domingo, 8 de septiembre de 2024

El sello concejil de Alba de Tormes

El rey Alfonso X, alumno aventajado de su abuela Berenguela la Grande, fue, aparte de el Sabio, muy dado a legislar e intentar mejorar la vida de las gentes que habitaban sus dominios de León, Asturias, Galicia, Castilla, Toledo, Sevilla, Córdoba, Jaén y Murcia, es decir, a gobernar más que a figurar, demostrando así que de casta le viene al galgo. Siendo infante mayor, hacia 1240, el joven Alfonso recibió el cargo de tenente de Salamanca y de Alba de Tormes entre otras villas, y, además, el de representante del poder de su padre, Fernando III, en el reino de León. 


Alfonso X, monarca de Castilla y de León entre 1252 y 1284, en una miniatura del Libro de los juegos, obra escrita y promovida por él entre muchas otras. 

Ejemplo de su afán legislador fue la ratificación en el año 1281 del fuero que su tatarabuelo paterno, Alfonso VII de León, el Imperator totius Hispaniae, había otorgado en 1140 a la villa realenga de Alba de Tormes como modo de ordenamiento jurídico local. De esta manera, el concejo, la asamblea formada por los vecinos que participaba en el gobierno de la villa y las tierras y poblaciones más pequeñas que dependían de ella, podría facilitar la convivencia y repartir justicia entre sus vecinos sin necesidad de soportar un señor feudal por encima de ellos. Aparte del nuevo fuero, Alfonso X concedió a Alba algunos privilegios y algunas medidas legislativas complementarias, entre ellas la de dirigirse a los concejos de Ávila, Béjar, Arévalo, Medina del Campo y demás de la Extremadura comunicándoles su prohibición de ir con armas a la feria albense "para prevenir atentados, robos y reyertas". Esta medida, que se recoge en un documento fechado el 31 de mayo de 1261 y redactado en Sevilla por un notario del rey en lengua castellana, nos da idea de la importancia que debía de tener dicho mercado.  Por sorprendente que parezca, pasados ochocientos años, dicho documento se conserva en el Archivo Histórico Municipal de Alba de Tormes, y no sólo eso, porque, además, del pergamino pende todavía un sello de cera con el emblema de la villa; se trata del sello concejil, cuya finalidad en este caso era validativa, es decir, la de dar veracidad al contenido y a las firmas que lo acompañan, siendo su presencia en el diploma una garantía añadida al resto de formalidades. Además, el carácter del sello concejil como signo visible de la existencia diferenciada con personalidad jurídica reconocida de una villa es precisamente una de las causas de su difusión en tiempos de Alfonso el Sabio. Las concesiones de uso de sello y seña que suele incluir dicho monarca en sus privilegios a los concejos castellanos y leoneses significaban justamente eso: el reconocimiento de su personalidad jurídica diferenciada.


En el reverso de este sello pendiente se muestra el elemento arquitectónico que el concejo consideró más representativo de la villa, el puente sobre el río Tormes, que vemos adornado con una bandera. El deterioro de la pieza no nos permite leer la leyenda, pero viendo otros sellos concejiles de la misma época que se conservan, adivinamos que pondría SIGILLUM CONCILII D'ALBA DE TORMES.


Este emblema, que, como vemos, ya representaba a Alba por lo menos desde el siglo XIII, todavía la representa, ya que aparece en el escudo municipal actual, donde también vemos tres estrellas de ocho puntas que no sabemos si ya estaban en el sello concejil medieval, puesto que el deterioro del mismo no nos permite dirimir esta cuestión, o fueron añadidas posteriormente.


El emblema del puente, la bandera y las estrellas también luce en un púlpito del siglo XVII conservado en la iglesia de San Juan, lo que demuestra que este signo de identificación local se mantuvo a pesar de la llegada de los Álvarez de Toledo a Alba de Tormes en el siglo XV. Eso sí con el nuevo régimen señorial se acabó lo concejil y todo eso de que el pueblo sabía gobernarse por sí mismo con la única autoridad superior del monarca, ejercida a través del tenente de la localidad, que él mismo designaba. A partir de entonces y por muchos siglos el emblema con el que más se identificaría a Alba de Tormes sería el jaquelado azur y plata de los Álvarez de Toledo.


Púlpito con el emblema del concejo de Alba de Tormes en la iglesia de San Juan de dicha villa.


