viernes, 4 de septiembre de 2026

La reina Violante, la Virgen y el alifante

El matrimonio entre el infante mayor Alfonso, futuro monarca Alfonso X de Castilla y de León, y la princesa Violante de Aragón fue un asunto de estado, tal y como correspondía a un enlace regio medieval, en el que la mujer era una de las principales herramientas con las que un reino podía tejer alianzas, sellar tratados y asegurar la paz. De este modo, hacia 1240, el rey castellano y leonés Fernando III y el aragonés Jaime I decidieron unir a sus vástagos para asegurar la colaboración entre sus reinos en la lucha contra los musulmanes de al-Àndalus. El acuerdo quedó sellado y, finalmente, Alfonso y Violante se casaron en la ciudad de Valladolid en enero de 1249, ceremonia a la que no pudo asistir la verdadera urdidora política del acuerdo matrimonial, la abuela y preceptora del novio, la reina madre Berenguela, que había fallecido en 1246.


Plafón cerámico del Tratado de Almizra (1244) entre los reinos de Castilla y Aragón en la Torre del Conjurador del Campo de Mirra (Alicante).

Recreación con IA de parte de un tramo de arrocabe de la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca, donde la reina Violante tenía bula papal para pasar a visitar a las habitantes del mismo. El último estudio dedicado a esta magnífica obra medieval dice que en estas tabicas está representando el compromiso entre el infante mayor Alfonso y Violante de Aragón.

El comienzo de este matrimonio no fue precisamente idílico. El caso es que Alfonso ya había tenido una hija, Berenguela, fruto además de su relación con María Alfonso de León, su tía, ya que esta era hija del concubinato entre el abuelo del infante, el rey Alfonso IX de León, y la noble gallega Teresa Gil de Soverosa. Violante, además, apenas tenía trece años cuando la casaron con un infante de veintisiete años que, por lo tanto, ya se las sabía todas en el amor y en la guerra. Por otro lado, Alfonso no abandonó exactamente sus costumbres amatorias, puesto que durante su matrimonio mantuvo otras relaciones, entre ellas con Mayor Guillén de Guzmán, con quien tuvo a Beatriz, futura reina de Portugal.

Soportando infidelidades y desprecios, la valiente Violante se las apañó para terminar desempeñando un papel político de primer orden junto a Alfonso. De este modo, aquel matrimonio concertado entre dos muchachos de sangre real terminó convirtiéndose en una de las parejas más importantes —y también más complicadas y desavenidas— de los reinos de Castilla y de León del siglo XIII.


Alfonso X, Violante de Aragón y el infante mayor Fernando de la Cerda en el Tumbo de Toxos Outos, conservado en el Archivo Histórico Nacional.

Si Alfonso X y Violante de Aragón no parecían tener demasiado en común en su vida matrimonial, al menos compartían una devoción: la Virgen. Y las Cantigas de Santa María nos dejaron una prueba bastante extraordinaria. En la cantiga CCCXLV, mientras ambos descansaban en Sevilla, Alfonso y Violante tuvieron el mismo sueño: vieron a Nuestra Señora huyendo de una capilla de Jerez que estaba ardiendo, llevando al Niño Jesús en brazos. Al despertar, Alfonso contó su sueño a Violante… y ella le respondió que acababa de soñar exactamente lo mismo.




Imagen recreada con IA de una figura del rey Alfonso X que aparece en las Cantigas de Santa María. Rey de dos reinos, el de Castilla y el de León, como así se consigna en el capiello que porta en esta imagen y en el emblema cuartelado de castillos y leones. 

Alfonso X recibió hacia 1261, tras casi nueve años de reinado, a una espectacular embajada del sultán de Egipto, Baybars, cargada de regalos y animales exóticos: una jirafa, una cebra y otras criaturas que debieron de dejar boquiabierta a la corte castellana y leonesa. La tradición ha relacionado también con aquel regalo un elefante, de hecho, en la Cantiga XXIX aparecen varios animales exóticos, entre ellos un proboscídeo. Quién sabe si Alfonso y Violante, que no siempre parecían ponerse de acuerdo en cuestiones matrimoniales, encontraron en aquellas extrañas criaturas otro punto de coincidencia. Porque si con la Virgen María tenían sueños compartidos, quizá también compartieran su fascinación por aquel enorme animal llegado desde tierras lejanas.


