No deberíais sorprenderos, si os digo que nuestra antigua ciudad es protagonista de la cantiga CXVI de las Cantigas de Santa María, obra promovida y patrocinada por Alfonso X el Sabio, que, además, fue el monarca que, el 8 de mayo de 1254, otorgó el rango de universidad al Estudio General de Salamanca. De hecho, esta aparición de la capital salmantina en una cantiga no deja de ser un reconocimiento plenamente coherente con los profundos vínculos que unían a este rey con la capital del Tormes. Cuando aún era infante mayor, hacia 1240, Alfonso ejerció como tenente, entre otras ciudades, de Salamanca y Alba de Tormes, un cargo de confianza para el que le designó su padre, Fernando III, y que consistía en ser el delegado de la autoridad regia en la ciudad. Su relación con Salamanca, sin embargo, hundía sus raíces en una tradición familiar. Antes que él, también había sido tenente de la ciudad su abuela, Berenguela, la mujer que precisamente desempeñó un papel decisivo en la educación y formación del futuro rey y la que trajo el culto a santo Tomás Cantuariense al reino de León, de ahí que el rico patrimonio medieval salmantino cuente, entre otras maravillas, con una iglesia bajo la advocación de dicho santo inglés y con la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara, en cuya decoración destaca la imagen de un ave, la chova piquirroja, emblema heráldico íntimamente asociado con la ciudad de Canterbury, donde fue martirizado el santo en el año 1170. Berenguela había sido reina consorte de León entre 1197 y 1204, durante el reinado de Alfonso IX; fueron estos años de gran esplendor para Salamanca, con la catedral en plena construcción, obra símbolo del crecimiento económico, artístico y espiritual de la ciudad, mientras la urbe se consolidaba como una de las joyas de la repoblación impulsada por el reino leonés desde comienzos del siglo XII. En ese ambiente de prosperidad y prestigio se forjó una imagen de Salamanca que, sin duda, dejó una profunda huella en la memoria de Alfonso, persona real en la que convergían la dinastías Borgoñona de León y de Castilla, la Hohenstaufen del Sacro Imperio Romano Germánico y la Plantagenet de Inglaterra.
Cantiga CXVI, cuyo título es "De cómo Santa María hizo encender dos velas en su iglesia de Salamanca porque el mercader que las había puesto allí se las había encomendado" y cuyo estribillo reza Poder tiene de dar fuego / la que es madre de la luz.
Virgen abridera, conservada en el Museo Catedralicio de Salamanca. Realizada en madera y marfil policromados. Último tercio del siglo XIII, es decir, se trata de una obra contemporánea de las Cantigas.
Tabicas de la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca donde los investigadores independientes Charo García de Arriba y Miguel Ángel Martín Mas creen que se representa el compromiso entre el infante mayor Alfonso y la infanta Violante de Aragón. Por cierto, la reina Violante contaba con una bula papal que le permitía pasar temporadas en este convento junto a sus damas.
Una vez dicho esto, supongo que lo que realmente os interesa es conocer la historia que cuenta la cantiga CXVI, así que mejor vamos a ello. Érase una vez un rico comerciante que, acompañado por un compañero y su sirviente, se dirigió, un año más, a la feria de Salamanca. Era este un hombre muy devoto de Santa María, por lo que trataba de servirla bien purificando su cuerpo con ayunos y engrandeciendo su alma con la entrega de limosnas.
De hecho, mirad lo que dice de este buen cristiano la cantiga:
Este amaba a Santa María / más que a cualquier otra cosa / y con limosnas y con buenjuicio, / satisfecho la servía / y ayunaba tan bien / cada una de sus vigilias, / que no comía / pescado ni legumbres. / Poder tiene de dar fuego / la que es madre de la luz.
A un sirviente suyo / las dos velas grandes / que traje de Toledo, / que no son feas, / que otras iguales vi allí / que ardían mejor que teas / ni que cualquier otra cosa / que el fuego pueda consumir». / Poder tiene de dar fuego…
Queriendo asegurar la perpetuidad de su ofrenda a la Virgen, en caso de que le ocurriera algo por esos caminos de Dios que, por su profesión, se veía obligado a recorrer, el comerciante pagó para que se vigilasen los cirios, que habrían de estar siempre encendidos y ser sustituidos cuando estos se consumieran.
Pero hete aquí que una corriente de aire apagó las velas sin que nadie se ocupara de volverlas a encender, hasta que...
Pero sucedió, por placer / de la Virgen Gloriosa / que (las velas) se murieron, / pero ella, piadosa, / hizo que volviesen a encenderse, / tan poderosa / como Dios, cuyos milagros / no caben en este volumen. / Poder tiene de dar fuego…
Imagen de la Virgen conservada en el claustro de la Catedral Vieja de Salamanca.
Sí, ya sé que este de los cirios es un modesto milagro comparado con otros que suceden en las Cantigas, pero así somos en tierras leonesas, gente humilde que se conforma con poquita cosa. En todo caso, y sacando pecho en el siglo XXI, que Alfonso X
concediera a Salamanca un papel protagonista en una de sus Cantigas de Santa
María puede entenderse como algo más que la simple localización de un milagro. Quizá sea también el reflejo de una vinculación personal, política y sentimental con
una ciudad que había ocupado un lugar destacado en la trayectoria de su familia
y que representaba uno de los grandes centros culturales y espirituales de sus reinos. La presencia de Salamanca en la cantiga CXVI parece que constituye, en definitiva,
un testimonio más de la relevancia que la ciudad alcanzó en la Edad Media y del
lugar privilegiado que ocupó en el universo político y cultural del monarca Sabio.
Epifanía en un arcosolio del claustro de la Catedral Vieja de Salamanca.
Cantiga CXVI interpretada por Mariano Alises · Luis Delgado · Paula Vega · Eduardo Paniagua.
Miguel Ángel Martín Mas
Otras entradas en las que se relacionan Alfonso X el Sabio y Salamanca:
































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