lunes, 10 de agosto de 2026

Sombras sobre Castilla y León: eclipse solar total en Salamanca y la muerte del príncipe Juan

Cuando Isabel I se proclamó reina en Segovia el 13 de diciembre de 1474, era perfectamente consciente de todas las dificultades que tendría que afrontar, pero no de ciertas desgracias que le tocaría sufrir. Las coronas de los reinos de Castilla y de León no le habían llegado precisamente como un regalo envuelto en papel de seda, así que su ascenso al trono desencadenó una guerra civil. Porque el caso es que su sobrina Juana, la hija del fallecido rey Enrique IV, apoyada por una parte importante de la nobleza y por Alfonso V de Portugal, también reclamaba la corona. Y, por si esto fuera poco, Isabel y su consorte Fernando II de Aragón tuvieron también que hacerse fuertes frente a sus aliados entre la alta nobleza, acostumbrada a hacer y deshacer a su antojo.


En los años siguientes hubo batallas, negociaciones, rebeliones y auténticos quebraderos de cabeza. La victoria de los partidarios isabelinos en Toro, en 1476, fue decisiva, aunque la guerra con Portugal todavía tardaría unos años en acabar. 


Litografía portuguesa conmemorativa de la batalla de Toro titulada "Hecho heroico de Duarte de Almeida el Decepado" (siglo XIX). El estandarte real portugués fue sucesivamente tomado y perdido por los castellanos partidarios de Isabel en los momentos de mayor confusión durante la batalla.[

Y entonces llegó 1478. El año había comenzado con la corte instalada en Sevilla, adonde Isabel y Fernando habían llegado en 1477. Allí se encontraba también la reina cuando, el 30 de junio de 1478, dio a luz al príncipe Juan, el ansiado heredero varón. El parto tuvo lugar en el Alcázar sevillano y fue seguido de grandes celebraciones. Así que, cuando llegó el 29 de julio, Isabel estaba en pleno posparto y continuaba en Sevilla. De hecho, los Reyes Católicos permanecieron en dicha ciudad andaluza hasta septiembre de 1478.


El príncipe Juan en el cuadro La Virgen de los Reyes Católicos, conservado en el Museo Nacional del Prado.

Mientras tanto, a unos cuatrocientos kilómetros al norte, Salamanca estaba a punto de vivir uno de esos acontecimientos que debieron de quedar grabados en la memoria de quienes lo presenciaron. Era 29 de julio, día de Santa Marta, y el Sol estaba en su posición más alta, la del mediodía. De repente comenzó a desaparecer. Primero el fenómeno resultaría algo raro, después un motivo de inquietud y, finalmente, un episodio que para una persona del siglo XV debía de resultar sencillamente sobrecogedor: el Sol quedó completamente oculto y en pleno día aparecieron las estrellas.


El eclipse total de Salamanca del 29 de julio de 1478. Imagen generada con IA.

No tenemos que imaginarnos las reacciones. El cronista Andrés Bernáldez, que registró el acontecimiento, cuenta que el eclipse fue considerado “el más espantoso” que habían visto quienes entonces vivían: el Sol se volvió negro, aparecieron las estrellas y la oscuridad provocó miedo entre la población, hasta el punto de que muchas personas corrieron a refugiarse en las iglesias.

En Salamanca, además, no fue un eclipse cualquiera. La ciudad quedó dentro de la franja de totalidad y la oscuridad se prolongó durante varios minutos. Las investigaciones astronómicas modernas confirman que el eclipse del 29 de julio de 1478 fue total y que su magnitud alcanzó 1,0676, es decir, que el disco de la Luna cubrió por completo el del Sol.


Ilustración de un eclipse de sol. Tratado de Astrología de Enrique de Villena. 1438. BNE, Ms. Res/2, f. 31r. Imagen restaurada con IA.

Por otro lado, Salamanca era precisamente uno de los lugares de la península ibérica donde había personas capaces de comprender y, hasta cierto punto, predecir aquel fenómeno. En la ciudad del Tormes vivía por entonces Abraham Zacut, nacido en Salamanca hacia 1452, matemático, astrónomo y astrólogo de religión judía. Por aquellas fechas estaba trabajando precisamente en su obra Compilación Magna, cuyas tablas astronómicas estaban adaptadas al meridiano de Salamanca. La obra quedó terminada entre 1478 y 1479.

Podemos imaginar, por tanto, a Zacut siguiendo aquel extraño mediodía salmantino con mucha más curiosidad que miedo, mientras en las calles sus vecinos contemplaban aterrados cómo desaparecía el Sol. Y sabemos que el propio Zacut dejó posteriormente constancia del fenómeno, describiéndolo como un eclipse extraordinario en el que el cielo se oscureció como si fuera medianoche.