Viñeta 5 de la cantiga de Santa María XXIX en la que aparece un elefante junto a otros animales de origen africano.


Elefante que el rey Luis IX de Francia regaló al rey Enrique III de Inglaterra en 1255. Iluminación restaurada con IA perteneciente al Liber Additamentorum de Mateo Paris.

Por otro lado, se da la maravillosa casualidad de que durante el reinado de Alfonso X y Violante se realizaron en marfil unas de las más extraordinarias Vírgenes abrideras de la península ibérica: las de Allariz, Salamanca y Évora. Las tres muestran a María entronizada con el Niño y, al abrirse, revelan en su interior escenas de los grandes Gozos de la Virgen. No sabemos si el marfil empleado para la creación  de estas obras de arte procedía de los colmillos del paquidermo que parece que llegó de Egipto, pero, puesto que aquí podemos permitirnos ciertos lujos, vamos a imaginar que pudo ser así. No sabemos cuánto tiempo pudo vivir el elefante de Alfonso X, pero sí tenemos la certeza de que el que el rey Luis IX de Francia regaló al rey Enrique III de Inglaterra en 1255 apenas pudo mantenerse con vida dos años en las frías tierras británicas.

Otra cosa que tenemos por cierta es que la abridera de Allariz, tallada a finales del siglo XIII, estuvo vinculada al monasterio damianita que la reina Violante fundó en esa localidad gallega. Algunos expertos consideran que esta pieza fue una donación casi segura de Violante, aunque otros prefieren mantener cierta prudencia. En todo caso, es perfectamente posible que aquella pequeña maravilla formara parte de la propia capilla móvil de la reina y que las Damianitas (futuras Clarisas) la recibieran como un preciado regalo real.


Virgen abridera de Allariz (Orense).


Elefante y su cría en el bestiario de Hugh of Fouilloy (siglo XII). Bibliothèque Municipale de Valenciennes, MS 101 [De avibus / Physiologus], folio 196r. El término ALIFANTE (y su variante gráfica ALIFANT) aparece registrado en importantes obras de la literatura española medieval. En el Tesoro de los diccionarios históricos de la Real Academia Española (RAE) se documenta su uso continuo desde el siglo XIII hasta finales de la Edad Media.

Por lo que se refiere a la Virgen abridera de Salamanca, la relación de la reina Violante con esta ciudad del reino de León resulta muy sugerente. En 1257 el papa Alejandro IV pidió a la reina por medio de una bula que diera su amparo a las religiosas damianitas de Salamanca y, al día siguiente, 2 de diciembre, le concedió un privilegio excepcional: poder entrar en la clausura del monasterio dos o tres veces al año para visitarlas. Sabemos, por tanto, que Violante mantuvo una relación directa con aquella comunidad de religiosas salmantina.


Virgen abridera de Salamanca. 


Segundo dibujo del elefante que el rey Luis IX de Francia regaló al rey Enrique III de Inglaterra en 1255.  Iluminación restaurada con IA perteneciente a la Chronica Majora de Mateo Paris.

Otra bula conservada en el archivo del convento de Santa Clara de Salamanca, esta fechada el 27 de junio de 1258, encomienda a la infanta Berenguela dicho cenobio y sus monjas de clausura. Alfonso X y Violante tuvieron una hija de nombre Berenguela, pero en el tiempo en el que se emitió esta bula contaba con cinco años de edad, así que la protagonista de la misma ha de ser la homónima hermana del rey, nacida en 1228, de la que sabemos con certeza que profesó como monja. De hecho, la historia de cómo fue prometida para la vida religiosa al salvar la Virgen su vida cuando era un bebé está contada en la cantiga CXXII. Así las cosas, lo que sí parece claro es que el convento damianita de Salamanca, al igual que el de Allariz, fue uno de los espacios espirituales franciscanos próximos a la familia de Alfonso X. Lamentablemente, no sabemos si la reina Violante o su cuñada Berenguela tuvieron algo que ver con la virgen abridera de marfil que se conserva en la Catedral Vieja de Salamanca, como parece que sí tuvo que ver la monarca con la de Allariz, habiendo sido ambas imágenes manufacturadas en tiempos en los que ella fue la consorte de Castilla y de León.



