domingo, 30 de agosto de 2026

Salamanca entre leones y castillos

Esta historia comienza en el año 930, cuando la capital del reino cristiano de Asturias —que antes había estado en Cangas de Onís, Pravia y Oviedo— se estableció en la ciudad de León, dándose así paso a una nueva etapa política y en la lucha contra los musulmanes de al-Àndalus. Desde entonces, la monarquía leonesa extendió su autoridad sobre un amplio territorio que, más o menos, comprendía los actuales territorios de Asturias, Galicia, León, el norte de Portugal, Zamora y Castilla. El reino de León junto al de Pamplona y los condados catalanes se convirtió de este modo en uno de los principales centros políticos cristianos de la península ibérica, lo que le conduciría a tener un papel clave en la historia de la España medieval, teniendo en cuenta que en el siglo X todavía no habían nacido los otros tres reinos cristianos peninsulares: Portugal y Castilla, ambos escisiones del reino de León, y Aragón, escisión del reino de Navarra.


La batalla de Simancas, librada en el 939, en la que las tropas de Ramiro II de León derrotaron a las fuerzas del califa Abderramán III, permitió a la monarquía leonesa reforzar su posición y avanzar hacia el sur. Tras dicha victoria, se consolidó la ocupación de nuevos territorios y se impulsó la repoblación de las tierras situadas al sur del Duero, extendiendo notablemente el espacio bajo dominio leonés, que a partir de entonces incluiría también la ciudad de Salamanca. Esta expansión no paró, ya que, por ejemplo, el reino leonés conquistó la actual ciudad portuguesa de Viseu en 1058 y la hoy castellanomanchega Toledo en 1085.


El rey Alfonso VII de León, proclamado Imperator totius Hispaniae en 1135, representado en el códice conocido como Tumbo A de Santiago.

El félido que representa al reino de León es un emblema parlante, lo que quiere decir que la propia figura hace referencia al nombre del reino. Apareció por primera vez en monedas acuñadas entre 1126 y 1157, durante el reinado del emperador Alfonso VII. En un principio el león sería pasante, tal como aparece en los signos rodados de Fernando II, pero luego se tornaría en rampante para ajustarse a la forma de almendra que tenía el escudo de cometa, que era el que estaba de moda en el siglo XII. Así, rampante, aparece en el anverso de un sello de cera del concejo de Alba de Tormes, que acompaña a un documento de 1261 y que muestra en el reverso un puente, dando así cuenta de que esta villa leonesa era de realengo y concejil en aquella época.


Vellón acuñado entre 1147 y 1155, durante el reinado del emperador Alfonso VII de León.


Signo rodado del rey Fernando II de León estampado en un documento que concedía un privilegio en la ciudad de Toledo en el año 1162. 


Anverso del sello del concejo de la villa leonesa de Alba de Tormes.

Es gracias al códice conocido como Tumbo A de Santiago, en el que aparece una representación a caballo del rey Alfonso IX de León, que sabemos que el león era de color púrpura y que estaba colocado sobre un campo blanco.


Fernando II de León en el Tumbo A de Santiago.


Alfonso IX de León con un león rampante en el escudo en el Tumbo A de Santiago.

Al morir el emperador Alfonso VII en el año 1157, el reino de León lo heredaría su hijo Fernando (II), quedándose su hijo Sancho (III) un reino recién nacido, el de Castilla. Sancho murió al cabo de un año, dejando su reino en manos de un monarca que conocemos como Alfonso VIII de Castilla. Lo interesante aquí y ahora es que el castillo representativo del reino de Castilla es también un emblema parlante; lo comenzó a usar a partir de 1170 el rey Alfonso VIII. Parece ser que el hecho de que se trate de un castillo de oro sobre un campo rojo tiene que ver con que las armas heráldicas de su esposa, Leonor Plantagenet, tenían esas tonalidades, las propias de su padre, el rey de Inglaterra, que lucía un leopardo de oro sobre un campo rojo.



Infografías del heraldista salmantino José Moreiro Píriz.


Alfonso VIII de Castilla y su esposa Leonor Plantagenet representados con un signo rodado que contiene un castillo en el Tumbo Menor de Castilla. 

Alfonso VIII de Castilla casó en 1197 a su hija Berenguela con su peor enemigo, su primo Alfonso IX de León, lo que trajo la paz entre los dos reinos. En el año 1217 el hijo primogénito de ese matrimonio, Fernando III, fue proclamado rey de Castilla tras haber fallecido su abuelo en 1214 y su tío tres años después. Tras la muerte de su padre en 1230, sería proclamado también rey de León, todo, por supuesto, gracias a la habilidad política y diplomática de su madre, que por algo es recordada como la reina Berenguela la Grande.


Fernando III de Castilla y de León por el ilustrador salmantino José Luis García Morán.



Capitel con león y castillo en una iglesia de Miranda de Ebro. 

