La infanta Berenguela, nacida en torno a 1228, era una princesa de extraordinario rango en la Europa del siglo XIII. No obstante, su destino no sería el de ser utilizada como un mero peón en el tablero de las alianzas dinásticas de la época, sino el de profesar como monja en un monasterio creado para mujeres de alta alcurnia: el de Santa María la Real de Las Huelgas en Burgos. Hija de los reyes Fernando III de Castilla y de León y Beatriz de Suabia, por parte paterna era nieta de Alfonso IX de León y de la célebre Berenguela la Grande; por su madre descendía de la poderosa casa de los emperadores germánicos y también de los emperadores bizantinos. Es decir, que en su persona confluían cuatro de los linajes reales cristianos de su tiempo: los Borgoña, los Plantagenet, los Hohenstaufen y los Ángelos. Todo este nobilísimo entronque la convertía, además, en la hermana de uno de nuestros monarcas medievales más conocidos: Alfonso X el Sabio.
La infanta Berenguela antes de profesar como religiosa en Las Huelgas de Burgos. Imagen generada con IA.
Armas heráldicas de la infanta Berenguela reconstruidas tomando como modelo su sello, descrito por el heraldista Faustino Menéndez Pidal de Navascués del siguiente modo: "Conocemos un sello de esta infanta que ostenta en el campo el cuartelado real, rodeado como en bordura de cuatro castillos y cuatro águilas, alternándose". Heráldica Medieval Española, I: La Casa Real de León y Castilla, Madrid, Hidalguía / Instituto Salazar y Castro, 1982, p. 104. Imagen generada con IA.
No se sabe mucho de la vida de la infanta Berenguela, pero un episodio clave de la misma quedó registrado en la Cantiga de Santa María CXXII, que tiene por título “De cómo Santa María resucitó a una infanta, hija de un rey, que después se hizo monja y muy santa mujer” y como estribillo Muchos milagros hace por los reyes / Santa María, siempre que quiere.
La Cantiga cuenta y canta que Fernando III y Beatriz de Suabia habían tenido una niña a la que prometieron como puella oblata a la Orden del Císter. El caso es que, siendo aún un bebé, enfermó gravemente y murió, así que la desesperada madre depositó el cadáver de su hija ante la imagen de la Virgen en una capilla de Toledo. La reina ordenó cerrar las puertas y permaneció fuera llorando y rezando mientras insistía en que no abandonaría el lugar hasta que Nuestra Señora le devolviera a su pequeña.
La infanta, por supuesto, terminó profesando en Santa María la Real de Las Huelgas de Burgos, el monasterio femenino más estrechamente ligado a la monarquía castellana, en algún momento entre 1235-1241/42, cuando su madre ya había fallecido. Berenguela, bisnieta de Leonor Plantagenet, que había sido la reina fundadora de este cenobio burgalés en 1187, no iba, desde luego, a ser una monja cualquiera. El caso es que este contaba con una institución peculiar, ya que, junto a la abadesa existía una figura de extraordinaria dignidad, la de Señora de Las Huelgas, que debía pertenecer a la familia real y actuar como intermediaria entre la comunidad y el mundo exterior. La primera mención documental de Berenguela como Señora de Las Huelgas aparece en 1255, y en la misma nos la encontramos interviniendo en asuntos relacionados con el monasterio y con otras comunidades religiosas. Por eso, más que una princesa que simplemente se hizo monja, la infanta Berenguela puede entenderse como una auténtica mediadora entre la monarquía castellana y leonesa y el pujante movimiento religioso femenino del siglo XIII.
La reina madre Berenguela la Grande y el rey Fernando III entregan a la infanta Berenguela a la abadesa de Las Huelgas. Imagen generada con IA.
Rondando esas mismas fechas nos encontramos con otro documento, este relacionando a la infanta con Salamanca, y en concreto con el convento de Santa Clara de dicha ciudad leonesa. En su archivo se conserva una bula del papa Alejandro IV fechada el 27 de junio de 1258 y dirigida a su excelsa persona. En la misma se le encomienda la protección de las Damianitas de Salamanca, que por entonces tenían planes de fundar en la ciudad de Toro y todavía no eran conocidas como Clarisas. Conviene apuntar que en 1258 existía otra infanta Berenguela, esta hija de Alfonso X y Violante de Aragón y, por lo tanto, sobrina de nuestra protagonista, pero esta tenía por entonces solamente cinco años. Resulta, por tanto, imposible que esa niña fuera la destinataria de la bula.
A primera vista podría parecer que este documento de 1258 dirigido a la infanta Berenguela es una más de las numerosas intervenciones pontificias destinadas a proteger a las comunidades religiosas femeninas. Sin embargo, cuando se reconstruye el contexto, la elección de la destinataria resulta extraordinariamente significativa, ya que la relación de Roma con las Damianitas salmantinas no había comenzado en 1258. Veinte años antes, en 1238, el papa Gregorio IX había recurrido al rey Fernando III para solicitar su protección en favor de aquellas religiosas. Y en 1257, el pontífice Alejandro IV había vuelto a intervenir, esta vez dirigiéndose a la reina Violante, esposa de Alfonso X, para que amparase a la comunidad. Hay que recordar que Fernando III era el padre de la infanta Berenguela y que la reina Violante era su cuñada, pero la historia adquiere todavía mayor interés si retrocedemos una generación más. La infanta Berenguela era nieta de la reina Berenguela la Grande, madre de Fernando III y una de las mujeres más poderosas y capaces de los reinos peninsulares cristianos del siglo XIII. Precisamente un reciente estudio publicado en Historia y Genealogía, revista de la Universidad de Córdoba, ha planteado una relación entre la monumental techumbre medieval de la iglesia del convento damianita salmantino y la familia real castellana y leonesa, interpretando su decoración heráldica en conexión con la reina Berenguela la Grande y con el patrocinio de los primeros tiempos de la comunidad. Según este estudio, la coincidencia resulta extraordinaria: la mujer vinculada a los orígenes del patrocinio del convento damianita sería la abuela de la mujer a la que, décadas después, el papa Alejandro IV pediría que continuase favoreciendo a sus religiosas. Así, detrás de un breve pontificio aparentemente aislado puede esconderse una auténtica historia de continuidad dinástica.