El astrónomo Abraham Zacut.

También estaba en plena actividad la cátedra de Astrología de la Universidad de Salamanca, una de las más importantes de la Europa del momento. Por sus aulas habían pasado astrónomos tales como Nicolás Polonio y Juan de Selaya, y en esos años la Astronomía salmantina mezclaba todavía, como era normal entonces, el estudio matemático de los cielos con la superstición astrológica.


En las décadas de 1470-1480 Salamanca tenía un ambiente astronómico particularmente importante. El Cielo de Salamanca, realizado en torno a esos años, es precisamente una manifestación extraordinaria de ese interés científico por la astronomía.

Para la reina Isabel, aquel eclipse ocurrió mientras su reinado estaba todavía en construcción. Para los salmantinos, en cambio, aquel mediodía debió de parecer como si el mismísimo orden del mundo se hubiera detenido durante unos minutos.


Los reyes Católicos. Imagen generada con IA.


Colón llegó a Salamanca en 1486 siguiendo a la corte de los Reyes Católicos y encontró allí un ambiente universitario especialmente prestigioso en Astronomía, Astrología, Matemáticas y Cosmografía. Por ello, Salamanca se convirtió en uno de los lugares donde sus cálculos y su proyecto de navegación hacia Occidente podían ser examinados por especialistas.

Y he aquí una inquietante coincidencia en la que supongo que ya habréis reparado: la reina Isabel estaba en Sevilla con su hijo, el príncipe Juan, con apenas un mes de vida, mientras sobre Salamanca el cielo parecía anunciar, de una manera tenebrosa y siniestra, la gran desgracia que se cernía sobre la familia real. Porque la muerte del heredero de Castilla y de León acaeció cuando este tenía diecinueve años de edad, el 4 de octubre de 1497, y precisamente en la ciudad leonesa de Salamanca, donde apenas un mes después de su nacimiento el día se tornó en noche cuando el Sol alcanzó su cenit.


Estatua yacente del príncipe Juan, obra del escultor Agustín Casillas, erigida en Salamanca en homenaje al malogrado heredero de los Reyes Católicos.


Miguel Ángel Martín Mas

viernes, 24 de julio de 2026

Cuando la Virgen venció al dinosaurio

Existe una hipótesis sugerente, aunque difícil de demostrar de forma concluyente, según la cual parte del imaginario fantástico contenido en los bestiarios medievales podría haber estado influido por el descubrimiento accidental de fósiles de grandes animales prehistóricos. En una época en la que los conceptos de extinción, evolución o millones de años eran completamente desconocidos, el hallazgo de enormes huesos incrustados en la roca debía de resultar profundamente desconcertante. Para un campesino, un pastor, un minero o un cazador medieval, encontrar un cráneo gigantesco con enormes dientes, una vértebra del tamaño de un escudo o un fémur mucho mayor que el de cualquier animal conocido solo podía admitir una explicación lógica dentro de la cosmovisión de su tiempo: aquellas criaturas debían de existir todavía, aunque habitasen lugares remotos e inaccesibles.


Imagen generada mediante IA que imita una viñeta de las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio, en la que un dinosaurio de la especie Baryonyx aparece en la orilla de un río del Cretácico.

No obstante, puede que dicha creencia ya estuviera extendida desde tiempos más antiguos, ya que no hay más que echar un vistazo a esta crátera corintia de mediados del siglo VI a. C. En ella se representa el rescate de Hesíone por Hércules, quien combate al monstruo marino enviado para devorar a la princesa troyana y que, desde luego, parece el craneo fosilizado de un animal antediluviano incrustado en una roca. 


Crátera corintia conservada en el Museum of Fine Arts de Boston. 


Poseidón envió un monstruo marino para castigar a la ciudad de Troya y un oráculo decretó que la princesa debía ser sacrificada para apaciguar a la bestia. Hércules aceptó enfrentarse al monstruo a cambio de una recompensa prometida por el rey. En la escena, el héroe aparece armado con arco y espada mientras combate a la criatura, al tiempo que Hesíone, situada junto a él, le tira piedras. Tras dar muerte al monstruo y salvar a la joven, Hércules no recibió la recompensa acordada, lo que desencadenó una expedición contra Troya.


Magnífico libro de Adrienne Mayor, historiadora de la ciencia antigua y folclorista clásica estadounidense, cuya tesis principal es que muchos mitos y creencias populares están basados en las interpretaciones de la naturaleza que hacían las culturas precientíficas.