Armas heráldicas de los Álvarez de Toledo, señores de Alba de Tormes desde el año 1429, título concedido por el rey Juan II de Castilla y de León.

El anverso del sello concejil muestra un león rampante, el emblema propio del reino al que pertenecía la villa de Alba; esto a pesar de que desde el año 1230 los reinos de León y de Castilla tenían el mismo monarca y de que en 1261, fecha de expedición del documento, estaba en pleno uso el escudo cuartelado de castillos y leones. La leyenda en latín en el reverso parece la misma que la del anverso: SIGILLUM CONCILII D'ALBA DE TORMES, pero no lo puedo asegurar en absoluto. 



Cantiga de Santa María XLVIII, en la que no solo se representa una carta de donación con su sello pendiente, sino que además se menciona en el texto: o caualeiro deu a os monges a carta do heredamento con seu seelo (Códice T.I.1., mediados del siglo XIII, Monasterio de El Escorial).

Cada sello concejil era único, ningún otro era como el de Alba de Tormes, ya que mostraban una gran variedad de representaciones figurativas. Los grupos principales estaban constituidos por un emblema (no de estilo heráldico) alusivo al nombre, el santo patrón, un monumento o vista de la población, una escena de navegación o pesca en los puertos... Como ya hemos visto en el caso de Alba, muchos de estos distintivos sigilares se traspasaron luego, a finales del siglo XV y en el XVI, al campo de un escudo para formar las armas de la localidad. Leyendas con invocaciones o en versos latinos métricos o leoninos aparecen en los sellos concejiles de Belorado, Cádiz, Carmona, Carrión, Córdoba, Escalona, Estella, Guadalajara, San Sebastián y Oviedo, yendo acompañadas normalmente de una figura alusiva.


Anverso y reverso del sello del concejo de Córdoba (1360). Boletín de la Sociedad Española de Excursiones nº 12, 1894. Los que gustan de hablar de la Corona de Castilla, quizá deberían fijarse que el sello de esta ciudad, conquistada en 1236, cuando Fernando III lleva ya seis años como rey de los dos reinos, muestra un león y no se ve ningún castillo, lo que significa que la antigua ciudad califal quedó adscrita al reino de León.

En definitiva, Alba de Tormes fue una de esas villas realengas que ha podido conservar su joya sigilográfica en cera del siglo XIII y, además, todavía pendiente de un documento, lo que ha de recordarnos el renombre y prestigio que tuvo y ha de tener esta localidad leonesa, que conserva otras muchas joyas del Medievo de las que hablaremos en otra ocasión, entre ellas el magnífico apostolado conservado en la iglesia de San Juan.



Sello mayor del rey Alfonso X en un documento fechado el 10 de septiembre de 1277. Archivo Municipal de Alba de Tormes.


Sello mayor del rey Alfonso X conservado en el Archivo Histórico Nacional.




Miguel Ángel Martín Mas

domingo, 25 de agosto de 2024

¿San Francisco de Asís en Ciudad Rodrigo?

Es creencia extendida que Francisco de Asís, canonizado en 1228, dos años después de su muerte, pasó varias semanas del 1214 en Ciudad Rodrigo, haciendo un alto en dicha localidad del reino de León antes de reemprender su peregrinación a Santiago de Compostela. Sin documentación alguna que confirme tal hecho, el origen de esta historia, probablemente legendaria, puede estar en la reiterada representación de un fraile con todo el aspecto de franciscano en la catedral mirobrigense, que precisamente estaba en plena construcción en el año en el que supuestamente el italiano pasó por allí, según la tradición causando tan honda impresión entre las gentes de la ciudad y haciendo tan grandes milagros, que no pudieron por menos los mirobrigenses que homenajearle con su figura esculpida en lugares destacados del nuevo templo. Además, para reafirmar el carácter franciscano de Ciudad Rodrigo se alega que en la localidad se fundaron un convento de franciscanos, otro de clarisas y uno de la Venerable Orden Tercera, aunque este hecho no significa gran cosa, ya que se daba también en otras ciudades de los reinos de León y de Castilla.


Representación de san Francisco de Asís en un fresco de la basílica de Asís. Se cree que es la imagen más fiel del santo italiano.


Escultura de san Francisco de Asís en la bóveda más cercana al crucero de la catedral de Ciudad Rodrigo.


