Llegando a su fin el siglo XII, Alfonso IX, rey de León y Galicia desde 1188, se encontraba rodeado de enemigos; por el este acechaba su primo carnal Alfonso VIII de Castilla, por el oeste su tío materno Sancho I de Portugal y por el sur los almohades, que controlaban al-Ándalus desde 1147. Así las cosas, urgía reforzar las fronteras leonesas, no importaba lo firmado en el Tratado de Tordehumos de 1194, por el que se había acordado con Castilla, entre otras cosas, no construir castillos ni villas fortificadas en el limes entre los dos reinos, es decir, a lo largo de la calzada de la Guinea, que unía Astorga con Mérida. De este modo, el monarca leonés promovió la repoblación y fortificación de una serie de enclaves estratégicamente localizados —Carpio de Alba, Monreal, Monleón, Miranda del Castañar, Salvatierra de Tormes y Salvaleón— que se convirtieron en las piezas clave de un entramado ofensivo-defensivo frente al reino de Castilla, la principal amenaza que se cernía sobre el reino de León.
Iluminación de la Biblia de Maciejowski, Biblia de los Cruzados, Biblia del sah Abás o Biblia Morgan (por conservarse en la Biblioteca y Museo Morgan, Nueva York, Ms M. 638). Mediados del siglo XIII.
En todos estos lugares, por supuesto, hubo un castillo, pero hoy del que nos interesa hablar es del que se levantó en la localidad de Carpio de Alba —una fortaleza de planta rectangular, flanqueada por cubos en sus ángulos y con fuertes muros de gruesa mampostería— que quedó dentro de los límites del alfoz de Alba de Tormes bajo el estatus de realengo.
En 1196 estalló la inevitable guerra entre los reinos de León y de Castilla, teniendo el primero como aliados al califato almohade y al reino de Navarra y el segundo al reino de Aragón. Llegado el verano de 1197 Alfonso IX de León se había quedado sin aliados, así que castellanos y aragoneses entraron en tromba en tierras salmantinas por la frontera de Paradinas de San Juan, tomando la villa de Alba de Tormes y el castillo de Carpio de Alba y estragando los lugares por donde pasaban.
Iluminación de la Biblia de Maciejowski, Biblia de los Cruzados, Biblia del sah Abás o Biblia Morgan.
La paz llegó en diciembre de 1197 con el matrimonio entre el rey leonés y una infanta castellana, Berenguela, que recibiría, entre otras, la tenencia de la ciudad de Salamanca y que tendría también "sub manu" el castillo de Carpio de Alba, que los castellanos mantuvieron en su poder por derecho de conquista. Como ya expliqué en la entrada titulada BERNARDO DEL CARPIO Y SU CASTILLO DE CARPIO BERNARDO, a la cual os remito, resulta curioso que el castillo de Carpio de Alba comenzara a conocerse como de Carpio Bernardo gracias a las crónicas históricas promovidas por la reina Berenguela, su hijo Fernando III y su nieto Alfonso X, en las cuales, precisamente, nos topamos con las primeras noticias históricas de un heróico guerrero del siglo IX llamado Bernardo, que erigió una fortaleza a orillas de Tormes tras abandonar airadamente la corte de su tío el rey Alfonso II de Asturias.
Alfonso IX y Berenguela, reyes de León. Ilustración de José Luis García Morán para la exposición permanente ALBA MEDIEVAL - UNA HISTORIA DE LEONES Y CASTILLOS, que se puede visitar en la localidad salmantina de Alba de Tormes.
El castillo de Carpio Bernardo perdió totalmente su potencial ofensivo-defensivo a partir del año 1230, cuando Fernando III, hijo de Alfonso IX de León, nieto de Alfonso VIII de Castilla y él mismo rey de Castilla desde 1217, fue proclamado también rey leonés, algo que jamás hubiera conseguido sin la ayuda de su madre, la reina Berenguela, que no sólo era mecenas de las artes y las crónicas históricas, sino también una habilísima política, digna nieta de Leonor de Aquitania. En todo caso, un castillo no podía dejarse en manos de cualquiera, su señor debía ser alguien de confianza, así que el rey Fernando III lo entregó a un familiar, Juan Fernández, apodado Cabellos de Oro. Era dicho caballero sobrino del rey, puesto que era hijo de un medio hermano del monarca, el arcediano de la catedral de Salamanca Fernando Alfonso de León, un vástago producto del concubinato mantenido por Alfonso IX con una salmantina de nombre Maura y de la que nada más sabemos.
De la donación de la fortaleza sí que tenemos noticias gracias un codicilo adjunto al testamento de Cabellos de Oro, donde se dice:
Otrosí: mando é tengo por bien que el mi castiello del Carpio, que me dió el rey don Fernando mio sennior, que luego que yo finare, que lo venda Gil Martin, mi mayordomo, é lo que valiere sea para pagar mis debdas.
Juan Fernández Cabellos de Oro (+1303), nieto de Alfonso IX de León, junto a su castillo de Carpio Bernardo. Imagen claramente generada con IA.
Alfonso IX de León, que reinó entre 1188 y 1230, tuvo dos esposas, Teresa de Portugal y Berenguela de Castilla, y cinco concubinas, engendrando en total dieciocho hijos.