Con Fernando III como monarca del reino del castillo y del reino del león surgieron dos innovaciones heráldicas originales: la bordura y el cuartelado. La bordura permitió por primera vez dejar constancia de la ascendencia paterna y materna en un solo escudo, algo que parece un precedente de nuestros dos apellidos actuales. Alfonso de Molina, hijo segundogénito de Alfonso IX de León y Berenguela de Castilla, usó como señal heráldica el león púrpura sobre campo blanco de su padre añadiendo una bordura de castillos de oro sobre fondo rojo en recuerdo de su madre.



Infografías del heraldista salmantino José Moreiro Píriz.

El cuartelado en cruz de leones y castillos nació como emblema personal del rey Fernando III cuando, a partir de 1230, pasó a ser simultáneamente monarca de Castilla y de León, y era de su uso exclusivo. Los familiares del monarca podían lucir cuartelados, pero éstos debían adoptar variantes que les distinguieran del rey; por ejemplo, cuartelar el escudo en aspa en lugar de hacerlo en cruz.


Fernando III de Castilla desde 1217 y de León desde 1230 el Tumbo A de Santiago. Todavía no se le muestra con cuartelado, pero queda claro que es rey de dos reinos al estar flanqueado por los emblemasparlantes del castillo y del león.


Cuartelado de los reinos de Castilla y de León en sotuer o en aspa. Infografía del heraldista salmantino José Moreiro Píriz.

El rey Alfonso X el Sabio heredó el cuartelado en cruz de leones y de castillos a la muerte de su padre y fue el que comenzó a usarlo siempre, así que portando el mismo lo podemos ver representado en el códice denominado Tumbo A de Santiago y en el Libro de los Juegos.



Cinco de sus hermanos también tuvieron como armas un cuartelado, pero con variantes:

· Castillos de oro y cruces flordelisadas púrpura para Enrique de Castilla.


· Castillos de oro y águilas negras, éstas últimas por su madre, Beatriz de Suabia, para Felipe de Castilla.


· Leones púrpuras y manos aladas sujetando una espada para Manuel de Castilla.


· Bandas rojas cargadas de roeles de oro —propias del condado de Aumale, heredado de su madre, Juana de Ponthieu— combinadas con castillos para Fernando de Castilla.


· Castillos de oro y fajado de color azul para Luis de Castilla.


En cambio, Fadrique de Castilla prefirió emplear el castillo de oro en campo rojo en solitario, del mismo modo que lo había empleado su bisabuelo Alfonso VIII de Castilla.


Con el transcurso del tiempo, muchos nobles irán adoptando como propios los emblemas del castillo y el león. Esto les servirá para intentar evidenciar su antigüedad o entronque lejano con la familia real. En la gran mayoría de los casos todo será fruto de la invención de nuevos linajes, que van consiguiendo encumbrarse y a la par buscan hacerse pasar por nobleza de viejo cuño. Ésta es probablemente la razón por la que en la iglesia de Santiago de Alba de Tormes el sepulcro del caballero Antón de Ledesma, fallecido en el año 1492, luce un escudo cuartelado en aspa con castillos y leones. O por la que en el Libro de los Caballeros de Santiago, el armorial ecuestre más antiguo de Europa, de la primera mitad del siglo XIV, caballeros villanos de Burgos portan escudos cuartelados y con borduras que contienen castillos de Castilla, una señal que hasta entonces había sido de uso exclusivo de la familia real. 




El reino de Portugal, que antes fue el condado Portucalense, vasallo del reino de León, nació cuando Afonso Henriques fue proclamado rey tras su victoria en la batalla de Ourique, librada en 1139. A Alfonso VII de León no le quedó más remedio que reconocer a su primo Afonso I como rey vasallo suyo en 1143. Años más tarde, en 1179, el reino luso tuvo reconocimiento pontificio, consolidándose así definitivamente su independencia. Mención especial merece el escudo de Portugal, con las quinas azules sobre campo blanco y una bordura roja cargada con castillos de oro. Esta señal real surgió con el monarca luso Afonso III, cuyo padre fue Afonso II de Portugal y su madre Urraca de Castilla, una de las tías maternas de Fernando III de Castilla y de León, siendo este escudo un ejemplo más de que este diseño con bordura, nacido en los reinos de Castilla y de León, servía para dar cuenta del origen paterno y materno del poseedor del mismo. 


Para terminar, como caso curioso tenemos el sello concejil de la ciudad de Córdoba, conquistada en 1236, cuando Fernando III lleva ya seis años como rey de los dos reinos, y que muestra un león, sin castillo alguno, lo que significa que la antigua ciudad califal quedó adscrita al reino de León.




Miguel Ángel Martín Mas



La más bonita selección de señales de los reinos de Castilla y de León y de cuartelados con leones, castillos y otros elementos, todo de mediados del siglo XIII, puedes encontrarla en la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca:




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