miércoles, 14 de enero de 2026

La infanta castellana que finó en la leonesa Salamanca

En el lado del evangelio de la Catedral Vieja de Salamanca hay una lápida en la que se puede leer lo siguiente: 

Aquí yace la ynfanta doña Mafalda, hija del rey don Alfonso VIII de Castilla y de la reyna doña Leonor y hermana de la reyna doña Berenguela, muger del rey don Alfonso IX de León, que finó por casar en Salamanca el año de 1204.


Se supone, y advertimos que hoy vamos a suponer muchas cosas, que esta lápida es réplica de una original que se conserva escondida tras el retablo mayor, colocado en el siglo XV y obra de tres hermanos florentinos de apellido Delli. Por otro lado, si la transcripción es fiel al texto que presenta la lápida original, que no podemos ver, esta no sería para nada contemporánea del momento del sepelio de la infanta Mafalda, ya que en 1204 no se empleaban los numerales ni para los reyes de León ni para los de Castilla. Además, hay que tener en cuenta que en la Sala de los Reyes del Alcázar de Segovia, creación del siglo XV, se identifica al que hoy conocemos como Alfonso VIII de Castilla como "Don Alfonso el IX, Rey de Castilla y Toledo", ya que por aquel entonces no estaba establecida la numeración que empleamos actualmente, que tuvo su origen en el siglo XVIII de la mano del fraile agustino Enrique Flórez. 



Sala de los Reyes del Alcázar de Segovia.

Por lo tanto, nos encontramos con las siguientes posibilidades:

- que la supuesta lápida original escondida no contenga numerales y que estos se hayan añadido en la réplica;

- que la réplica se haya hecho en una época relativamente moderna y no copiando la original, sino en base a algún documento que hable de la misma.

En definitiva, de lo único que hay cierta certeza al respecto de esta lápida es de que una infanta castellana falleció en Salamanca en 1204 y de que fue enterrada en la Catedral Vieja de dicha ciudad. Como bien reza la misma, la infanta era hija del rey de Castilla Alfonso VIII, el gran vencedor de la batalla de las Navas de Tolosa, y de Leonor Plantagenet, que a su vez era hija de Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania. De este modo, Mafalda de Castilla sería sobrina carnal de los archiconocidos reyes de Inglaterra Ricardo Corazón de León y Juan sin Tierra. 


Los reyes Alfonso VIII de Castilla y Leonor Plantagenet, padres de la infanta Mafalda, representados en el Tumbo menor de Castilla. Archivo Histórico Nacional, CÓDICES, L.1046


El rey Ricardo I de Inglaterra, tío carnal de Mafalda de Castilla, desembarcando en Tierra Santa para participar en la Tercera Cruzada (1189-1192). Ilustración de José Luis García Morán. 

Pero, ¿qué sabemos de Mafalda de Castilla, además de lo que hemos contado al respecto de su parentela? Pues, prácticamente nada, la verdad, ya que su historia está envuelta en el misterio. Nacida hacia 1191, no fue mencionada por los historiadores de su época; ni Lucas de Tuy ni Rodriguez Jiménez de Rada, cronistas al servicio de su hermana la reina Berenguela de Castilla y de León (1180-1246), la nombran en ningún momento. La noticia más temprana referida a Mafalda la encontramos en la Crónica de veinte reyes, una familia de crónicas escritas originalmente durante el reinado de Alfonso X el Sabio, sobrino nieto de Mafalda, cuyo contenido comprende la historia de los monarcas de León desde Fruela II hasta Fernando III. Concretamente la mencionan en las páginas en las que se habla de la descendencia que tuvieron Alfonso VIII de Castilla y Leonor Plantagenet, diciéndose solamente que murió en Salamanca. 



La Crónica de veinte reyes según el manuscrito número 1824 de la Biblioteca Histórica de la USAL (1401-1500).


La muerte de Mafalda en el manuscrito 1501 de la Biblioteca Nacional de España.

