Postulaba mi fraile favorito, el franciscano inglés Guillermo de Ockham, que la explicación más sencilla suele ser la más probable. Si este principio metodológico y filosófico sirvió, en su día, para relacionar unas chovas piquirrojas pintadas en una techumbre medieval de Salamanca con santo Tomás Cantuariense, la dinastía Plantagenet y la reina Berenguela, bien podría servir ahora, apuntando, además, en la misma dirección, para dar cuenta de quién costeó el apostolado de Alba de Tormes y de cuál fue su ubicación original.
Dibujo con el texto frater Occham iste (este es el hermano Occham) de un manuscrito de la Summa Logicae, 1341.
Cristo del apostolado de Alba.
Número 15 de la revista Historia y Genealogía, publicada por la Universidad de Córdoba, que contiene el artículo titulado "La decoración heráldica de la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca".
Este hermoso conjunto escultórico de Cristo y sus doce apóstoles —incluyendo a san Pablo y excluyendo a Judas Iscariote— se conserva totalmente descontextualizado en el ábside central de la iglesia de San Juan de la villa albense junto a una Virgen que, seguramente, también formaba parte del mismo. Se cree que es una obra de en torno al año 1200, del tiempo en el que en León reinaban Alfonso IX y Berenguela, y que debió de estar ubicada en la fachada de alguna de la docena de iglesias románicas de la localidad cuyo derrumbe ni se quiso ni se pudo evitar.
Poco más se conoce de esta obra, aparte de las consabidas consideraciones histórico-artísticas y teológicas, las cuales creo que se deberían complementar con algunos hechos históricos que no acierto a entender por qué no se tienen nunca en cuenta a la hora de hablar de la misma.
I. Si el apostolado es una obra de 1200 ubicado en el exterior de una iglesia construida en piedra en un lugar donde la construcción de los templos románicos se hacía en ladrillo, material mucho más económico, parece que alguien rico y poderoso de esa época decidió, en un momento dado, hacer un caro regalo en forma de templo a Alba de Tormes, villa con la que probablemente tendría algún tipo de vínculo.
La reina Berenguela junto a su esposo el rey Alfonso IX de León hacia 1200. Ilustración de José Luis García Morán para la exposición permanente ALBA MEDIEVAL - UNA HISTORIA DE LEONES Y CASTILLOS.
II. El apostolado de la villa leonesa de Alba tiene un mellizo en la iglesia de Notre-Dame la Grande en Poitiers, ciudad de nacimiento y corte de Leonor de Aquitania, que tuvo una hija, Leonor Plantagenet, que fue reina consorte de Castilla entre 1170 y 1214, y una nieta, la infanta castellana Berenguela, que fue reina consorte de León y tenente de Salamanca entre 1197 y 1204.
III. Leonor de Aquitania visitó con un gran séquito a su hija y nietas castellanas en el año 1200, llevándose a su vuelta a Poitiers a su nieta Blanca para casarla con el heredero del trono de Francia.
Fachada meridional de la catedral de Ciudad Rodrigo, también construida en tiempos de la reina Berenguela.
IV. Una de las iglesias románicas de Alba que no se han conservado estaba bajo la advocación de san Hervás, es decir, san Gervasio, culto muy extendido en los territorios de Normandía, Angers, Aquitania y Gascuña, todos bajo el control del rey Enrique II Plantagenet de Inglaterra y Leonor de Aquitania, los abuelos maternos de la reina Berenguela de León y de Castilla. Baste mencionar aquí que la catedral de Gisors está bajo la advocación de san Gervasio y san Protasio y que, además, fue construida bajo mandato de dicha pareja real a partir de 1160.
Martirio de los hermanos y santos Gervasio y Protasio en una miniatura francesa del s. XIV (París, Bib. nationale, ms. Français 185).
Mapa de iglesias bajo la advocación de San Gervasio en los territorios históricos de Normandía y Aquitania.
Catedral de San Gervasio y San Protasio en Soissons, donde se produjo el milagro que se cuenta en la cantiga LIII de las Cantigas de Santa María, obra patrocinada por el rey Alfonso X el Sabio, nieto de Berenguela.
