo un absoluto desastre; por entonces cada caballero villano salmantino hacía literalmente la guerra por su cuenta y, además, hacer tal cosa ante el temible caudillo almorávide Tejufín era una absoluta una temeridad. Tuvo que llegar un catalán, el conde de Urgel Ponce Giraldo de Cabrera, tenente, entre otras muchas, de la ciudad del Tormes y mayordomo del rey, para que se empezaran a cosechar éxitos militares tales como el que narra la Chronica Adefonsi Imperatoris:

Por la misma época los nobles de Salamanca penetraron en el territorio de Badajoz diciendo entre sí, al ver que el gran señor quería ir al territorio de Sevilla: «Vayamos también nosotros al territorio de Badajoz, consigamos también nosotros un gran prestigio y no cedamos el prestigio de nuestra gloria a ningún jefe militar o caudillo». Y tras reunir un gran ejército, tomaron el camino que conduce a Badajoz, devastaron toda aquella región y consiguieron enormes destrozos e incendios, una gran cantidad de prisioneros entre hombres, mujeres y niños, todo el ajuar de las casas y riquezas de oro y plata en abundancia. Además, se apoderaron de grandes riquezas, caballos y mulos, camellos y asnos, bueyes y vacas y toda clase de animales del campo.



El conde Ponce Giraldo de Cabrera representado junto al emperador Alfonso VII en de este documento de donación a don Guillermo, abad del monasterio de San Martín de Valdeiglesias. La presencia del conde de Urgel en el reino de León se debió a que el Emperador se casó en el año 1128 con Berenguela de Barcelona, hermana del conde Ramón Berenguer IV. El documento, que es patrimonio de la Región Leonesa, se lo apropió la Hispanic Society de Nueva York, donde todavía sigue depositado.


El rey de León Alfonso VII y su esposa Berenguela de Barcelona. Ilustraciones de José Luis García Morán para la exposición permanente "Alba medieval, una historia de leones y castillos".

Los éxitos militares de los cristianos iban a continuar en la Extremadura leonesa, ya que en el año 1142 el emperador Alfonso VII se empeñó en la conquista de Coria, campaña en la que, por supuesto, participaron las milicias concejiles salmantinas, volviendo la ciudad cacereña a manos cristianas el 30 de agosto de ese año y restaurándose así su sede episcopal. En esa misma ofensiva una acción conjunta de las milicias concejiles de Salamanca y Ávila terminó con la destrucción del castillo de Albalat, que se levantaba a orillas del río Tajo, no lejos de la actual localidad cacereña de Romangordo.


Escena de asedio de una ciudad en la Biblia de los Cruzados. Unos guerreros portan casco nasal, el más común en el siglo XII, pero otros ya portan el gran yelmo, que cubre la totalidad de la cabeza, lo que nos indica que nos encontramos ante una miniatural del siglo XIII.

Poco después el obispo Berengario y sus clérigos, que parece que formaban una milicia eclesial, suponemos que apoyados por la milicia concejil de Salamanca, integraron a las bravas en el reino leonés la comarca de Ciudad Rodrigo; es por ello que el emperador Alfonso VII concedió el 4 de agosto de 1144 al belicoso prelado salmantino y a su iglesia la décima parte de los derechos fiscales que le pertenecían en el realengo de Alba de Tormes. Dicha donación se hizo en Salamanca y en presencia de la reina consorte leonesa Berenguela de Barcelona y de sus hijos Sancho, Fernando y García.


Ademar de Monteil, obispo de Puy-en-Velay, en una batalla de la Primera Cruzada. British Library Yates Thompson MS 12. 


Capitel de un caballero luchando contra un dragón en la catedral de Ciudad Rodrigo (Salamanca).