Posible representación de san Francisco de Asís en una de las cabezas esculpidas sobre la puerta de Amayuelas de la catedral de Ciudad Rodrigo. 

No podemos negar rotundamente que Francisco de Asís pasara por Ciudad Rodrigo en 1214, pero resulta raro que hiciera el Camino de Santiago viniendo desde el sur de la península ibérica, atravesando tierras bajo control de los musulmanes; aunque bien es cierto que Francisco no tuvo ningún miedo de andar entre mahometanos unos años más tarde, en 1219, cuando, en el contexto de la Quinta Cruzada, desembarcó en Egipto y se plantó en el campamento del sultán Malik al-Kamil, un sobrino de Saladino, para dialogar con él e intentar su conversión. Lo suyo en 1214 es que Francisco hubiera cruzado los Pirineos o desembarcado en Barcelona para luego tomar el camino del norte, pasando por Burgos para visitar a los reyes de Castilla, Alfonso VIII y Leonor Plantagenet, aunque estos fallecieron ese mismo año, y por León para hacer lo propio con Alfonso IX, encuentros ambos de los que no tenemos noticia. Por otro lado, no parece razonable que se colocara una o varias esculturas del santo italiano en una catedral antes de su canonización en 1228, no importa lo venerado que fuera en vida o los supuestos milagros que realizara en los lugares por los que pasaba.


En 1219, durante la Quinta Cruzada, san Francisco de Asís viajó a Damieta (Egipto) y se entrevistó con el sultán Malik al-Kamil. Buscando la paz y la conversión en medio de la guerra, Francisco cruzó las líneas cristianas, arriesgando su vida para dialogar con el sultán, marcando un hito de diálogo interreligioso. Ilustración de Renato Dalmaso para la revista Medieval World.


San Francisco de Asís predicando a las aves en uno de los capiteles del pórtico del Perdón de la catedral de Ciudad Rodrigo.


La visisón seráfica de san Francisco en uno de los capiteles del pórtico del Perdón de la catedral de Ciudad Rodrigo.

Lo que sí sabemos con certeza es que el fraile franciscano Juan Parente visitó las cortes de Burgos y de León en el año 1217, siendo rey de Castilla Fernando III, y que uno de los primeros miembros de las monarquías castellana y leonesa que impulsó la implantación de las órdenes mendicantes, franciscana y dominica, fue su madre, Berenguela la Grande, reina consorte de León entre 1197 y 1204, reina correinante de Castilla desde 1217 y reina correinante de León desde 1230 hasta el año de su muerte, acaecida en 1246. Esto nos lo cuenta la profesora María del Mar Graña Cid en un interesantísimo artículo titulado "Berenguela I y Fernando III, promotores de las órdenes mendicantes en Castilla", en el que además afirma "Que esta reina intervino en el inicial establecimiento franciscano en Castilla es indiscutible y está documentado. El problema es datar sus acciones".

Por lo tanto, si aplicamos el principio atribuido precisamente al fraile franciscano Guillermo de Ockham, que propugna que en igualdad de condiciones la explicación más sencilla suele ser la más probable, el hecho de que san Francisco de Asís esté profusamente representado en la catedral de Ciudad Rodrigo, cuya construcción estaba en pleno auge en el primer tercio del siglo XIII, seguramente tiene más que ver con el apoyo dado por la reina Berenguela y su hijo el rey Fernando III al franciscanismo que con una hipotética estancia del santo italiano en la ciudad. De hecho, cabe recordar que dicho monarca castellano pidió que se le enterrase con el hábito de la Venerable Orden Tercera, al igual que lo hizo su primo carnal Luis IX de Francia, hijo de Blanca de Castilla. Todo parece indicar que el amparo le vino a los Franciscanos más por la parte de la corte de Castilla que por la de León, teniendo en cuenta que a partir del año 1230 ambos reinos tuvieron un único monarca, precisamente Fernando III, que reinó bajo la alargada sombra de su madre. Y si no fueron madre e hijo los promotores de que la figura de san Francisco de Asís fuera tan emblemática de la catedral y la diócesis de Ciudad Rodrigo, entonces lo sería su heredero, el rey Alfonso X de Castilla y de León, que en 1284 estableció que el monasterio de San Francisco fuera el custodio de los bienes del obispo mirobrigense mientras su cátedra permaneciera vacante. A mayores, a finales del siglo XIII la diócesis contó con un obispo franciscano, don Sancho, así que puede que fuera él mismo el que diseñara el programa iconográfico franciscano para la catedral, lo que nos llevaría a pensar que las esculturas del santo de Asís y las que las acompañan se hicieron rondando más bien el año 1300, una fecha muy tardía para lo que se ha venido considerando tradicionalmente.  Esto último es lo que propone la catedrática de Historia del Arte de la USAL, Lucía Lahoz, en un artículo titulado "Sobre galerías, portadas e imágenes. La escultura monumental en la catedral de Ciudad Rodrigo".