V. Dos templos bajo la advocación de san Gervasio y localizados en lo que fuera el ducado de Normandía están íntimamente relacionados con Tomás de Canterbury, el santo protector de la dinastía Plantagenet, a la que pertenecía la reina Berenguela. Por un lado, ocurrió que, en el verano de 1161, cuando Tomás Becket todavía ejercía como canciller de Inglaterra, antes de ser nombrado arzobispo de Canterbury, este cayó gravemente enfermo durante una estancia en Normandía y tuvo que pasar una larga convalecencia en el priorato benedictino de San Gervasio en la ciudad de Rouen. Fue un episodio tan relevante que el rey Enrique II de Inglaterra y el rey Luis VII de Francia acudieron juntos a visitarlo. Posteriormente, tras el brutal asesinato de Becket en 1170, la iglesia de dicho priorato de San Gervasio albergó reliquias del mártir, cediendo una parte de ellas a la catedral de Rouen en el año 1222. Por otro lado, en Avranches, concretamente y no casualmente en la plaza Thomas Becket, se conserva una piedra de la antigua catedral, recordando que fue en dicho templo donde el rey Enrique II Plantagenet hizo una primera penitencia pública en 1172 para obtener la absolución papal, ya que se sospechaba que había inspirado el asesinato de su antiguo amigo el arzobispo de Canterbury.
Piedra de Enrique II, resto que se conserva de la catedral de Avranches, que se derrumbó a principios del siglo XIX, ya que fue muy dañada en su estructura durante la Revolución Francesa.
Asesinato del arzobispo Tomás Becket representado en una pintural mural de hacia 1200 en la iglesia de Saint James en Bramley (Hampshire - Inglaterra).
Penitencia del rey Enrique II de Inglaterra ante la tumba de Tomás Becket en Canterbury.
VI. La villa leonesa de Alba de Tormes y su tierra quedaron asoladas en el verano de 1197 tras un brutal ataque llevado a cabo por tropas aliadas castellanas y aragonesas, que también tomaron el castillo de Carpio Bernardo. Esa guerra entre el reino de León y el de Castilla en la que estuvo enmarcado dicho episodio llegó a su fin con el matrimonio entre la infanta castellana Berenguela y su tío segundo el rey de León, Alfonso IX. Sin figurar la ciudad leonesa de Salamanca en las arras de Berenguela, la reina consorte pasó a ser tenente de la misma y sospecho, aunque no está documentado, que también lo fue, por derecho de conquista de su padre, de Alba de Tormes y del castillo de Carpio Bernardo, ya que dicha fortaleza todavía estaba bajo control castellano cuando se firmó el Tratado de Cabreros en 1206, dos años después de que Berenguela tuviera que separarse del rey leonés por la consanguinidad habida en su matrimonio y las consiguientes presiones del papa.
Ataque de las tropas de Alfonso VIII de Castilla y de Pedro II de Aragón sobre la villa de Alba de Tormes en el verano de 1197. Ilustración de José Luis García Morán para la exposición permanente ALBA MEDIEVAL - UNA HISTORIA DE LEONES Y CASTILLOS.
VII. La iglesia albense de San Hervás (san Gervasio), advocación que, como ya hemos dicho, se relaciona con los orígenes de la reina Berenguela y con Tomás Cantuariense, el santo protector de su dinastía, la Plantagenet, era el templo en el que reunía el concejo de la villa en el siglo XIII, es decir, era probablemente el principal y, en consecuencia, el más suntuoso y donde se recibía al tenente del rey leonés.
Iglesia románica de San Gervasio y San Protasio en la localidad vallisoletana de Santervás de Campos, que precisamente se llama así por san Hervás (Gervasio).
Una vez expuesto todo lo anterior y no teniendo yo, al destino gracias, ninguna responsabilidad en el mundo de lo académico, no me parece descabellado inferir que el apostolado de Alba de Tormes debió de formar parte de la fachada principal de la iglesia de san Hervás y que, además, la construcción de la misma pudiera haber sido sufragada por la acaudalada reina Berenguela, que probablemente fue tenente de la villa. No hay que olvidar que dicha monarca se esforzó por emular los mecenazgos culturales artísticos y culturales de su madre y de su abuela materna en los lugares bajo su mandato y que, a la par, algo de cargo de conciencia debía de tener por la destrucción a la que su padre y su tío segundo, Alfonso VIII de Castilla y Pedro II de Aragón respectivamente, sometieron a Alba de Tormes en ese fatídico verano de 1197. Y, si así fueran las cosas, cada vez que vaya a ver de nuevo esa maravilla que es el apostolado, me placerá admirarlo como un monumento a la paz y reconciliación entre dos reinos medievales rivales que terminarían teniendo el mismo rey, Fernando III de Castilla desde 1217 y de León desde 1230, el hijo primogénito de Berenguela y Alfonso IX de León; por cierto, fue este el monarca que estrenaría una señal heráldica que es una belleza histórica que todavía conservamos y que es el cuartelado de castillos de oro en campo de gules y leones púrpura en campo de plata.
La reina Berenguela, su hijo el rey Fernando III y su nieto Alfonso, futuro monarca X de su nombre. Ilustración de José Luis García Morán para la exposición permanente ALBA MEDIEVAL - UNA HISTORIA DE LEONES Y CASTILLOS.
Cuartelado de castillos y leones en una pintura mural del castillo de Alcañiz (Teruel).
Miguel Ángel Martín Mas
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