De este modo, la bula de 1258 conservada en el convento de Santa Clara de Salamanca adquiere otra dimensión. Ya no sería solamente un papa pidiendo ayuda a una infanta. Sería Roma llamando a la puerta de una familia que, generación tras generación, había estado ligada a las Damianitas de Salamanca.
Durante mucho tiempo se consideró que la fundadora de Santa Clara de Toro había sido la infanta Berenguela que era hija de Alfonso X y Violante de Aragón, pero ya hemos visto que esto era imposible, dada la edad de esta otra infanta en el momento en el que se está planeando la fundación del cenobio toresano. La tradición se apoyaba, entre otras cosas, en el sepulcro monumental que se encontraba en el convento y en su inscripción, que identificaba a la infanta enterrada allí como hija de Alfonso X. También documentos posteriores, como un albalá de 1408, hablan de la “infanta doña Berenguela, hermana del rey don Sancho” enterrada en el monasterio. Quizá tanto la tía como la sobrina estuvieron íntimamente relacionadas con este cenobio de Toro, siendo la segunda donante, refundadora o incluso promotora de una reconstrucción después de la destrucción causada en distintas ciudades castellanas y leonesas por las turbulencias políticas acaecidas a finales del reinado de Alfonso X.
El rey Alfonso X el Sabio y su hermana la infanta Berenguela, Señora de Las Huelgas. Imagen generada con IA.
Nosotros, no obstante, seguimos apostando por la tía como fundadora de las Clarisas de Toro, teniendo en cuenta esa bula de 1258 y que las primeras Damianitas establecidas en Toro procedían precisamente del monasterio de Salamanca. De hecho, algunas fuentes identifican a sor María o Marina de Torres, una Damianita de Salamanca, como la religiosa que puso en marcha la comunidad toresana.
Respecto a esta relación entre las Damianitas de Salamanca y las de Toro, convendría añadir que las pinturas murales del coro bajo del convento de Santa Clara de Salamanca y las procedentes del coro de Santa Clara de Toro, conservadas actualmente en la iglesia toresana de San Sebastián de los Caballeros, pertenecen a un mismo horizonte artístico y devocional. Aunque no puede afirmarse por ahora una relación directa de autoría, sus semejanzas estilísticas, cronológicas e iconográficas permiten plantear la existencia de contactos entre ambos cenobios, posiblemente dentro de una misma tradición pictórica regional y de los intercambios artísticos que afectaron a los conventos femeninos leoneses y castellanos.
Pinturas murales del convento de Santa Clara de Toro con escudos que imitan a los que decoran la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca, incluidos unos que contienen cinco córvidos en sotuer.
Pintura mural del mártir san Bartolomé en el coro bajo de la iglesia de Santa Clara en Salamanca. Obsérvese el escudo con un córvido pintado en la esquina superior izquierda.
La chova piquirroja, el córvido que aparece en la decoración heráldica de la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca y que también, como se puede ver arriba, aparece en las pinturas murales de ese cenobio salmantino y en las del convento de Santa Clara de Toro. Esta ave, según el estudio anteriormente mencionado y publicado por la Universidad de Córdoba, está relacionada con Tomás de Canterbury, santo protector de la dinastía Plantagenet, de la que descendían la reina Berenguela la Grande y su nieta la infanta Berenguela. Imagen generada con IA.
La infanta-monja Berenguela, al igual que hizo su abuela homónima, llevó una vida completamente ligada a la memoria de su familia y permaneció durante décadas vinculada a las Huelgas de Burgos. Su posición fue tan relevante que en 1279 participó en el traslado a Sevilla de los restos de su madre, dentro de la reorganización de los enterramientos regios del monasterio.
Y precisamente en Las Huelgas terminó su vida. La fecha de su muerte aparece de forma diferente en las fuentes: 1279 es la fecha tradicional, relacionada con su intervención en la fundación damianita en Toro, pero otras fuentes modernas han transmitido 1286.
Sepulcro de la infanta Berenguela en Las Huelgas de Burgos. Una de las vertientes de su tapa está decorada con los leones y castillos de su padre y el águila Hohenstaufen de su madre. De hecho, se cree que la reina Beatriz de Suabia estuvo sepultada en él hasta que su hija trasladó su cuerpo a Sevilla, reutilizando luego el sarcófago para ella. Dibujo a lápiz de Francisco Aznar y García (Zaragoza, 1834–1911) ca. 1859, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Fotografía histórica FOT-00072 del sepulcro de la infanta Berenguela. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Miguel Ángel Martín Mas
Charo García de Arriba










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