El mayor exíto militar del reino de León en el siglo XII llegaría el 17 de octubre de 1147 cuando, con la inestimable ayuda de una flota de pisanos y genoveses, se conquistó la ciudad de Almería, un rico nodo comercial que atraía mercaderes de África oriental, Egipto, Siria y otras partes más distantes y que era famoso por su cerámica, vidrio y túnicas de seda. No es de extrañar que a la vuelta de exitosas campañas militares como esta algunos caballeros villanos de Salamanca se mostraran extremadamente generosos en favor de la salvación de sus almas. Tal sería el caso de Miguel Domínguez, un rico hacendado salmantino que consignó en su testamento en 1150 que, entre otras cosas, se dieran doscientos maravedís para las obras de construcción de la catedral, trescientos maravedís para que se hiciera una imagen de oro y plata que adornaría el altar y cuarenta maravedís para la iglesia de Santa María de la Vega. La posesión de tales cantidades de dinero y el hecho de que contara con esclavos y esclavas moras, casas cerca de la catedral, una pesquera junto al huerto del obispo y las aldeas salmantinas de Zaratán y Palacios, cercanas a Ledesma, solamente eran posibles tras haber participado en incursiones de saqueo llevadas a cabo sobre territorio musulmán y, sobre todo, en la conquista de la opulenta ciudad de Almería.




Arcada románica de una casa que se encontraba en lo que hoy es la calle Tentenecio de Salamanca, junto a la catedral, y que fue incorporada a la iglesia de la localidad de Carbajosa de la Sagrada, probablemente a comienzos del siglo XX. Bien podía haber pertenecido el inmueble a uno de los caballeros villanos salmantinos enriquecidos gracias a las cabalgadas llevadas a cabo sobre territorio musulmán. Fotografías de la asociación salmantina Ciudadanos en Defensa del Patrimonio. 

Otro caso de generoso donante sería el de Blasco Sánchez, que, temeroso de morir en combate contra los moros, en 1161 consigna en su testamento que se deje a la Orden de los Hospitalarios de San Juan sus aldeas de Barazas y Azaron y al cabildo catedralicio la aldea de Coleo, cien maravedís y que, a mayores, se haga una tabla de plata y oro con el producto de la venta de sus casas y viñedos. Sabemos, además, que Blasco, además de caballero villano y hacendado era comerciante, ya que en sus últimas voluntades también se habla de unas tiendas que regentaba junto a la puerta del Río.



Personajes nobles esculpidos en la portada norte de la iglesia de Almenara de Tormes. Es posible que el románico que se contruyó a orillas del Tormes y de su afluente el Cañedo fuera sufragado con parte del botín obtenido con las cabalgadas llevadas a cabo por la milicia concejil de Salamanca sobre territorio musulmán.


Capitel del triunfal en la iglesia de Almenara de Tormes.



Canecillos de la iglesia de Santibáñez del Río, que fue prácticamente destruida por una crecida del Tormes y que hoy en día se encuentra dejada completamente de la mano de Dios.

Alfonso VII cosechó sus últimos exitos militares en 1155 conquistando Andújar, Pedroche y Santa Eufemia, aunque en 1157 perdería las villas de Baeza y Úbeda para finalmente perder también Almería y, además, la vida durante el camino de vuelta de su última campaña contra al-Ándalus. Temeroso de que se produjeran luchas por el trono entre sus dos hijos mayores había dejado testamentado que Sancho fuera rey de Castilla y Toledo y Fernando de León, Galicia y Asturias. Sería este último monarca, el segundo de su nombre, el que restauraría la diócesis de Ciudad Rodrigo, lo que le acarrearía graves problemas con el concejo y la milicia de Salamanca, aunque esa es otra historia que contaré en cualquier otro momento.


Representación de la muerte de un rey en la Biblia de los Cruzados (s. XIII).


Miguel Ángel Martín Mas

La puerta de Acre de la Catedral Vieja de Salamanca

La puerta de Acre de la Catedral Vieja de Salamanca se encuentra situada en el frente oriental del brazo meridional del crucero, a la derech...