Ahora cabe preguntarnos quiénes son el rey y la reina representados en la bóveda más cercana al crucero y en el friso de la puerta de las Cadenas de la catedral de Ciudad Rodrigo, en ambos casos acompañados de un fraile al que se identifica con san Francisco de Asís. Distintos expertos coinciden en afirmar que el rey y la reina de la bóveda son Fernando II de León, bisabuelo paterno de Alfonso X —bajo cuyo reinado entre 1157 y 1188 Ciudad Rodrigo se convirtio en sede episcopal y se comenzó la construcción de templo catedralicio— y su primera esposa, Urraca de Portugal, aunque no podemos tener certeza alguna al respecto.


Supuesta representación de Fernando II de León. 


Supuesta representación de Urraca de Portugal, primera esposa de Fernando II de León.


San Francisco de Asís en una de las bóvedas de la catedral de Ciudad Rodrigo. 

Por lo que se refiere a los monarcas que adornan la puerta de las Cadenas, se ha solido afirmar que el rey es Alfonso IX de León, hijo del matrimonio supuestamente representado en el interior, y que la reina podría ser su primera esposa, Teresa de Portugal, con la que estuvo casado entre 1191 y 1196, aunque, de ser el monarca Alfonso IX, parece mucho más probable que se trate de su segunda esposa, Berenguela de Castilla, dado que ella fue la gran impulsora del franciscanismo en los reinos de Castilla y de León, siendo el heredero de ambos, Fernando III, el que siguió la estela de su madre al respecto del amparo prestado a los Franciscanos y a las Clarisas, lo que, como ya hemos dicho anteriormente, tendría continuidad durante el reinado de su hijo Alfonso X.


Posible representación de Berenguela de León y de Castilla y su esposo Alfonso IX de León en el friso de la Puerta de las Cadenas de la catedral de Ciudad Rodrigo. 


Alfonso IX de León y su esposa Berenguela de Castilla en el Tumbo de Toxos Outos. 


Supuesta representación de san Francisco de Asís entre personajes del Antiguo Testamento.


Castillo y chova piquirroja, emblemas de los padres de la reina Berenguela, Alfonso VIII de Castilla y Leonor Plantagenet, en la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca, otro ejemplo del apoyo de la reina de León y de Castilla al franciscanismo, en este caso concreto al femenino, en territorio salmantino.

domingo, 18 de agosto de 2024

El torreón de Santibáñez de Béjar

No parece que importe gran cosa a día de hoy, salvo a la buena de nuestra amiga Luisi, pero el torreón de Santibáñez de Béjar, conservado de momento milagrosamente, es una prueba de cómo a principios del siglo XIII el reino de León quedó totalmente encajonado entre Castilla y Portugal, los condados vasallos del rey leonés que se convirtieron definitivamente en reinos independientes en el siglo XII. Alfonso Fernández de León (IX le dicen) vio como sus dominios adquirían forma de embudo, con Asturias y Galicia en la parte ancha y estrechándose hasta su extremo sur por las tierras de León, Zamora y Salamanca, territorio éste último que se convertiría en la punta de lanza del reino leonés. El caso es que en aquel tiempo las poblaciones de Santibáñez de Béjar, Béjar y Plasencia pertenecían al monarca castellano, su primo Alfonso Sánchez (VIII le dicen), por lo que al rey leonés sólo le cabía expandir su reino por un estrecho corredor que se iniciaba en Ciudad Rodrigo, lo que hizo conquistando Cáceres en 1229 y Mérida y Badajoz en 1230, el mismo año de su muerte. Supongo que le dejaron hacer, ya que por entonces su exesposa, la reina Berenguela, hija de Alfonso VIII, estaba segura de que el hijo de ambos, Fernando III de Castilla desde 1217, terminaría heredando también el reino de León, tal y como sucedió finalmente, consiguiendo así los castellanos hacerse con el control de las taifas occidentales de Al-Ándalus, Sevilla incluída, que se rindió en 1248.

