viernes, 14 de agosto de 2026

El palentino que no quería perderse la fiesta de la Virgen

Esta es la historia de un escudero, natural de la localidad palentina de Quintanilla de Onsoña, que termina cautivo en Sevilla tras ser capturado por los moros durante la incursión de una hueste castellana en al-Ándalus. El devoto cristiano, ante su desgracia, no deja de implorar el auxilio de la Madre de Dios, lo que no deja de ser algo totalmente previsible una obra dedicada a milagros marianos; lo interesante llega cuando se aproxima la fecha del 5 agosto, ya que el quintallinense cae en la cuenta de que pronto se celebrará la gran fiesta de la Virgen Blanca de Villalcázar de Sirga, aquella a la que acudía todos los años. Y, claro, se pone a llorar. Imagínatelo: cadenas, mazmorra, malos tratos, hambre, sed… y el hombrito pensando: “¡Este año me pierdo la fiesta en Villacázar!”



Cantiga de Santa María CCXXVII, que tiene por título "De cómo Santa María liberó del cautiverio a un escudero de manera que no lo vieron los que vigilaban la cárcel en la que estaba" y como estribillo La que guía a los pecadores y los conduce a la salvación, / bien puede guiar a los presos,
pues los saca de prisión.

Los moros ven llorando a su prisionero y le preguntan de malos modos qué tripa se le ha roto. Y él, con toda sinceridad, lo que va a ser un craso error, por cierto, les explica que está triste porque se acuerda de la fiesta mariana que se celebra en su amada Tierra de Campos y que querría estar allí.



Iglesia de Villalcázar de Sirga (Palencia), localidad que en tiempos de las Cantigas se llamaba Villasirga.

El jefe moro, lejos de conmoverse ante la nostalgia del cristiano que se ha negado a convertirse a la fe de Mahoma, se enfurece, ordenando a uno de sus hombres que lo azote hasta no quede parte sana de su cuerpo. Después, para rematar la faena, lo meten en una mazmorra todavía más profunda, húmeda y tenebrosa.


Y es entonces cuando aparece la verdadera protagonista, la superheroína de las Cantigas, ya que nuestro escudero, lejos de venirse abajo ante la crueldad de los agarenos, ha seguido invocando a Santa María. De repente, la prisión se ilumina y aparece la Virgen. La cantiga la describe como radiante y hermosísima. María le dice que ha escuchado sus lamentos y que ha venido a liberarlo. Y aquí es cuando Nuestra Señora deja al escapista Houdini como un aprendiz: las cadenas se rompen solas y el escudero atraviesa la estancia en la que están los moros pasando totalmente desapercibido, ya que la magia mariana le ha hecho invisible.


Una vez libre, el escudero emprende el camino hacia la iglesia de Villacázar de Sirga, población situada en el Camino de Santiago entre Frómista y Carrión de los Condes, cargando las cadenas que le habían mantenido preso para ofrecérselas a la Virgen.



A esta imagen conservada en la iglesia de Villalcázar de Sirga se la conoce como la Virgen de las Cantigas. A pesar de su nombre, no se sabe si sería a esta o la que preside el retablo mayor, con características iconográficas muy similares, a la que se le atribuyeron varios de los milagros inmortalizados en las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio.

Tras muchas jornadas de caminar y caminar el escudero liberado entra en la iglesia de Villacázar dando grandes voces y anuncia a todos: “¡Esto lo ha hecho la Virgen!” Cuenta lo sucedido y los presentes terminan alabando a Santa María con lágrimas de devoción, convirtiéndose sus cadenas en un exvoto, la prueba material del milagro de su liberación.



Sepulcro del infante Felipe de Castilla y Suabia (+1274), hermano de Alfonso X el Sabio. Al lado el de su segunda esposa. Se cree que el infante eligió este lugar de enterramiento por la fama devocional de su Virgen, alcanzada gracias a la popularidad dada a sus milagros a través de las Cantigas, y por ser la única encomienda templaria al norte del Duero, siendo el infante miembro de esta Orden.

Porque, que quede claro, Santa María ni permitió, ni permite, ni permitirá que un buen cristiano se pierda las fiestas de agosto dedicadas a ella.


Detalle del sepulcro del infante Felipe de Castilla y Suabia con sus armas colocadas del revés, es decir, a la funerala.


Armas heráldicas del infante Felipe de Castilla y Suabia, hijo del rey Fernando III de Castilla y de León y de la reina Beatriz de Suabia y nieto de la reina Berenguela.

Además, la iglesia de Villalcázar de Sirga es uno de los santuarios marianos que tiene mayor presencia en las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio. Hay trece cantigas de milagros relacionadas directamente con la Virgen de Villasirga, las que tienen los números: 31, 217, 218, 227, 229, 232, 234, 253, 268, 278, 301, 313 y 355. Además, existen dos composiciones de loor vinculadas al santuario, por lo que algunos estudios hablan de una quincena de composiciones marianas relacionadas con Villasirga.


Cantiga XXXI, que comienza con la siguiente estrofa: Sobre esto mostró un milagro la que es llamada Vara / de Jesé en una iglesia suya que está en Villasirga, / cerca de Carrión, / a dos leguas, / a donde va a hacer oración / la gente, grandes y pequeños. / Tan conocidas son, que Dios me perdone, / las mercedes de la Virgen / que su parte /quieren las bestias mudas.




Miguel Ángel Martín Mas

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