miércoles, 20 de agosto de 2025

Las mártires de Madrigal

De sobra es conocida Madrigal de las Altas Torres como la localidad en la que nació Isabel I de Castilla y de León el 22 de abril de 1451, pero no vamos a hablar de esta reina hoy y aquí, sino de otras mujeres que fueron tan importantes y tan católicas como la Trastámara.

Nuestra historia comienza en la iglesia de Santa María del Castillo, un templo construido en el siglo XII en la parte más alta del pueblo y sobre los cimientos de una antigua fortaleza. El tesoro más valioso que encontramos allí y en todo Madrigal son unas pinturas que los que saben datan como del siglo XIV. En lo alto podemos ver un pantocrátor acompañado de un tetramorfos, algo de lo más habitual en una iglesia románica. 



La sorpresa viene cuando bajamos un poco la vista y nos encontramos con doce figuras que, sorprendentemente, no son los doce apóstoles, sino doce mujeres mártires, entre las que se distinguen claramente tres por sus atributos: santa Lucía, santa Catalina de Alejandría y santa Bárbara, que muestran unos ojos en una copa, una rueda dentada y una torre respectivamente. 





Esta elección de doce mujeres podría significar que la mecenas de la obra fuera, precisamente, una mujer con posibles, quizá una reina. No soy yo quién para hacer comparativas de pinturas medievales, pero he de decir que la vista de estas pinturas me trajo a la memoria otras que podemos ver en el convento de Santa Clara de Salamanca y en la iglesia de San Sebastián de los caballeros de Toro —aunque procedentes del convento de clarisas de dicha ciudad— y en las que también se representan a santas martirizadas.





Las doce mártires de Madrigal con un poco más de detalle.

En Salamanca podemos ver, entre otras, a santa Bárbara y a esta otra mártir que no se ha podido identificar. Ambas lucen un atuendo en un color naranja que, por lo que sea o por nada, se asemeja mucho al mismo tono empleado en los vestidos de algunas de las mártires de Madrigal.



De Toro me apetece enseñaros esta imagen de santa Catalina de Alejandría, mártir que también está representada en unas pinturas de la iglesia de San Marcos de Salamanca.



Entre el pantocrátor y las mártires encontramos otra cosa bien curiosa, un friso dentado con caras y unos ojos bien llamativos.





Sea cual sea la interpretación de este motivo, que habrá para todos los gustos, no parece algo que tenga su origen en el reino de Castilla o en el de León, aunque puedo decir que también me trajo a la memoria algo que había visto antes en la iglesia de Santa María la Mayor de Arévalo y en los cuadrales de la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca. 



Tampoco soy yo nadie para identificar quién sufragó estas pinturas, pero, si son del siglo XIV, al igual que dicen que lo son las salmantinas y las toresanas, me viene a la memoria una mujer que fue tres veces reina: consorte con Sancho IV, regente con su hijo Fernando IV y tutora de su nieto Alfonso XI, aparte de tenente de Madrigal, Salamanca y Toro. Se trata de María de Molina, que vivió entre los años 1264 y 1321. Así, de paso, recordamos que en la historia de España ha habido otras reinas con verdadero poder aparte de Isabel de Trastámara, aunque a María de Molina, nieta de otra grande, Berenguela de León y de Castilla, la trajeron por la calle de la amargura, casi como a una mártir, la nobleza y sus propios parientes. 


Sepulcro de María de Molina en el Monasterio de las Huelgas Reales de Valladolid.

En todo caso, sea lo que sea, acercaos a Madrigal de las Altas Torres, ya que merece mucho la pena pasarse un día entero allí para ver cosas muy interesantes, entre ellas una aparentemente muy humilde y que se encuentra en la misma iglesia...


Miguel Ángel Martín Mas

domingo, 17 de agosto de 2025

La triquiñuela monetaria que sufragó una guerra y la moneda forera

No solamente en Salamanca Medieval, sino también en su blog hermano, La chova piquirroja, ya os hemos hablado largo y tendido de la guerra librada entre los reinos de León y Castilla entre los años 1196 y 1197. Fue esta una contienda que terminó con Alfonso IX de León acorralado y salvando los muebles gracias al providencial acuerdo de paz alcanzado en el verano de 1197, pacto que incluía el compromiso matrimonial del monarca leonés con la infanta castellana Berenguela.