Es por esto de la pugna en las tierras fronterizas entre los dos reinos por lo que en la actual provincia de Salamanca contamos con una sierra de los castellanos, la de Béjar, y otra de los leoneses, la de Francia, y de ahí las diferencias. 



Así pues, los dos torreones que se levantaron en Santibáñez de Béjar, uno ya está perdido, fueron construcciones defensivas de frontera, y quizá ya estuvieran ahí antes de las guerras fronterizas entre León y Castilla, vigilando el límite entre el mundo de los crisitianos y el de los musulmanes. 

Pasado el tiempo y con los dos reinos bajo el mando de un único rey desde el año 1230, el torreón de Santibáñez fue protagonista en la guerra de sucesión castellana (1475-1479) que se libró entre Isabel I y su sobrina Juana, depectivamente apodada "la Beltraneja", ya que parte de la nobleza no creía que fuera hija del rey Enrique IV, sino de su amigo Beltrán de la Cueva y de la reina Juana. Durante dicho conflicto bélico había también un torreón en la vecina localidad de Guijo de Ávila, pero éste terminó demolido por haber sido guarnición de tropas partidarias de Juana. En cambio, los de Santibáñez se mantuvieron por haber sido empleados por las huestes de Isabel, proclamada reina de Castilla y de León en 1474 y vencedora en esta guerra. 



La torre terminó siendo propiedad del marqués de la localidad vallisoletana de Fuente el Sol, título nobiliario creado el 21 de julio de 1642 por el rey Felipe IV en favor de Juan Bautista de Bracamonte Dávila y Zapata.



A pesar de que el torreón está declarado como Bien de Interés Cultural por el Decreto de 22 de abril de 1949 y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español, éste se encuentra en estado de abandono y ruina progresiva, con riesgo de nuevos derrumbes, así que algo habrá que hacer para evitarlos y para que el pueblo de Santibañez y sus visitantes puedan gozar del mismo, del espacio que le circunda y del conocimiento de la historia de la localidad, frente a la que se alza el impresionante, por tantas razones, cerro del Berrueco.

sábado, 2 de marzo de 2024

La lengua desatada - El lenguaje de la Heráldica

Para comprender el significado de un escudo hay que entender primero el lenguaje críptico con el que se definen sus elementos. Los colores, la disposición, los animales representados… todo tiene un sentido en el complejo mundo de la heráldica, la ciencia del blasón. Los investigadores Charo García de Arriba y Miguel Ángel Martín nos adentran en este lenguaje específico y nos descubren algunas claves de la techumbre del convento de Las Claras en Salamanca, donde han sido artífices de un hallazgo sorprendente tras el que se encuentran una chova piquirroja y la reina Berenguela.

domingo, 18 de febrero de 2024

Poblaciones de frontera

A fecha de hoy, siendo los leoneses y los castellanos habitantes de la misma comunidad autónoma y sabiendo, además, que los reinos de León y de Castilla tuvieron desde 1230 un mismo rey, Fernando III, nos puede extrañar que un par de pueblos de la comarca de Peñaranda de Bracamonte, Aldeaseca y Zorita, se apelliden “de la Frontera”. “¿De qué frontera?” me preguntan mis alumnos de las clases de Historia que imparto en el Centro de Educación de Personas Adultas El Inestal; pues precisamente de la que existía entre ambos reinos, que a finales del siglo XII estaban librando una devastadora guerra causada por las disputas territoriales, el control de los castillos fronterizos y, sobre todo, por el odio mutuo entre dos primos hermanos: Alfonso VIII de Castilla (1155-1214) y Alfonso IX de León (1171-1230). El castellano se convirtió en monarca cuando contaba con tan solo tres años, así que llevaba ya tres decenios de reinado cuando su primo se sentó en el trono de León en 1188. Así las cosas, Alfonso VIII confiaba en que su pariente y monarca leonés aceptara de buen grado la primacía castellana, cosa que, por supuesto, no iba a suceder por la vía pacífica.


Estatua ecuestre de Alfonso VIII de Castilla junto a la catedral de Cuenca, ciudad conquistada por él en el año 1177. Casado con Leonor Plantagenet, su primogénita sería Berenguela, que llegaría a ser reina de León y tenente de Salamanca tras su matrimonio con Alfonso IX, el primo de su padre. 