Cantiga CXXII, que lleva por título "De cómo Santa María resucitó a una infanta, hija de un rey,
que después se hizo monja y muy santa mujer".

La Virgen abridera de Évora, datada hacia 1330, ya no la puedo relacionar de ningún modo con la reina Violante, pero sí puede verse como heredera de una tradición mariana que tuvo uno de sus focos más destacados en el entorno de la corte de Alfonso X y su consorte aragonesa: la devoción a los Gozos de María, el franciscanismo y el gusto cortesano por las pequeñas imágenes de marfil destinadas a la oración y contemplación privada.


Virgen abridera de Évora (Portugal)

Y si la Virgen era un modelo, el elefante no lo era menos, ya que, en la Edad Media, este animal era considerado un ser extraordinario y casi legendario. Se le atribuían virtudes tales como la fortaleza, la sabiduría, la prudencia y la castidad. De hecho, los bestiarios medievales destacaban especialmente que el elefante era fiel a su pareja, afectuoso con sus crías y enemigo de la violencia, convirtiéndolo así en símbolo de nobleza, templanza y virtud cristiana.


Elefante esculpido en la portada románica de la iglesia de Santa Maria d’Agramunt (Lleida).


Elefante contra un dragón en el manuscrito Harley. British Library, Harley MS 3244 (folio 39v).

Y aquí concluyo, reivindicando el personaje histórico de la reina Violante, quien, frente a tantas adversidades como tuvo que enfrentar en su vida, bien pudo haberse reconocido en aquellas virtudes que la tradición medieval atribuía al elefante y que también encontraba personificadas en la Virgen. De este modo, esta triada medieval hispánica de Virgen de marfil, reina y elefante no solo presenta una imagen extraordinaria, sino que parece construir, a través de sus protagonistas, una red de casualidades, o no tan casualidades, que quizá nos ayuden a aprender algo más de un periodo histórico tan fascinante que las reinas se postraban a orar frente a figuras marianas de marfil para luego irse a descansar hojeando un hermoso bestiario iluminado en el que no faltaba nunca un alifante.


Monografía dedicada a la reina Violante de Aragón, reina consorte de Castilla y de León, por la profesora María Jesús Fuente Pérez.



Miguel Ángel Martín Mas


Puedes ver más imágenes de elefantes representados en la Edad Media en:


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domingo, 30 de agosto de 2026

Salamanca entre leones y castillos

Esta historia comienza en el año 910, cuando la capital del reino cristiano de Asturias —que antes había estado en Cangas de Onís, Pravia y Oviedo— se estableció en la ciudad de León, dándose así paso a una nueva etapa política y en la lucha contra los musulmanes de al-Àndalus. Desde entonces, la monarquía leonesa extendió su autoridad sobre un amplio territorio que, más o menos, comprendía los actuales territorios de Asturias, Galicia, León, el norte de Portugal, Zamora y Castilla. El reino de León junto al de Pamplona y los condados catalanes se convirtió de este modo en uno de los principales centros políticos cristianos de la península ibérica, lo que le conduciría a tener un papel clave en la historia de la España medieval, teniendo en cuenta que en el siglo X todavía no habían nacido los otros tres reinos cristianos peninsulares: Portugal y Castilla, ambos escisiones del reino de León, y Aragón, escisión del reino de Navarra.


La batalla de Simancas, librada en el 939, en la que las tropas de Ramiro II de León derrotaron a las fuerzas del califa Abderramán III, permitió a la monarquía leonesa reforzar su posición y avanzar hacia el sur. Tras dicha victoria, se consolidó la ocupación de nuevos territorios y se impulsó la repoblación de las tierras situadas al sur del Duero, extendiendo notablemente el espacio bajo dominio leonés, que a partir de entonces incluiría también la ciudad de Salamanca. Esta expansión no paró, ya que, por ejemplo, el reino leonés conquistó la actual ciudad portuguesa de Viseu en 1058 y la hoy castellanomanchega Toledo en 1085.


El rey Alfonso VII de León, proclamado Imperator totius Hispaniae en 1135, representado en el códice conocido como Tumbo A de Santiago.


León pintado en una tabla que se expone en el museo del convento de santa Clara de Carrión de los Condes (Palencia).

