El matrimonio entre el infante mayor Alfonso, futuro monarca Alfonso X de Castilla y de León, y la princesa Violante de Aragón fue un asunto de estado, tal y como correspondía a un enlace regio medieval, en el que la mujer era una de las principales herramientas con las que un reino podía tejer alianzas, sellar tratados y asegurar la paz. De este modo, hacia 1240, el rey castellano y leonés Fernando III y el aragonés Jaime I decidieron unir a sus vástagos para asegurar la colaboración entre sus reinos en la lucha contra los musulmanes de al-Ándalus. El acuerdo quedó sellado y, finalmente, Alfonso y Violante se casaron en la ciudad de Valladolid en enero de 1249, ceremonia a la que no pudo asistir la verdadera urdidora política del acuerdo matrimonial, la abuela y preceptora del novio, la reina madre Berenguela, que había fallecido en 1246.
Plafón cerámico del Tratado de Almizra (1244) entre los reinos de Castilla y Aragón en la Torre del Conjurador del Campo de Mirra (Alicante).
Recreación con IA de parte de un tramo de arrocabe de la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca, donde la reina Violante tenía bula papal para pasar a visitar a las habitantes del mismo. El último estudio dedicado a esta magnífica obra medieval dice que en estas tabicas está representando el compromiso entre el infante mayor Alfonso y Violante de Aragón.
El comienzo de este matrimonio no fue precisamente idílico. El caso es que Alfonso ya había tenido una hija, Berenguela, fruto, además, de la relación con su tía María Alfonso de León, hija del concubinato entre el abuelo del infante, el rey Alfonso IX de León, y la noble gallega Teresa Gil de Soverosa. Violante, además, apenas tenía trece años cuando la casaron con un infante de veintisiete años que, por lo tanto, ya se las sabía todas en el amor y en la guerra. Por otro lado, Alfonso no abandonó exactamente sus costumbres amatorias, puesto que durante su matrimonio mantuvo otras relaciones, entre ellas con Mayor Guillén de Guzmán, con quien tuvo a Beatriz, futura reina de Portugal.
Soportando infidelidades y desprecios, la valiente Violante se las apañó para terminar desempeñando un papel político de primer orden junto a Alfonso. De este modo, aquel matrimonio concertado entre dos muchachos de sangre real terminó convirtiéndose en una de las parejas más importantes —y también más complicadas y desavenidas— de los reinos cristianos hispanos del siglo XIII.
Alfonso X, Violante de Aragón y el infante mayor Fernando de la Cerda en el Tumbo de Toxos Outos, conservado en el Archivo Histórico Nacional.
Si Alfonso X y Violante de Aragón no parecían tener demasiado en común en su vida matrimonial, al menos compartían una devoción: la Virgen. Y las Cantigas de Santa María nos dejaron una prueba bastante extraordinaria. En la cantiga CCCXLV, mientras ambos echaban la siesta en Sevilla, Alfonso y Violante tuvieron el mismo sueño: vieron a Nuestra Señora huyendo de una capilla de Jerez que estaba ardiendo, llevando al Niño Jesús en brazos. Al despertar, Alfonso contó su sueño a Violante y ella le respondió que acababa de soñar exactamente lo mismo.
El sueño de Alfonso y Violante en la cantiga CCCXLV, que lleva por título "De cómo Santa María hizo ver a un rey y a una reina el gran pesar que sentía porque unos moros habían entrado en su capilla de Jerez".
Imagen recreada con IA de una figura del monarca Alfonso X el Sabio que aparece en las Cantigas de Santa María. Rey de dos reinos, el de Castilla y el de León, como así se consigna en el capiello que porta en esta imagen y en el emblema cuartelado de castillos y leones.
Alfonso X recibió hacia 1261, tras casi nueve años de reinado, a una espectacular embajada del sultán de Egipto, Baybars, cargada de regalos y animales exóticos: una jirafa, una cebra y otras criaturas que debieron de dejar boquiabierta a la corte castellana y leonesa. La tradición ha relacionado también con aquel regalo un elefante, de hecho, en la Cantiga XXIX aparecen varios animales exóticos, entre ellos un proboscídeo. Quién sabe si Alfonso y Violante, que no siempre parecían ponerse de acuerdo en cuestiones matrimoniales, encontraron en aquellas extrañas criaturas otro punto de coincidencia. Porque si tenían sueños compartidos con la Virgen, quizá también compartieran su fascinación por aquel enorme animal llegado desde tierras africanas.
Viñeta 5 de la cantiga de Santa María XXIX, en la que aparece un elefante junto a otros animales de origen africano.
Elefante que el rey Luis IX de Francia regaló al rey Enrique III de Inglaterra en 1255. Iluminación restaurada con IA perteneciente al Liber Additamentorum de Mateo Paris.
Por otro lado, se da la maravillosa casualidad de que durante el reinado de Alfonso X y Violante se realizaron en marfil dos de las más extraordinarias Vírgenes abrideras de la península ibérica: las de Allariz y Salamanca. Las dos muestran a María entronizada con el Niño y, al abrirse, revelan en su interior escenas de los grandes Gozos de la Virgen. No sabemos si el marfil empleado para la creación de estas dos obras de arte procedía de los colmillos del paquidermo que parece que llegó de Egipto, pero, puesto que aquí podemos permitirnos ciertos lujos, vamos a imaginar que pudo ser así. No sabemos cuánto tiempo vivió el elefante de Alfonso X, pero sí tenemos la certeza de que el que el rey Luis IX de Francia regaló al rey Enrique III de Inglaterra en 1255 apenas sobrevivió dos años en las frías tierras británicas.