San Miguel Arcángel matando al dragón celestial del Apocalipsis en un manuscrito iluminado italiano del último cuarto del siglo XIII.

Precisamente, nos encontramos con una bestia en la cantiga CLXXXIX, que tiene por título "Esta es sobre un hombre que iba a Santa María de Salas se encontró un dragón en el camino y lo mató, pero quedó leproso por su veneno y después lo curó Santa María" y cuyo estribillo reza de la siguiente manera: Bien puede curar Santa María de cualquier veneno / pues es madre del que venció al basilisco y al dragón.


Siendo la Virgen "madre del que venció al dragón", no es extraño que este animal fantástico esté profusamente representado en el arte religioso medieval, no hay más que ver los pintados en la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca, los que aparecen en capiteles y portadas de multitud de iglesias románicas y el que mató Santa Marta, la Tarasca, acción bellamente mostrada en las pinturas del monasterio de Santa Clara de Toro y que se pueden ver musealizadas en la iglesia de San Sebastián de los Caballeros de esta misma ciudad. 






Santa Marta y Tarasca que desfilan el día del Corpus en la ciudad de Zamora.

Según nos cuenta dicha cantiga, un animal con forma de dragón se cruzó al oscurecer en el camino de un peregrino valenciano, que se había extraviado, y que se dirigía hacia el santuario oscense de Nuestra Señora de Salas.


Muerto de miedo, pero confiando en el poder protector del manto de Nuestra Señora, no corrió, sino que rezó, lo que le imbuyó ánimo, corrió hacia la bestia y le asestó tal mandoble con su viejo espadón que le partió el corazón en dos.


El caso es que la sangre y el aliento ponzoñosos de la bestia alcanzaron la cara del valiente peregrino, que se contagió así de la temida enfermedad de la lepra, que empezó a mostrar sus terribles sintomas apenas unos pocos días después del encarnecido combate. Así las cosas, la mejor opción era no dejar de caminar hasta llegar el santuario de Salas, donde se arrodillaría ante la Virgen para volverle a pedir su amparo.


Este santuario oscense se fundó alrededor del año 1200 bajo el mecenazgo de la reina Sancha de Castilla, esposa y viuda del rey Alfonso II de Aragón, madre de Pedro II de Aragón y tía del rey Alfonso VIII de Castilla, por el que sentía un especial cariño.


Alfonso II de Aragón y su consorte Sancha de Castilla en el Liber Feudorum Maior, de finales de siglo XII.



Lloró tanto el peregrino ante la Virgen de Salas que muy pronto quedó curado, evitando así pasar el resto de sus días en un lazareto, donde, entre fríos muros, el sufrimiento, la soledad y la muerte eran compañeros cotidianos de quienes eran apartados del mundo con la esperanza de contener el contagio.



Los feligreses de la iglesia alabaron a la Virgen con el cántico que dice "Bien puede curar Santa María de cualquier veneno / pues es madre del que venció al basilisco y al dragón" y celebraron con una procesión que aquel hombre quedara curado de tan mala enfermedad de la que, además, podían haber resultado contagiados. 




Talla románica de la Virgen oscense de Salas.

Buscando parecidos a la bestia que aparece en esta cantiga CLXXXIX, lo cierto es que recuerda a tres animales prehistóricos tales como el Inostrancevia, el Postosuchus o incluso a un Rauisiquio, animales con los que combate el rey Alfonso X el Sabio en las siguientes ilustraciones imaginadas y generadas con IA.




Quién sabe, pero es posible que algunos de los dragones y bestias que poblaron manuscritos, crónicas y leyendas medievales no fueran únicamente fruto de la imaginación, sino también el eco lejano de un mundo perdido cuyos huesos seguían emergiendo silenciosamente de la tierra, esperando una explicación que la ciencia tardaría varios siglos en proporcionar. De hecho, El término "dinosaurio" no fue acuñado hasta el año 1842 por el paleontólogo británico Sir Richard Owen. Lo creó para clasificar y agrupar en un nuevo grupo taxonómico (Dinosauria) a tres especies de enormes reptiles fósiles descubiertos en Inglaterra (Iguanodon, Megalosaurus e Hylaeosaurus) que compartían características únicas y un tamaño gigantesco, como esas criaturas con las que combatían caballeros medievales y santos como san Jorge.