Tumbo de Toxos Outos - Alfonso IX de León y Berenguela de Castilla.

Lo que no os hemos contado hasta ahora, y eso que es muy importante, es que aquella guerra medieval, al igual que las actuales, tuvo también una dimensión económica derivada de la necesidad de financiarla.

En entradas anteriores de este mismo blog os hemos comentado cómo el privilegio de decidir si se acuñaba o se reacuñaba moneda correspondía única y exclusivamente al monarca. Como de cualquier privilegio, de este también se podía hacer uso o abuso y, como la necesidad obliga, en tiempo de guerra se emplearon ciertas triquiñuelas con la emisión de la moneda para conseguir una financiación rápida con la que cubrir los gastos bélicos. Uno de esas triquiñuelas fue, precisamente, la orden de reacuñación de moneda que dio Alfonso IX de León en 1197. En el peor momento de la guerra contra Castilla, el monarca leonés, haciendo uso de su derecho para "jugar" con el dinero en metálico, dio orden de reacuñar toda la moneda de vellón, que era la fabricada con una aleación de plata y cobre, conteniendo un porcentaje del 25% de plata, es decir, con una ley del 25% de metal noble. Esto implicaba la obligación de acudir a la casa de la moneda a cambiar la antigua moneda de vellón por otra nueva, pero con una ley del 12%, es decir, rebajada en la cantidad de metal noble a menos de la mitad, sisando así el rey el resto de la plata. Esta jugarreta se conoce como quiebra de la moneda, ya que con ella se rompe su ley. Esta medida supuso un abusivo impuesto del 50% sobre la plata que acumulaban los leoneses en sus monedas, así que, como no podía ser de otra manera, pusieron el grito en el cielo porque, entre otras cosas, el precio de las mercancías se duplicó, es decir, en términos económicos, la inflación se disparó, puesto que tras la reacuñación hacía falta el doble de monedas para pagar una misma cantidad de mercancías.


Ataque de tropas castellanas y aragonesas contra la villa leonesa de Alba de Tormes en el verano de 1197. Ilustración realizada por José Luis García Morán para la exposición permamente  "Alba Medieval - Una historia de leones y castillos", que se puede ver en la localidad de Alba de Tormes.

No será una economista como yo quien defienda tales trapacerías, pero, en honor a la verdad, hay que decir que Alfonso IX demostró a la postre ser consciente de lo impopular de aquella medida que tomó en un momento de desesperación. La prueba es que, cuando terminó la guerra con Castilla y logró estabilizar económicamente su reino, convocó cortes en Benavente en el año 1202. Si las cortes leonesas de 1188 se consideran la cuna del parlamentarismo, las de 1202 pasaron a la historia por sus innovaciones fiscales, novedades que copiarían después muchos otros reinos durante siglos. En aquellas cortes a las que acudieron los distintos concejos del reino, a través una institución medieval mucho más democrática de lo que nos podemos imaginar hoy en  día, el monarca leonés comenzó proclamando su derecho exclusivo para acuñar moneda, al tiempo que el pueblo recordaba que el monarca no tenía potestad para imponer más impuestos que los recogidos en los fueros. Y entre el derecho de uno y el de los otros, pactaron la renuncia del rey durante siete años a su potestad de reacuñar moneda cuando le viniera en gana. Se aportaba así al reino algo fundamental y transgresor: seguridad jurídica para sus ciudadanos y para los de aquellos otros reinos con los que comerciaba, lo cual equivalía a favorecer la estabilidad económica y la prosperidad. A cambio de esa renuncia, el pueblo aceptaba un impuesto de un maravedí por persona y año, un gravamen que tenía previstas incluso sus exenciones, al igual que las tienen nuestros tributos actuales. 


Monedero acuñando moneda en uno de los capiteles del claustro de la Catedral Vieja de Salamanca.

Ese nuevo impuesto se bautizó con el nombre de moneda forera, ya que su creación se vería reflejada por escrito en los fueros. Era una especie de tarifa plana a cambio de saber que se viviría sin sobresaltos monetarios durante siete años, que luego se fueron prorrogando. En términos de la época, "el rey vendió la moneda a las gentes de la tierra por siete años", creando el primer impuesto territorial nacido de una asamblea de participación ciudadana. Ahora que tanto se habla de políticos aforados, aquellos que tienen un fuero especial para su régimen jurisdiccional, en aquel lejano siglo XIII, la moneda también quedó aforada, protegida para monarca y pueblo por el acuerdo reflejado en los fueros.