Se desconocen tanto el motivo que llevó a la joven infanta a Salamanca como la causa de su muerte. En 1204, año de su fallecimiento, su hermana mayor Berenguela, que había sido reina consorte de León desde 1197, se veía obligada a abandonar el reino leonés para regresar junto a sus padres a Castilla, ya que el papa Inocencio III había decretado la nulidad de su matrimonio por razones de consanguinidad. El hecho de que la lápida mencione que murió "por casar" podría ser una alusión a que la infanta fue sorprendida por la Parca poco después de haberse negociado su matrimonio. El historiador Julio González cree que Alfonso VIII de Castilla bien pudo haber acordado el matrimonio de su hija Mafalda con el infante Fernando el portugués, fruto de un matrimonio anterior del rey Alfonso IX de León, el que le unió a su prima carnal Teresa de Portugal, y que también fue anulado por el papa, este en 1194. Si esto hubiera ocurrido así, está claro que la corte castellana estaba tratando de asegurar su influencia en León tras la anulación del vínculo matrimonial entre Berenguela y Alfonso IX, casando a la princesa Mafalda con el posible heredero del trono, que en 1204 no pasaba de los doce años, mientras que Mafalda andaba por los trece.

Por lo que se refiere al lugar de nacimiento de Mafalda, tampoco hay certeza, aunque se dice que fue Plasencia, fundada como ciudad cristiana por su padre en el año 1186 y como parte de una estrategia del rey castellano de fortalecimiento de la línea del Tajo, creando una base de apoyo a la conquista del sur de la península ibérica y restringiendo la expansión del reino de León al oeste de la Vía de la Plata, tanto en términos militares y políticos como en términos eclesiásticos.


Recreación virtual del alcázar y la muralla de Plasencia en el siglo XIII por Enrique Clemente Fortuna. 

Y sobre el lugar de enterramiento de la infanta castellana, pues también existen dudas a pesar de la lápida de Catedral Vieja de Salamanca, ya que en el Monasterio de las Huelgas de Burgos se conserva un sepulcro atribuido a la infanta Mafalda de Castilla. Durante la exploración del monasterio llevada a cabo a mediados del siglo XX se comprobó que los restos mortales conservados en él eran varios huesos colocados en el interior de un ataúd de madera forrado con dos forros superpuestos, uno de ellos de badana y el otro de paño rojo con galones. Este sepulcro se encuentra colocado en la nave de Santa Catalina de la iglesia del monasterio, junto al que contiene los restos del infante Pedro de Castilla, hijo de Sancho IV de Castilla y de León y de María de Molina, fallecido en el Desastre de la Vega de Granada el 25 de junio de 1319. Resulta perfectamente posible que el cadáver de Mafalda fuera traslado de Salamanca a Burgos con el paso de los años y siguiendo órdenes de su hermana Berenguela, ya que Las Huelgas había sido erigido precisamente como panteón familiar por los padres de ambas. 

En Salamanca no se conserva ningún sepulcro atribuido a la infanta Mafalda. Lo único que podemos compartir con vosotros es que en el claustro de la Catedral Vieja se conserva este sepulcro que bien podría ser del siglo XIII y que, lamentablemente, tiene borrada la heráldica que lo decoraba. Evidentemente, no vamos a decir que este fuera el sepulcro de Mafalda, pero, como podemos y queremos, nos place imaginarlo como tal, ya que parece que uno de los escudos conserva las líneas de una flor de lis, emblema que encontramos relacionado con la realeza leonesa y castellana de los siglos XII y XIII en miniaturas, signos rodados, en unas estelas funerarias conservadas en Las Huelgas y en la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca.



Sepulcro conservado en la esquina noroeste del claustro de la Catedral Vieja de Salamanca.



Estelas funerarias conservadas en el Monasterio de Las Huelgas de Burgos.




Detalle de un sepulcro que se conserva en el Panteón de los Reyes de San Isidoro de León.

Por lo que se refiere al nombre Mafalda, se trata de la versión ibérica del nombre Matilde, y es que resulta que la bisabuela materna de la infanta castellana fue Matilde de Inglaterra, esposa de Godofredo de Anjou, el duque de Normandía con el que nació la dinastía Plantagenet.


Sello de la emperatriz Matilde, casada en primeras nupcias con el emperador del Sacro Imperio Germánico Enrique V.

Triste destino tuvo la desdichada infanta castellana Mafalda, que a los trece años falleció en Salamanca y que quizá, y solo quizá, hubiera podido ser reina de León, del mismo modo que lo fue su hermana Berenguela, que además fue la artífice política de que los reinos de Castilla y de León tuvieran un mismo monarca desde 1230, su hijo Fernando III. A mayores, Mafalda tuvo otras tres hermanas reinas consortes: Urraca en Portugal, Blanca en Francia y Leonor en Aragón.