En 1113, la bisabuela de ambos Alfonsos, Urraca I de León, cedió a los frailes guerreros de la Orden Hospitalaria de San Juan la aldea leonesa que hoy conocemos como la localidad de Paradinas de San Juan. De ahí viene una mitad de su nombre, a pesar de que, paradójicamente, su patrón sea san Pedro Apóstol. La otra mitad parece que viene de parietinae, palabra que designaría un lugar abandonado y en ruinas, ya que, probablemente, aquello fue un despoblado, un lugar de paredes caídas, desde la invasión musulmana hasta que las tierras salmantinas volvieron a estar controladas por cristianos en el siglo X. Los freires Sanjuanistas tuvieron en Paradinas una encomienda con castillo y casas para freires y freiras, ostentando el dominio de un amplio territorio que se extendía hasta el meandro que el Duero forma en la localidad vallisoletana de Castronuño.


Santa Ubaldesca Taccini (1136-1206), freira de la Orden de San Juan de Jerusalén. La madre de Alfonso IX de León, Urraca de Portugal, también profesó como freira de la Orden de San Juan. 

Al convertirse Castilla en reino en 1157, Paradinas de San Juan se convirtió en una población de frontera entre los territorios de dos reyes. El 2 de febrero de 1183 Alfonso VIII de Castilla y Fernando II de León (1137-1188) acordaron la paz en esta localidad, que se firmaría ese mismo año en el tratado de Fresno (Fresno el Viejo) y Lavandera (Carpio). Diez años después, el 31 de diciembre de 1193, Alfonso IX de León devolvió la villa a los Sanjuanistas, a los que se la había arrebatado tiempo atrás. En aquel tiempo los castillos fronterizos eran como las baterías de misiles en la actualidad, nadie los quería demasiado cercanos a su territorio y en posesión del enemigo. La decisión del monarca leonés fue acertada ya que, estando esa fortaleza en manos de la Orden Hospitalaria, una entidad neutral en el conflicto entre los dos reinos, el rey castellano no se atrevería a atacarla. De hecho, el prior de los Hospitalarios había acordado con Alfonso VIII derribar el castillo, si en algún momento se veía forzado a abandonarlo.


Iglesia de San Juan Bautista en Salamanca, propiedad de los caballeros de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén.


Caballero de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén.

En 1197 tropas aliadas castellanas y aragonesas tomaron el castillo de Paradinas sin importarles lo más mínimo lo pactado con los Sanjuanistas. Después lanzaron una ofensiva que penetró en tierras leonesas y devastó todo a su paso, saliendo la peor parada la villa de Alba de Tormes, hasta tal punto que Alfonso IX de León tuvo que repoblarla pasado el tiempo después del despiadado ataque. Y en mitad de esta guerra entre poderosos, como siempre, la población civil, en este caso la de las poblaciones fronterizas de nuestra provincia, que por fin encontraron la paz gracias a un buen acuerdo, que fue el matrimonio celebrado en diciembre de 1197 entre Alfonso IX de León y la infanta Berenguela de Castilla, que, tras muchos avatares y no poca destreza política, logró que su hijo primogénito se convirtiera en rey de Castilla en 1217 y de León en 1230, pasando a reinar como Fernando III, de sobrenombre “el Santo”, condición que también alcanzó su primo Luis, titular de una ermita peñarandina; pero la de Luis, hijo de Blanca de Castilla y Luis VIII de Francia, es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.


Pedro II de Aragón (1178-1213), hijo de Sancha de Castilla y de Alfonso II de Aragón y primo de Alfonso VIII de Castilla. Tropas aliadas de castellanos y aragoneses "astragaron" las tierras de Salamanca, ciudad del reino de León, en el año 1197.