Dineros reales acuñados por Alfonso IX en 1200.

Por el contrario, a este rey, que sí permitió aforar la moneda, no le parecían de recibo los tratos de favor en la administración de justicia. Lucas de Tuy, canónigo de San Isidoro de León, en su Chronicon Mundi —una crónica redactada bajo las directrices de la reina Berenguela— nos informa de que:

Y fizo tambien el muy largo Rey (Alfonso IX) una cosa digna de memoria mas que los rreyes que fueron antes del, porque fizo jurar a todos los juezes de su rreino que no tomasen de ninguno dones grandes ni pequeños. Mas él de su cámara facia todas las enxequias abundadamente porque los jueces no trastornasen el juizio por dones ni la justicia fuese avida por vendida.[1]

No cabe duda, visto lo visto, de que el reino León tuvo hace ocho siglos un rey pionero en diversos aspectos administrativos y judiciales.


Estatua de Alfonso IX en la plaza de Santo Martino de León.

Charo García de Arriba


Fuentes: 

- FUENTES GANZO, E. (2002). "La moneda medieval en Benavente y en el Reino de León". Argutorio: revista de la Asociación Cultural Monte Irago. Año 4. Nº. 9. Págs. 21-23.

- LUCAS DE TUY, Chronicon Mundi, Biblioteca General Histórica de la Universidad de Salamanca, ms. 2248, 1237. Disponible en https://gredos.usal.es/handle/10366/135264 [Fecha de consulta 17/07/2025]. Fol. 92. Traducción tomada de LUCAS DE TUY, Chronicon Mundi. Español, manuscrito, Patrimonio Nacional, Real Biblioteca de Palacio, signatura II/77 (1), siglo XVI. Disponible en https://rbdigital.realbiblioteca.es/s/realbiblioteca/item/2517 [Fecha de consulta 17/07/2025]. Fol. 147 V.

jueves, 14 de agosto de 2025

Cantiga LXVIII - La esposa y la amante

La verdad es que la Virgen de las Cantigas valía para un roto y un descosido: le devuelve la vista a un ciego, salva de las llamas a una mujer acusada falsamente de infidelidad, resucita a un niño, encuentra a una vaca perdida... Hacía de todo, cual bibliotecaria de Peppa Pig...


Hoy, en la Cantiga LXVIII, se verá envuelta en un asunto de infidelidad conyugal, pero no porque ella sea parte del triángulo amoroso, no, para nada, solamente va a mediar para que las cosas no terminen como el Rosario de la Aurora, que a ella le gustan los Rosarios tranquilos...


Érase una vez una mujer que descubrió que el capullo de su marido le estaba poniendo los cuernos con una muchacha más joven que ella. Intentó calmar la angustia y el cabreo hilando, pero, no había manera, su odio por la otra no hacía más que aumentar...


Aquí tenéis a este miserable par de frescos enfrascados en las cochinadas previas a hacer el acto, tocamiento de teta incluido, presentando una estampa muy poco decorosa para un libro dedicado a la Virgen María...


La despechada mujer se fue a la iglesia a rogarle a la Virgen que le causara todo el mal posible a la amante de su marido, cayendo en un profundo sueño mientras rezaba, puesto que había pasado varias noches sin dormir pensado en cómo librarse de su rival...


La Virgen se le presentó en sueños y le dijo que lo sentía mucho, pero que no podía ayudarle, puesto que la otra sería una pelitorda, pero era una devota tan ferviente que no dejaba de rezarle ni un solo día. La pobre mujer asumió que, ante los cuernos de su marido, ajo y agua...


La resignada cornuda se encontró con la concubina nada más salir de la iglesia y, temerosa de que la Virgen tomara represalias contra ella por haberle deseado tanto mal a una mujer tan piadosa, se postró ante ella para pedirle perdón...


Y así fue cómo el marido infiel se fue de rositas gracias a la intervención de la Virgen, a la que parece que le importa más que le reces a que seas una pelandrusca robamaridos, por lo menos en el siglo XIII...