El félido que representa al reino de León es un emblema parlante, lo que quiere decir que la propia figura hace referencia al nombre del reino. Apareció por primera vez en monedas acuñadas entre 1126 y 1157, durante el reinado del emperador Alfonso VII. En un principio el león sería pasante, tal como aparece en los signos rodados de Fernando II, pero luego se tornaría en rampante para ajustarse a la forma de almendra que tenía el escudo de cometa, que era el que estaba de moda en el siglo XII. Así, rampante, aparece en el anverso de un sello de cera del concejo de Alba de Tormes, que acompaña a un documento de 1261 y que muestra en el reverso un puente, dando así cuenta de que esta villa leonesa era de realengo y concejil en aquella época.


Vellón acuñado entre 1147 y 1155, durante el reinado del emperador Alfonso VII de León.


Signo rodado del rey Fernando II de León estampado en un documento que concedía un privilegio en la ciudad de Toledo en el año 1162. 


Anverso del sello del concejo de la villa leonesa de Alba de Tormes.

Es gracias al códice conocido como Tumbo A de Santiago, en el que aparece una representación a caballo del rey Alfonso IX de León, que sabemos que el león era de color púrpura y que estaba colocado sobre un campo blanco.


Fernando II de León en el Tumbo A de Santiago.


Alfonso IX de León con un león rampante en el escudo en el Tumbo A de Santiago.

Al morir el emperador Alfonso VII en el año 1157, el reino de León lo heredaría su hijo Fernando (II), quedándose su hijo Sancho (III) un reino recién nacido, el de Castilla. Sancho murió al cabo de un año, dejando su reino en manos de un monarca que conocemos como Alfonso VIII de Castilla. Lo interesante aquí y ahora es que el castillo representativo del reino de Castilla es también un emblema parlante; lo comenzó a usar a partir de 1170 el rey Alfonso VIII. Parece ser que el hecho de que se trate de un castillo de oro sobre un campo rojo tiene que ver con que las armas heráldicas de su esposa, Leonor Plantagenet, tenían esas tonalidades, las propias de su padre, el rey de Inglaterra, que lucía un leopardo de oro sobre un campo rojo.



Infografías del heraldista salmantino José Moreiro Píriz.


Anverso y reverso de dos monedas acuñadas durante el reinado de Alfonso VIII de Castilla.


Alfonso VIII de Castilla y su esposa Leonor Plantagenet representados con un signo rodado que contiene un castillo en el Tumbo Menor de Castilla. 


Castillo pintado en una tabla que se expone en el museo del convento de santa Clara de Carrión de los Condes (Palencia).

Alfonso VIII de Castilla casó en 1197 a su hija Berenguela con su peor enemigo, su primo Alfonso IX de León, lo que trajo la paz entre los dos reinos. En el año 1217 el hijo primogénito de ese matrimonio, Fernando III, fue proclamado rey de Castilla tras haber fallecido su abuelo en 1214 y su tío tres años después. Tras la muerte de su padre en 1230, sería proclamado también rey de León, todo, por supuesto, gracias a la habilidad política y diplomática de su madre, que por algo es recordada como la reina Berenguela la Grande.


Fernando III de Castilla y de León por el ilustrador salmantino José Luis García Morán.



Capitel con león y castillo en una iglesia de Miranda de Ebro. 

Con Fernando III como monarca del reino del castillo y del reino del león surgieron dos innovaciones heráldicas originales: la bordura y el cuartelado. La bordura permitió por primera vez dejar constancia de la ascendencia paterna y materna en un solo escudo, algo que parece un precedente de nuestros dos apellidos actuales. Alfonso de Molina, hijo segundogénito de Alfonso IX de León y Berenguela de Castilla, usó como señal heráldica el león púrpura sobre campo blanco de su padre añadiendo una bordura de castillos de oro sobre fondo rojo en recuerdo de su madre.



Infografías del heraldista salmantino José Moreiro Píriz.

El cuartelado en cruz de leones y castillos nació como emblema personal del rey Fernando III cuando, a partir de 1230, pasó a ser simultáneamente monarca de Castilla y de León, y era de su uso exclusivo. Los familiares del monarca podían lucir cuartelados, pero éstos debían adoptar variantes que les distinguieran del rey; por ejemplo, cuartelar el escudo en aspa en lugar de hacerlo en cruz.