Ricardo y Randulfo

Es creencia bien asentada en Salamanca que la construcción de la iglesia de Santo Tomás Cantuariense de esta ciudad se inició en el año 1175, apenas dos años después de la canonización del mártir inglés, y por iniciativa de dos hermanos de la misma nacionalidad, Ricardo y Randulfo. Sería pues, éste de Salamanca, el primer templo de toda la cristiandad levantado en memoria de Thomas Becket, el arzobispo asesinado al anochecer del 29 de diciembre de 1170 en la catedral de Canterbury. Lo cierto es que nos parece muy extraño e improbable que, precisamente, se construyera aquí la primera iglesia bajo la advocación del santo cantuariense y que, además, se hiciera en una fecha tan temprana, sobre todo teniendo en cuenta la tendencia que tiene toda población a considerarse a sí misma como la primera en cualquier cosa. De este modo, totalmente convencidos de que alguna relación tenía que existir entre las chovas piquirrojas de la techumbre del convento de Santa Clara y dicha iglesia, estando tanto las aves como el templo relacionados con Becket, nos pusimos manos a la obra para arrojar un poco de luz sobre estos dos hermanos a los que Julián Sánchez Ruano les atribuye la construcción de la iglesia en la edición de 1870 de su Fuero de Salamanca, atribución que fue recogida más tarde por el historiador local Manuel Villar y Macías (1828-1891) en su Historia de Salamanca (1).


Esto es lo que se conserva en la iglesia de Santo Tomás Cantuariense de Salamanca de un conjunto iconográfico a través del cual, probablemente, se narraba la vida de Thomas Becket. Estampadas sobre la casulla del arzobispo se ven lo que parecen unas aves de color negro en vuelo.


Ábside de la iglesia de Santo Tomás Cantuariense. ¿No parece demasiada casualidad que este templo esté situado a tiro de piedra de la iglesia de las Claras, donde aparecen pintadas las chovas piquirrojas de Canterbury? ¿Estuvo la misma persona detrás de la construcción de ambos templos en dos momentos de su vida distantes en el tiempo?


Agradecemos a la artista Paqui González del Castillo que nos haya permitido exhibir aquí su magnífica acuarela de la iglesia de Santo Tomás Cantuariense en Salamanca.

En documentos del archivo catedralicio se nombra a Randulfo en dieciséis ocasiones, mientras que a su hermano Ricardo se le nombra solamente en cuatro, todo ello entre los años 1161 y 1191, deduciéndose a través de una de estas menciones que Ricardo murió en 1180, o incluso antes, ya que su hermano, en un documento datado en ese año, pide que se celebren unas misas por su alma. Creemos que ya desde Villar y Macías se confunde a Ricardo, el hermano de Randulfo, con un tal Willelmus Ricard, archidiácono de la catedral, ya que en años posteriores a la fecha del documento través del cual se deduce que el primero había muerto, distintos autores siguen nombrando al segundo como vivo. La razón por la que los hermanos aparecen en dichos archivos es porque ambos eran maestres en las escuelas catedralicias, siendo además Randulfo capellán perpetuo de la catedral. Los documentos no nos cuentan nada especialmente interesante al respecto de ellos, simplemente se habla de que compran, venden y donan propiedades y de que actúan como testigos en otros asuntos de esa misma índole. El único vínculo que aparece entre los hermanos de nacionalidad desconocida -que bien podrían ser anglonormandos, aquitanos, bretones, borgoñones o gascones- y Thomas Becket aparece en el mencionado documento de 1180, por medio del cual Randulfo dona una casa con huerto a la catedral a cambio de que se celebren unas misas por las almas de sus padres y la de su hermano Ricardo; además, se solicita que se celebren las festividades de “beati Eutropi martyris, et beate Marthe, hospite Christi, et beati Thome Canturiensis”. Resulta curioso que en fecha tan tardía se refieran a Tomás Becket como beato, cuando se le canonizó en el año 1173. Por otro lado, tanto Becket como Eutropia fueron mártires, siéndolo también Marta, si acaso se refería Randulfo a santa Marta mártir, entre las varias Martas canonizadas.


Capitel de la iglesia de Santo Tomás Cantuariense de Salamanca en el que aparece un jinete normando portando el típico casco Spangenhelm con nasal, la loriga de malla, el escudo de lágrima y, si observamos con detalle, podemos ver también que se representa incluso la silla de montar normanda propia del siglo XII.


Capitel de la Catedral Vieja de Salamanca muy parecido al de la iglesia de Santo Tomás Cantuariense, con dos caballeros en combate singular, aunque en éste parece estar interviniendo un soldado de infantería en favor del caballero que porta el escudo redondo. Fotografía de Jesús Guillén.


Caballero normando con el mismo aspecto que el representado en el capitel de la iglesia de Santo Tomás.


Silla de montar normanda del siglo XII.