Otra cosa que tenemos por cierta es que la abridera de Allariz, tallada a finales del siglo XIII, estuvo vinculada al monasterio damianita que la reina Violante fundó en esa localidad orensana. Algunos expertos consideran que esta pieza fue una donación de Violante, aunque otros prefieren mantener cierta prudencia. En todo caso, es perfectamente posible que aquella pequeña maravilla formara parte de la propia capilla móvil de la reina y que las Damianitas (futuras Clarisas) la recibieran como un preciado regalo real.
Virgen abridera de Allariz (Orense).
Elefante y su cría en el bestiario de Hugh of Fouilloy (siglo XII). Bibliothèque Municipale de Valenciennes, MS 101 [De avibus / Physiologus], folio 196r. El término ALIFANTE (y su variante gráfica ALIFANT) aparece registrado en importantes obras de la literatura española medieval. En el Tesoro de los diccionarios históricos de la Real Academia
Española (RAE) se documenta su uso continuo desde el siglo XIII hasta finales de la Edad Media.
Por lo que se refiere a la Virgen abridera de Salamanca, la relación de la reina Violante con esta ciudad del reino de León resulta muy sugerente, sobre todo porque, al igual que en Allariz, las Damianitas están de por medio. En 1257 el papa Alejandro IV pidió a la reina por medio de una bula que diera su amparo a las religiosas damianitas de Salamanca y, al día siguiente, 2 de diciembre, le concedió un privilegio excepcional: poder entrar en la clausura del monasterio dos o tres veces al año para visitarlas. Sabemos, por tanto, que Violante mantuvo una relación directa con aquella comunidad de religiosas salmantina que, con el tiempo, terminaría conviertiéndose en la del convento de Santa Clara.
Virgen abridera de Salamanca.
Segundo dibujo del elefante que el rey Luis IX de Francia regaló al rey Enrique III de Inglaterra en 1255. Iluminación restaurada con IA perteneciente a la Chronica Majora de Mateo Paris.
Otra bula conservada en el archivo de dicho convento salmantino, esta fechada el 27 de junio de 1258, encomienda a la infanta Berenguela dicho cenobio y sus monjas de clausura. Alfonso X y Violante tuvieron una hija de nombre Berenguela, pero en el tiempo en el que se emitió esta bula contaba con cinco años de edad, así que la protagonista de la misma ha de ser la homónima hermana del rey, nacida en 1228, de la que sabemos con certeza que profesó como monja. De hecho, la historia de cómo fue prometida para la vida religiosa, al salvar la Virgen su vida cuando enfermó gravemente siendo bebé, está contada en la cantiga CXXII. Así las cosas, lo que sí parece claro es que los conventos damianitas de Salamanca y Allariz fueron espacios
espirituales franciscanos próximos a la familia de Alfonso X. Lamentablemente, no sabemos si la reina Violante o su cuñada Berenguela tuvieron algo que ver con la virgen abridera de marfil que se conserva en la Catedral Vieja de Salamanca, del mismo modo que parece que la monarca tuvo que ver con la de Allariz.
Cantiga CXXII, que lleva por título "De cómo Santa María resucitó a una infanta, hija de un rey,
que después se hizo monja y muy santa mujer".
En la localidad portuguesa de Évora se conserva otro ejemplar de Virgen abridera, pero esta está datada hacia 1330, así que ya no se puede relacionar de ningún modo con la reina Violante, pero sí puede verse como heredera de una tradición mariana que tuvo uno de sus focos más destacados en el entorno de la corte de Alfonso X y su consorte aragonesa: la devoción a los Gozos de María, el franciscanismo y el gusto cortesano por las pequeñas imágenes de marfil destinadas a la oración y contemplación privada.
Virgen abridera de Évora (Portugal)
Y si la Virgen era un modelo, el elefante no lo era menos, ya que, en la Edad Media, este colosal animal era considerado un ser extraordinario y casi legendario. Se le atribuían virtudes tales como la fortaleza, la sabiduría, la prudencia y la castidad. De hecho, los bestiarios medievales destacaban especialmente que el elefante era fiel a su pareja, afectuoso con sus crías y enemigo de la violencia, convirtiéndolo así en símbolo de nobleza, templanza y virtud cristiana. Por ejemplo, en el Physiologus se decía que “El elefante es concebido como una criatura sin apetito sexual que tiene coito únicamente con la finalidad de procrear y solo siente deseo una vez que ha comido de la raíz de la mandrágora, es, entonces, una alegoría de la castidad marital cristiana. Su gran enemigo, es el dragón y contra él debe montar guardia a la hora del parto de la hembra elefante.”
Elefante luchando contra un dragón en el manuscrito Harley. British Library, Harley MS 3244 (folio 39v).
Y aquí concluyo, reivindicando a los magníficos proboscídeos y al personaje histórico de la reina Violante, quien, frente a tantas adversidades como tuvo que enfrentar en su vida, bien pudo haberse reconocido en aquellas virtudes que la tradición medieval atribuía al elefante y que también encontraba personificadas en la Virgen. De este modo, esta triada medieval hispánica de Virgen de marfil, reina y elefante no sólo presenta una imagen extraordinaria, sino que parece construir, a través de sus protagonistas, una red de casualidades, o no tan casualidades, que quizá nos ayuden a aprender algo más de un mundo en el que las reinas oraban frente a figuras marianas de marfil para luego irse a descansar hojeando un hermoso bestiario iluminado en el que nunca faltaba un alifante.
Monografía dedicada a la reina Violante de Aragón, reina consorte de Castilla y de León, por la profesora María Jesús Fuente Pérez.
Miguel Ángel Martín Mas
Puedes ver más imágenes de elefantes representados en la Edad Media en:
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