Miguel Ángel Martín Mas

domingo, 10 de agosto de 2025

La iglesia y la parturienta

Tiene la iglesia de Revilla de Santullán, en la montaña palentina, una portada digna de admirar. Quizá la podáis ver luego con detalle, pero ahora mejor hablamos de la parturienta que ha compartido su esfuerzo y dolor durante siglos desde uno de los canecillos de dicho templo.


Aquí la tenéis, parece que está boca abajo, es por ello que la lectura con moralina de los capillitas de los siglos XIX y XX la convirtió en una madre soltera condenada durante una noche de vino y baile desenfrenado.


De vino, lujuria y baile porque la flanquean un hombre cargando un tonel, una liebre y dos músicos, uno tocando la flauta y el otro la vihuela de arco, uno de los instrumentos preferidos por los juglares medievales.





Mirad, aquí tenéis a dos alegres trovadores representados en las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio, uno tocando la vihuela de arco y el otro el laúd.


Volviendo al asunto de la parturienta, lo primero que hay que decir es que quizá no esté castigada boca abajo; puede que se la colocara en esa posición para que se viera que se trataba de una mujer dando a luz.


Lo segundo, que no se trata de una mujer soltera, puesto que lleva tocado, algo propio de las casadas en el Medievo. Os enseño otra parturienta, aunque en una posición más natural, en un canecillo de la colegiata de San Pedro de Cervatos (Cantabria).


Y a mayores debo decir que me parece que tiene mucha razón la profesora Isabel Mellén
, que afirma en su último libro, El sexo en tiempos del románico, que solemos mirar el arte de las iglesias románicas con una visión rigorista propia del catolicismo de siglos posteriores.


Teniendo en cuenta, además, que la construcción de muchos de estos templos no la patrocinó la Iglesia, sino una clase nobiliaria para la que el sexo y la perpetuación del linaje adquirían una dimensión que, desde luego, incluía la celebración y gozo.


Y eso es precisamente lo que veo yo en estos canecillos: un festejo por un nacimiento que enriquece la familia y que ha de celebrarse con regocijo, vino y música. Curas y frailes, condenados a tener barraganas e hijos no reconocidos, no podían verlo del mismo modo.


Sí, ya, se dice que la liebre esculpida en iglesias románicas representa la lujuria, dada la fertilidad de dicho animal, pero es que el mayor orgullo de una noble medieval era ser fértil, ya que, de ese modo, engrandecía la estirpe de su esposo.


Aparte está el hecho de que la liebre era uno de los atributos de la diosa griega Hécate, que era, precisamente, la protectora de los partos, y el caso es que esta gente noble de la Edad Media conocía la cultura clásica mucho mejor que el común de los mortales de hoy en día.


Y que en la construcción de esta iglesia estuvo metida gente noble y con posibles queda claro en la portada, donde el artista que la esculpió se autorretrata y, además, deja constancia de su autoría con un MICAELIS ME FECIT.


Esta reivindicación de artista es muy poco común entre los canteros medievales. Probablemente se trate de algo que solamente se atrevía a hacer el mejor de los mejores. Además, el pretencioso Micaelis se coloca junto a los comensales de la última cena.




Otro nombre que aparece grabado en la portada es el de san Bartolomé que, habiendo sido desollado vivo, era el patrón de los curtidores. Fijaos en el cuchillo que le han puesto, atributo de su martirio.


Y mirad cómo representan a dicho santo en las pinturas del Convento de Santa Clara de Salamanca, cargando con su propia piel tras el desollamiento, si es que es fascinante el arte medieval.


Otros elementos que muestra esta hermosa portada son las tres Marías con Cristo abriendo su propio sepulcro cual lata de sardinas…


Sansón matando al león con sus propias manos...


Las arpías, que vemos en tantos capiteles románicos y que son emblemáticas de la techumbre de la iglesia del Convento de Santa Clara de Salamanca…



San Jorge dando lo suyo al dragón...


Unos grifos enfrentados...


Y, para finalizar, un caballero con cota y almófar luchando contra una leona, un motivo que también podemos ver en el claustro de la Catedral Vieja de Salamanca.



Miguel Ángel Martín Mas

San Luis IX rey de Francia y Peñaranda de Bracamonte

El inexorable paso del tiempo no perdona a nadie, ni siquiera a un monarca medieval esculpido en piedra en la segunda mitad del siglo XVIII....