Debo comenzar advirtiendo que soy perfectamente consciente de que la batalla de Mühlberg no es precisamente un episodio medieval, ya que se libró en el año 1547 y, además, muy lejos de Salamanca, pero es que a partir de hoy este blog pasa a llamarse "Salamanca medieval y plus ultra". Por otro lado, aunque no se luchó en nuestros campos, sí que ha quedado un hermoso testimonio de ella en el castillo de Alba de Tormes.
Dicho lo cual, vayamos con el principal protagonista de hoy, el príncipe elector del Sacro Imperio Romano Germánico y duque de Sajonia-Wittenberg Juan Federico I, que tuvo el dudoso honor de ser pintado para la posteridad en un fresco que decora la sala de armas del Torreón de la localidad salmantina de Alba de Tormes.
Así las cosas, a nuestro católico rey Carlos I, a la sazón el quinto emperador de su nombre en Alemania, no le quedó más remedio que declararle la guerra a la dichosa Liga, puesto que la Reforma luterana ya no era solamente un asunto de poder religioso, sino también político.
La verdad es que este tipo, digno hijo de su miserable padre, no soportaba que nadie le hiciera sombra, ni su propia madre, la legítima reina Juana I, a la que mantuvo cautiva en Tordesillas hasta que murió en 1555, solamente tres años antes que él.
Curiosamente, también un 23 de abril, pero de 1547, el emperador Carlos V avanzaba sigilosamente con su nutrido ejército multinacional hasta la orilla izquierda del río Elba, a la altura de la ciudad alemana de Mühlberg, donde se iba a librar una gran batalla al día siguiente.
Porque en la margen derecha gozaba de un día de asueto el agotado ejército del protestante Juan Federico de Sajonia, que, a pesar de la amenaza imperial, se sentía seguro gracias a lo escarpado de las orillas del río y al hecho de haber destruido todos los puentes cercanos.
Al mismo tiempo, un molinero de Mühlberg, resentido con las tropas protestantes porque estas le habían robado un par de caballos, lo que según sus palabras iba a ser causa de su ruina, mostró a los católicos un vado.
Ilustración de Ángel García Pinto.
Al frente de la carga de la caballería católica estaba Felipe I de Lannoy, príncipe de Sulmona, montando un corcel blanco. A su izquierda vemos al joven Hernando de Toledo, hijo ilegítimo del duque de Alba, pero al que tenía más en consideración que a su legítimo hijo Fadrique.
A la izquierda de Hernando está Antonio de Toledo blandiendo una lanza; dicho caballero era cuñado del duque de Alba y prior de la Orden de Malta, cuya cruz luce sobre la banda carmesí.
En esa misma escena los protestantes enarbolan sus banderas con las letras VDMIE (Verbum Domini manet in aeternum) y SDCNQCN (Si Deus cum nos quis contra nos).
Ilustración de José Luis García Morán.
La mayor parte del ejército de Juan Federico de Sajonia resultó muerto, herido o prisionero, y sus bagajes y armamento quedaron dispersos por todo el campo de batalla.
Y, como ya dijimos al comienzo de esta historia, el pobre duque de Sajonia-Wittenberg terminó prisionero del Emperador, escena representada en el tercer fresco del Torreón de Alba y que se complementa en la cúpula con unos banderines blancos de rendición.
A pesar de la victoria obtenida por Carlos V en Mühlberg, la Paz de Aubsburgo, firmada en 1555, garantizó que cada príncipe alemán pudiera imponer a sus súbditos su religión, debilitándose así definitivamente la posición del católico emperador en los territorios alemanes.
Bandera pintada en el Torreón de Alba, probablemente una de las capturadas a los protestantes en la batalla de Mühlberg, y escudos contenidos en un armorial alemán del siglo XVI.
Y, en lo más alto, el escudo de su linaje junto a Marte y la Fama, que hace sonar la trompeta de universal resonancia y cuyo sonido, por fuerza, os ha de llevar a visitar la histórica, por muchas razones, villa de Alba de Tormes.
Donde Vulcano y su ayudante, por si acaso, nunca han dejado de forjar armas y corazas para el Gran Duque Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel.




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