Miguel Ángel Martín Mas

lunes, 12 de enero de 2026

Revista MEDIEVAL - Las monedas del rey de León

El último número de la revista MEDIEVAL publica mi artículo "Las monedas del rey de León". Se trata de un recorrido por la historia del reino de León a través de sus acuñaciones, así que tengo que agradecer a Antonio Roma Valdés que me haya permitido ilustrarlo con monedas de su catálogo MOMECA.


Creo que no tendréis problema para adquirirla en cualquier lugar de España, excepto, curiosamente, en Salamanca, ya que parece que, por la razón que sea, no se distribuye aquí. Una pena, teniendo en cuenta que el artículo tiene varios guiños a nuestra historia local. En la web de la revista podéis encontrar el listado de los puntos de venta:



Además, aquellos que no tengáis punto de venta cercano, podéis pedirla al correo electrónico redaccion@ammedieval.org o llamando al 930 003 089.

Agradezco a la redacción de MEDIEVAL el haber ampliado la extensión inicialmente prevista y la inclusión de unas infografías que en principio no nos habíamos planteado hacer.


Charo García de Arriba

viernes, 2 de enero de 2026

Los frescos de la batalla de Mühlberg en Alba de Tormes

Debo comenzar advirtiendo que soy perfectamente consciente de que la batalla de Mühlberg no es precisamente un episodio medieval, ya que se libró en el año 1547 y, además, muy lejos de Salamanca, pero es que a partir de hoy este blog pasa a llamarse "Salamanca medieval y plus ultra". Por otro lado, aunque no se luchó en nuestros campos, sí que ha quedado un hermoso testimonio de ella en el castillo de Alba de Tormes. 

Dicho lo cual, vayamos con el principal protagonista de hoy, el príncipe elector del Sacro Imperio Romano Germánico y duque de Sajonia-Wittenberg Juan Federico I, que tuvo el dudoso honor de ser pintado para la posteridad en un fresco que decora la sala de armas del Torreón de la localidad salmantina de Alba de Tormes.


Porque, desde luego, no debe de ser plato de gusto pasar a la historia como ese tipo que, con un gran tajo en una mejilla, fue capturado por las tropas del duque de Alba, ya que su obesidad, producto probablemente de la abusiva ingesta de salchichas y cerveza, le impidió huir al galope de su caballo frisón.


El caso es que en 1531 Federico tuvo la mala idea de crear, junto al landgrave Felipe de Hesse, la Liga de Esmalcalda, una alianza de nobles alemanes adherida a la Reforma protestante para confiscar tierras a la Iglesia y defenestrar obispos y príncipes católicos rivales.


Así las cosas, a nuestro católico rey Carlos I, a la sazón el quinto emperador de su nombre en Alemania, no le quedó más remedio que declararle la guerra a la dichosa Liga, puesto que la Reforma luterana ya no era solamente un asunto de poder religioso, sino también político.


Si el 23 de abril de 1521 sus tropas fueron capaces de aplastar a los rebeldes Comuneros de sus reinos de Castilla y de León, ¿por qué no hacer lo mismo con esos díscolos príncipes alemanes que no aceptaban ni su supremacía ni su fe?


La verdad es que este tipo, digno hijo de su miserable padre, no soportaba que nadie le hiciera sombra, ni su propia madre, la legítima reina Juana I, a la que mantuvo cautiva en Tordesillas hasta que murió en 1555, solamente tres años antes que él.


Curiosamente, también un 23 de abril, pero de 1547, el emperador Carlos V avanzaba sigilosamente con su nutrido ejército multinacional hasta la orilla izquierda del río Elba, a la altura de la ciudad alemana de Mühlberg, donde se iba a librar una gran batalla al día siguiente.


Porque en la margen derecha gozaba de un día de asueto el agotado ejército del protestante Juan Federico de Sajonia, que, a pesar de la amenaza imperial, se sentía seguro gracias a lo escarpado de las orillas del río y al hecho de haber destruido todos los puentes cercanos.


El III duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo, comandante en jefe del ejército católico en Alemania, aconsejó al Emperador atacar la posición protestante, a pesar de lo que suponía tener que cruzar un río frente a una fuerza enemiga desplegada en una posición dominante.