Pero no fue Juan Fernández Cabellos de Oro solamente señor del castillo de Carpio Bernardo, puesto que durante el reinado de Sancho IV alcanzó también el puesto de mayordomo mayor entre 1288 y 1293 y el de adelantado mayor de la frontera de Andalucía entre 1292 y 1295. Luego, durante el reinado de Fernando IV, desempeñó el cargo mayor de Galicia entre los años 1296 y 1299.
Iluminación de la Biblia de Maciejowski, Biblia de los Cruzados, Biblia del sah Abás o Biblia Morgan.
Tras muchas vicisitudes vividas durante los tumultuosos años que se vivieron en los reinos de León y de Castilla tras el fallecimiento del rey Alfonso X en 1284 y el de su sucesor Sancho IV en 1295, Juan Fernández murió en Salamanca en el año 1303, siendo enterrado en la Catedral Vieja, tal y como él mismo expresó en sus últimas voluntades:
Otrosí: mando que me sotierren en la iglesia de Santa María la See de Salamanca, en la capiella que yo tengo comenzada do yace doña María, mi mogier que foé, é mando que Gil Martin, mi mayordomo, que vaya por Mayor Fernández, mi mogier que foé, é que la traiga á Salamanca, é que la sotierre á par de mí...
Lamentablemente, dicha capilla se encontraba en el brazo norte del transepto de la seo salmantina, que desapareció en el siglo XVI durante las obras de construcción de la Catedral Nueva, la cual absorbió y derribó esa parte de la estructura románica original. Como resultado de esta modificación, los sepulcros medievales situados en esa zona desaparecieron o fueron trasladados a otro lugar. Lo que sí nos queda de nuestro protagonista es un epitafio del siglo XVIII grabado sobre una lápida de pizarra con las letras pintadas en oro. No por casualidad dicha inscripción se encuentra junto al magnífico sepulcro del padre de Juan, el arcediano de la catedral Fernando Alfonso de León.
AQUI YACE DON JUAN FERNANDEZ, RICOHOMBRE, ADELANTADO MAYOR DE LA FRONTERA Y MERINO MAYOR DE GALICIA. HIJO MAYOR DE DON FERNANDO ALFONSO Y DE DOÑA ALDARA LOPEZ Y NIETO DEL REY DON ALFONSO IX DE LEON, QUE FINO EN SALAMANCA AÑO DE 1303.
Juan Fernández tuvo una tercera esposa, Juana Nuñez de Lara, que debió de fallecer después de él y que suponemos que, dado el afñán mostrado por el Cabellos de Oro para que sus mujeres fueran enterradas a su lado, también tendría su sepulcro en la capilla familiar situada en el brazo norte del transepto, que también desaparecería con las obras de la Catedral Nueva; pero quizá no todo está perdido, ya que al pie del tempo catedralicio, en el lado de la epístola, a día de hoy domingo 14 de junio de 2026, junto a unos trastos que no sé explicaros por qué están ahí, podemos ver uno de los sepulcros medievales más antiguos conservados en nuestra ciudad, con una heráldica real tan vieja que creo que sólo la supera la de la techumbre de la iglesia del Convento de Santa Clara. Casi borrados por el tiempo y la desidia todavía se atisban los dos calderos heráldicos de la casa de Lara y el félido del reino de León, que, visto lo visto, parece ser que el esposo de la difunta, al igual que otros descendientes de Alfonso IX por vía del concubinato real, los Gil de Soverosa, también se sintió con derecho a lucir.
Sepulcro de Juana Nuñez de Lara, tercera esposa de Juan Fernández Cabellos de Oro en la Catedral Vieja de Salamanca. Juana era señora de Valdenebro (Soria) e hija de Nuño Fernández de Lara y de Inés Íñiguez de Mendoza. Este sepulcro fue identificado por Faustino Menéndez Pidal de Navascués en su obra (2011) Heráldica de la Casa Real de León y de Castilla (siglos XII-XVI).
León en el sepulcro de Martín Alfonso, hijo de Alfonso IX de León y de su concubina Teresa Gil de Soverosa (iglesia de Sancti Spiritus de Salamanca).
León en el sepulcro de María Méndes de Sousa, esposa de Martín Alfonso (iglesia de Sancti Spiritus de Salamanca).
Señal heráldica del rey de León, adoptada por su nieto Juan Fernández Cabellos de Oro y por otros de sus descendientes ilegítimos, es decir, que no fueron fruto de un matrimonio canónico, sino de un concubinato.
Y ahí, en ese noble rincón de la Catedral Vieja convertido ahora en improvisado trastero, donde nadie se para a mirar la maravilla que perdura, está el recuerdo de la última señora de la fortaleza de Carpio Bernardo, que, tal como mandó su último señor, fue vendida, terminando en manos del concejo de Salamanca en el año 1313. Luego, en fecha desconocida, el castillo volvió de nuevo a ser propiedad real, ya que sabemos que, en 1465, el rey Enrique IV donó la villa de Carpio Bernardo, con toda su tierra y fortaleza, a García Álvarez de Toledo, último conde y primer duque de Alba de Tormes, a cuya casa pertenecía todavía en 1752, según indica el Catastro del Marqués de la Ensenada. De ese nido de águilas fronterizo entre los reinos de León y de Castilla hoy sólo quedan unas ruinas, ya que un mandato salido de las Cortes de Toro de 1505 conllevó su demolición, algo acorde con el firme deseo de los Reyes Católicos de evitar que algún noble levantisco se viera tentado de hacerse fuerte tras los muros de una fortaleza.
Miguel Ángel Martín Mas
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