Fernando III de Castilla desde 1217 y de León desde 1230 el Tumbo A de Santiago. Todavía no se le muestra con cuartelado, pero queda claro que es rey de dos reinos al estar flanqueado por los emblemas parlantes del castillo y del león.


Cuartelado de los reinos de Castilla y de León en sotuer o en aspa. Infografía del heraldista salmantino José Moreiro Píriz.

El rey Alfonso X el Sabio heredó el cuartelado en cruz de leones y de castillos a la muerte de su padre y fue el que comenzó a usarlo siempre, así que portando el mismo lo podemos ver representado en el códice denominado Tumbo A de Santiago y en el Libro de los Juegos.




León sobre un capiello representado en la Cantiga de Santa María CCV y león pintado en el arrocabe de la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca.

Cinco de los hermanos del rey Alfonso X también tuvieron como armas un cuartelado, pero con variantes:

· Castillos de oro y cruces flordelisadas púrpura para Enrique de Castilla.


· Castillos de oro y águilas negras, éstas últimas por su madre, Beatriz de Suabia, para Felipe de Castilla.


· Leones púrpuras y manos aladas sujetando una espada para Manuel de Castilla.


· Bandas rojas cargadas de roeles de oro —propias del condado de Aumale, heredado de su madre, Juana de Ponthieu— combinadas con castillos para Fernando de Castilla.


· Castillos de oro y fajado de color azul para Luis de Castilla.


En cambio, Fadrique de Castilla prefirió emplear el castillo de oro en campo rojo en solitario, del mismo modo que lo había empleado su bisabuelo Alfonso VIII de Castilla.


Con el transcurso del tiempo, muchos nobles irán adoptando como propios los emblemas del castillo y el león. Esto les servirá para intentar evidenciar su antigüedad o entronque lejano con la familia real. En la gran mayoría de los casos todo será fruto de la invención de nuevos linajes, que van consiguiendo encumbrarse y a la par buscan hacerse pasar por nobleza de viejo cuño. Ésta es probablemente la razón por la que en la iglesia de Santiago de Alba de Tormes el sepulcro del caballero Antón de Ledesma, fallecido en el año 1492, luce un escudo cuartelado en aspa con castillos y leones. O por la que en el Libro de los Caballeros de Santiago, el armorial ecuestre más antiguo de Europa, de la primera mitad del siglo XIV, caballeros villanos de Burgos portan escudos cuartelados y con borduras que contienen castillos de Castilla, una señal que hasta entonces había sido de uso exclusivo de la familia real. 




El reino de Portugal, que antes fue el condado Portucalense, vasallo del reino de León, nació cuando Afonso Henriques fue proclamado rey tras su victoria en la batalla de Ourique, librada en 1139. A Alfonso VII de León no le quedó más remedio que reconocer a su primo Afonso I como rey vasallo suyo en 1143. Años más tarde, en 1179, el reino luso tuvo reconocimiento pontificio, consolidándose así definitivamente su independencia. Mención especial merece el escudo de Portugal, con las quinas azules sobre campo blanco y una bordura roja cargada con castillos de oro. Esta señal real surgió con el monarca luso Afonso III, cuyo padre fue Afonso II de Portugal y su madre Urraca de Castilla, una de las tías maternas de Fernando III de Castilla y de León, siendo este escudo un ejemplo más de que este diseño con bordura, nacido en los reinos de Castilla y de León, servía para dar cuenta del origen paterno y materno del poseedor del mismo. 


Para terminar, como caso curioso tenemos el sello concejil de la ciudad de Córdoba, conquistada en 1236, cuando Fernando III lleva ya seis años como rey de los dos reinos, y que muestra un león, sin castillo alguno, lo que significa que la antigua ciudad califal quedó adscrita al reino de León.




Miguel Ángel Martín Mas



La más bonita selección de señales de los reinos de Castilla y de León y de cuartelados con leones, castillos y otros elementos, todo de mediados del siglo XIII, puedes encontrarla en la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca:




La reina Violante, la Virgen y el alifante

El matrimonio entre el infante mayor Alfonso, futuro monarca Alfonso X de Castilla y de León, y la princesa Violante de Aragón fue un asunto...