sábado, 18 de julio de 2026

Berenguela, tenente de Salamanca y reina de León y de Castilla

La historia de la ciudad de Salamanca está jalonada con destacados personajes que han contribuido de manera decisiva a la construcción de su identidad. Sin embargo, resulta difícil no sentir cierta tristeza al comprobar que una personalidad de la relevancia histórica de la reina Berenguela ocupa un lugar tan discreto en la memoria pública salmantina. Porque el caso es que Berenguela —hija de Leonor Plantagenet y nieta de Leonor de Aquitania— no solo fue una de las mujeres más influyentes de la Europa medieval, artífice de la continuidad dinástica que hizo posible que su hijo Fernando se convirtiera en 1217 en rey de Castilla y en 1230 de León, sino que, además, tuvo una estrecha vinculación con Salamanca al ostentar la tenencia de esta población leonesa. Su inteligencia, su habilidad política, su capacidad de mediación, su mecenazgo cultural y su decisiva actuación en algunos de los momentos más trascendentales del siglo XIII, incluida la conquista cristiana de al-Ándalus, son méritos sobrados para que no caiga en un olvido tan injusto.


La reina Berenguela nació en 1180 y murió en 1246, siendo reina consorte de León y tenente de Salamanca entre 1197 y 1204, reina madre correinante en Castilla entre 1217 y 1246 y reina madre correinante en León entre 1230 y 1246.

Además, la figura de Berenguela de León y de Castilla merece ser incorporada de una vez por todas al relato sobre los orígenes de la Universidad de Salamanca. Aunque las fuentes no documenten expresamente su intervención en la fundación del Studium salmantino, resulta difícil pensar que permaneciera ajena a una iniciativa cultural que involucró a las tres generaciones de monarcas con los que estuvo estrechamente vinculada: fue esposa de Alfonso IX de León, fundador del Studium en 1218; madre de Fernando III, quien aseguró su continuidad y fortalecimiento en 1243; y abuela de Alfonso X el Sabio, artífice de su consolidación jurídica y académica en 1254. Su extraordinaria influencia política, unida a su condición de una de las grandes mecenas culturales del siglo XIII, permite sostener con fundamento que Berenguela pudo desempeñar un papel relevante, aunque hoy permanezca oculto por el silencio de las fuentes, en el nacimiento de la que habría de convertirse en la universidad más antigua de España.


Signo rodado de la reina Berenguela con la inscripción "Domine doce me facere voluntatem tuam" (Señor, enséñame a hacer tu voluntad).


Pintura de santo Tomás de Canterbury en la iglesia de Santo Tomás Cantuariense en Salamanca. El culto a este santo inglés lo trajo Leonor Plantagenet al reino Castilla y su hija Berenguela al de León.

No fue hasta el año 2006 que dispusimos de la obra Berenguela la Grande. Enrique I el Chico (1179–1246) de Fray Valentín de la Cruz, quien reivindica el decisivo papel político y diplomático de la monarca. De hecho, llega afirmar que sin este regio personaje y sin su hijo Fernando como rey de Castilla y de León es muy difícil imaginar cómo se habría desarrollado desde el siglo XIII hasta hoy la historia de España.


Seis años después, en 2012, un profesor de la Universidad de Nueva York, el historiador palentino H. Salvador Martínez, publicó una extraordinaria monografía que lleva por título Berenguela la Grande y su época (1180-1246). En ella se trata profusamente el asunto del poder ejercido por esta monarca, no refiriéndose al que emana del manejo de las armas, ni de las violentas tácticas empleadas, por ejemplo, por Urraca I de León para controlar a la nobleza, sino a otro tipo de poder, consistente en una extraordinaria habilidad personal, compuesta por inteligencia, agudeza, tacto, perspicacia y, sobre todo, prudencia, virtudes racionales que adornaron a Berenguela, no solo en su comportamiento personal, sino también en la negociación de complicados acuerdos y treguas, en la gestión de las propiedades familiares y, sobre todo, en el gobierno y organización de sus reinos.


Antes y después de H. Salvador García tuvieron que ser dos investigadoras extranjeras quienes contribuyeran de manera destacada a rescatar y difundir el legado de Berenguela. La historiadora estadounidense Miriam Shadis dedicó una importante monografía a su figura, al igual que hizo la profesora italiana Janna Bianchini, poniendo de relieve el interés internacional que despierta una reina cuya dimensión política ha sido reconocida más allá de nuestras fronteras. Mientras tanto, Salamanca, ciudad tan estrechamente ligada a Berenguela, apenas ha traducido ese vínculo en un reconocimiento visible. Llama especialmente la atención que en la Plaza Mayor, auténtico panteón cívico de personajes ilustres a través de sus medallones, no se haya encontrado un lugar para ella. No se trata de establecer comparaciones ni de restar mérito a otras figuras que sí han recibido ese homenaje. Se trata, sencillamente, de completar nuestra memoria histórica con justicia y de reconocer a una mujer cuyo protagonismo político fue extraordinario en una época en la que muy pocas personas, y menos mujeres, alcanzaron semejante influencia.