Gran Sello Real de 1189 en el que se representa a Ricardo I de Inglaterra, hermano de Leonor Plantagenet y tío de Berenguela de León y de Castilla, con la panoplia propia de un caballero normando.


Catedral de Cuenca, cuya construcción comenzó en el año 1196, en pleno reinado de Alfonso VIII de Castilla y Leonor Plantagenet, los padres de la reina Berenguela. La influencia normanda en la corte del rey Alfonso VIII determinó la construcción de este templo, que fue la primera catedral gótica de Castilla junto con la de Ávila, aunque la fachada que podemos ver actualmente fue reconstruída a comienzos del siglo XX.

No conocemos ningún otro documento o referencia documental que relacione a los dos hermanos con el santo cantuariense y, desde luego, nada que los relacione con la construcción de la iglesia salmantina, así que nos atrevemos a conjeturar que Sánchez Ruano, en su noble intento de reconstruir la historia de nuestra ciudad, al ver ese documento de 1180 en el que uno de los hermanos pedía que se celebrara la festividad de santo Tomás Cantuariense, dedujo que la iniciativa de erigir una iglesia bajo su advocación fue de ellos, actuando luego Villar y Macías como correa de transmisión de dicha creencia, que es la que se cuenta hoy en día al turista que visita nuestra ciudad. 





Ménsulas decoradas con cabezas humanas en la iglesia de Santo Tomás Cantuariense en Salamanca.

Por otro lado, sabemos que Berenguela es reina consorte de León entre los años 1198 y 1204 y que en un documento del archivo catedralicio, fechado en 1199, ya se le da el título de tenente de Salamanca. Además, la monarca era hija de Leonor Plantagenet, la reina de Castilla entre 1170 y 1214 e introductora del culto a santo Tomás de Canterbury en los reinos cristianos ibéricos. Así las cosas, parece mucho más probable que la verdadera promotora de la iglesia de santo Tomás Cantuariense en Salamanca fuera la reina Berenguela la Grande, sobre todo teniendo en cuenta, además, que especialistas en Historia del Arte afirman que la arquitectura del edificio y uno de los capiteles parecen retrasar su edificación a finales del siglo XII o comienzos del XIII, lo que coincide con los años de tenencia de la monarca leonesa de esta ciudad. Debemos decir también que, en un momento dado, hemos llegado a pensar que Ricardo y Randulfo quizá fueran miembros del séquito de Leonor Plantagenet, venidos al reino de León para exportar el culto al Cantuariense, pero su presencia en Salamanca desde 1161 descarta esa opción, ya que Leonor no llegó a Castilla hasta 1170.


La cubrición del crucero de la iglesia corresponde a lo que se conoce como bóveda aquitana, es decir una bóveda cupuliforme con nervios (en este caso ocho) cuya plementería se dispone en hiladas circulares concéntricas. Recuerda mucho al abovedamiento de las naves laterales de la Colegiata de Toro.

Randulfo murió unos años antes de que la reina Berenguela llegara a Salamanca, concretamente el 10 de marzo de 1194, tal y como reza su epitafio, colocado en la puerta que comunica la Catedral Vieja de Salamanca con su claustro.


Traducción del epitafio de Randufo realizada por el profesor José María Cuadrado en el año 1852: "Sol radiante en un cúmulo de virtudes, flor sin mancha; sólo los pobres padecieron su eclipse en su muerte. Formó bien su mente, fue buen docente, no se quedó en palabras, actuó; fue bueno, mejor aún, fue óptimo y murió también para los pobres viviendo ahora para sí en el cielo."

Quizá Ricardo y Randulfo no fueran los promotores de la iglesia de Santo Tomás Cantuariense, pero, desde luego, el epitafio del capellán tiene igualmente el poder de evocarnos esa Salamanca medieval repoblada con gentes procedentes de diversos lugares y nos recuerda que, paseando por esta ciudad, no podemos permitir que sus maravillas góticas, renacentistas, barrocas y neoclásicas nos impidan ver tesoros más antiguos que también se ubican en ella.





Acuarelas de Concha Redondo Garrido.

(1) Sánchez Ruano, J. (1870). Fuero de Salamanca. Salamanca. Imprenta de D. Sebastián Cerezo. Pág. 129.

San Luis IX rey de Francia y Peñaranda de Bracamonte

El inexorable paso del tiempo no perdona a nadie, ni siquiera a un monarca medieval esculpido en piedra en la segunda mitad del siglo XVIII....