Once arcabuceros españoles se despojaron de sus ropas y, sosteniendo las espadas entre los dientes, nadaron hasta la otra orilla para hacerse con el puente de barcas del enemigo, produciéndose así una de las más famosas encamisadas de los Tercios.



Al mismo tiempo, un molinero de Mühlberg, resentido con las tropas protestantes porque estas le habían robado un par de caballos, lo que según sus palabras iba a ser causa de su ruina, mostró a los católicos un vado.



Ilustración de Ángel García Pinto.

Así cruzó el ejército imperial el Elba, produciéndose un choque de caballería que aparece representado en una de las tres escenas bélicas que decoran el Torreón de la villa de Alba de Tormes, el único resto que queda de lo que fue un magnífico palacio renacentista.




Al frente de la carga de la caballería católica estaba Felipe I de Lannoy, príncipe de Sulmona, montando un corcel blanco. A su izquierda vemos al joven Hernando de Toledo, hijo ilegítimo del duque de Alba, pero al que tenía más en consideración que a su legítimo hijo Fadrique.


A la izquierda de Hernando está Antonio de Toledo blandiendo una lanza; dicho caballero era cuñado del duque de Alba y prior de la Orden de Malta, cuya cruz luce sobre la banda carmesí.



A la derecha de la escena aparece el III duque de Alba, que según las crónicas vestía una coraza blanca y oro. A su lado está Mauricio de Sajonia, un noble alemán que cambiaba de bando como de chaqueta, y tras ellos una columna de coraceros que acaba de cruzar el Elba.


Ante el imparable empuje de la caballería y la infantería católicas las tropas de Juan Federico se retiraron buscando la protección del bosque de Lochau, en cuyo margen se produjo la carga liderada por el duque de Alba y que dio la victoria al Emperador.


Protegidos por el estandarte de la Virgen cargaron tres miembros de la estirpe de los Alba: el duque Fernando Álvarez de Toledo, su hijo Hernando de Toledo y su cuñado Antonio de Toledo.




En esa misma escena los protestantes enarbolan sus banderas con las letras VDMIE (Verbum Domini manet in aeternum) y SDCNQCN (Si Deus cum nos quis contra nos).



La intrépida caballería húngara cargó portando banderas con las cruces de Borgoña y al grito de "España", ya que la palabra "imperio" se les atragantaba.




Ilustración de José Luis García Morán. 

La mayor parte del ejército de Juan Federico de Sajonia resultó muerto, herido o prisionero, y sus bagajes y armamento quedaron dispersos por todo el campo de batalla.


Y, como ya dijimos al comienzo de esta historia, el pobre duque de Sajonia-Wittenberg terminó prisionero del Emperador, escena representada en el tercer fresco del Torreón de Alba y que se complementa en la cúpula con unos banderines blancos de rendición.




A pesar de la victoria obtenida por Carlos V en Mühlberg, la Paz de Aubsburgo, firmada en 1555, garantizó que cada príncipe alemán pudiera imponer a sus súbditos su religión, debilitándose así definitivamente la posición del católico emperador en los territorios alemanes.


El duque de Alba, veinte años después de su victoria a las orillas del Elba, encargó al artista italiano Cristóbal Passin que decorara con frescos alusivos a la batalla de Mühlberg su sala de trofeos en Alba de Tormes, donde seguramente exhibía las banderas capturadas a los protestantes durante esa jornada, que también quedaron pintadas para la posteridad en el Torreón de su palacio.



Bandera pintada en el Torreón de Alba, probablemente una de las capturadas a los protestantes en la batalla de Mühlberg, y escudos contenidos en un armorial alemán del siglo XVI. 






Y, en lo más alto, el escudo de su linaje junto a Marte y la Fama, que hace sonar la trompeta de universal resonancia y cuyo sonido, por fuerza, os ha de llevar a visitar la histórica, por muchas razones, villa de Alba de Tormes.



Donde Vulcano y su ayudante, por si acaso, nunca han dejado de forjar armas y corazas para el Gran Duque Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel.




Miguel Ángel Martín Mas

San Luis IX rey de Francia y Peñaranda de Bracamonte

El inexorable paso del tiempo no perdona a nadie, ni siquiera a un monarca medieval esculpido en piedra en la segunda mitad del siglo XVIII....