Ilustración de José Luis García Morán para la exposicion permanente ALBA MEDIEVAL - UNA HISTORIA DE LEONES Y CASTILLOS, que se puede visitar en Alba de Tormes. En ella aparecen Berenguela, su hijo el rey Fernando III y su nieto el infante mayor Alfonso.

En Berenguela of Castile (1180-1246) and Political Women in the High Middle Ages, libro publicado en 2009, la historiadora Miriam Shadis, profesora de la Universidad de Ohio, ofrece una profunda revisión del papel desempeñado por las mujeres en el ejercicio del poder durante la plena Edad Media. A través de la figura de Berenguela, la autora desmonta la visión tradicional que relegaba a las reinas a un papel secundario y demuestra que muchas mujeres de la alta nobleza participaron activamente en el gobierno, la diplomacia y la administración de sus territorios.

Uno de los aspectos que la autora destaca de manera recurrente es el período en el que Berenguela desempeñó la tenencia de Salamanca. A lo largo de la obra, esta etapa aparece citada en numerosas ocasiones como un ejemplo especialmente significativo del ejercicio efectivo del poder por parte de una mujer en el reino de León. Shadis utiliza la experiencia salmantina para ilustrar cómo Berenguela no solo ostentó una autoridad nominal, sino que administró recursos, gestionó rentas, ejerció jurisdicción y gobernó un territorio estratégico en nombre de la corona.

La tenencia de Salamanca se convierte así en un caso de estudio que permite comprender las capacidades políticas y administrativas de Berenguela. La autora muestra que el gobierno de una ciudad y su alfoz implicaba la toma de decisiones sobre cuestiones económicas, militares y judiciales, evidenciando que las mujeres de la realeza podían asumir responsabilidades de primer orden cuando las circunstancias lo requerían.


En The Queen's Hand: Power and Authority in the Reign of Berenguela of Castile, publicación del 2012, Janna Bianchini explora la extraordinaria colaboración que Berenguela mantuvo con su hijo Fernando III a lo largo de toda su vida y examina los medios mediante los cuales fue capaz de construir y ejercer el poder. Bianchini sostiene que el reconocimiento de Berenguela como una poderosa reina reinante por parte de nobles, obispos, embajadores y papas pone de manifiesto la participación clave de las mujeres de la realeza en la monarquía ibérica occidental.


En el año 2025, los abajo firmantes de este escrito publicamos un artículo en la revista Historia y Genealogía, dependiente de la cátedra de Historia Moderna de la Universidad de Córdoba, que lleva por título "La decoración heráldica de la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca". En el mismo exponemos la hipótesis de que la decoración de dicha techumbre no sea, como se ha venido diciendo, simple decoración o una colección de escudos nobiliarios, sino un programa iconográfico diseñado para narrar, mediante emblemas heráldicos, la vida y la acción política de la reina Berenguela. 




De estos mismos autores existe este Blog dedicado a la decoración heráldica de la techumbre de las Claras de Salamanca https://lachovapiquirroja.blogspot.com/

Y hace apenas unas semanas el profesor de la Universidad de Vigo Francisco Javier Pérez Rodríguez  ha publicado Doña Berenguela, la reina que unió Castilla y León, que bien unidas estaban de toda la vida, aunque siendo Castilla un territorio condal vasallo del monarca leonés. Lo que pasó es que al morir el emperador Alfonso VII en 1157, sus dominios quedaron divididos entre sus hijos Fernando y Sancho, convirtiéndose así el primero en rey de León y Galicia y el segundo en monarca de Castilla y Toledo. Sancho III de Castilla fue el abuelo paterno de Berenguela y Fernando II de León su tío abuelo, siendo su padre Alfonso VIII de Castilla. En 1197 Berenguela se casó con su primo segundo Alfonso IX de León, con el que tuvo un primogénito, Fernando, quien, tras muchos avatares, terminó siendo rey de dos reinos, del de Castilla en 1217 y del de León en 1230. Quizá sea precisamente por eso por lo que en ese tiempo nació la señal real cuartelada de leones y castillos que muestra claramente que, repetimos, Fernando III fue rey de dos reinos. Quizá convenga recordar, para que conste, que, dos siglos después, la reina Isabel I la Católica firmaba como reina de "Castiella et de León".


Sombras sobre Castilla y León: eclipse solar total en Salamanca y la muerte del príncipe Juan

C uando Isabel I se proclamó reina en Segovia el 13 de diciembre de 1474, era perfectamente consciente de todas las dificultades que tendría...